Doctor Eduardo Crooke González de Aguilar

  • Ironman y dentista
  • 03 de Oct, 2012

Ironman y dentista

Maxillaris. ¿Por qué decidió volcarse en el triatlón como ocupación para su tiempo libre?
Dr. Crooke. Al triatlón llegué por casualidad con 33 años. Había hecho mucho deporte en mi juventud, sobre todo natación de alta competición, y durante mi etapa universitaria jugué en la primera división de waterpolo. Sin embargo, al empezar a trabajar me volqué de lleno en la profesión y dejé el deporte por completo, sólo jugaba al golf. Este cambio hizo que toda la masa muscular que había adquirido con el deporte se tradujera en gordura: con 33 años pesaba 106 kilos y hasta me costaba subir las escaleras de la consulta.
Verme así hizo que me replanteara mi estado físico y decidí salir a correr con el único objetivo de adelgazar. Al poco tiempo, coincidí con unos antiguos compañeros del Club Mediterráneo de Málaga, donde yo me formé como nadador, y me hablaron del triatlón. Me aconsejaron que lo probara para aprovechar mi experiencia en la natación. Así lo hice y desde entonces estoy enganchado a él y las pruebas de Ironman.

Maxillaris. ¿En su juventud practicó alguna vez triatlón?
Dr. Crooke. Sólo había hecho alguna prueba en el colegio y había visto vídeos y fotos, pero realmente no tenía experiencia en este deporte. Mi mundo era la natación y era bastante bueno. De niño, había participado en campeonatos populares de natación y casi siempre quedaba primero, así que con unos 13 años pasé a hacer natación de alta competición. Le dedicaba muchísimas horas y mejoraba tiempos, pero siempre se me exigía más. Aquello me gustaba, pero entrenar todos los días alrededor de tres horas es muy duro para un adolescente. Además, como a muchos niños, también me gustaba el fútbol, pero mi padre me lo desaconsejaba porque con él se endurecen mucho los tobillos, lo que es negativo para la natación.

Maxillaris. ¿Cuándo dejó la natación?
Dr. Crooke. Al ingresar en la Universidad la vida cambió por completo. El primer año de Odontología lo hice en Lisboa y luego me trasladé a Madrid. Dejé la natación de alta competición porque en aquellos momentos me apetecía hacer otras cosas y aprovechar de otra manera el tiempo libre.
Sin embargo, al tercer año de estar estudiando en la Universidad Europea de Madrid, que en aquel en­tonces se llamaba CEES, me integré en el club de waterpolo de Boadilla del Monte. Estudiaba en Villaviciosa de Odón, a las afueras de Ma­drid, y este club estaba muy próximo. Estuve cuatro años con este equipo y los resultados fueron muy buenos: en la primera temporada subimos a la primera división y competíamos con muy buen nivel.

Maxillaris. Sin embargo, el waterpolo también lo dejó al finalizar sus estudios.
Dr. Crooke. No exactamente. Ya antes de terminar la carrera entré en contacto con el doctor Gabriel García García, que es mi auténtico mentor, la persona que hizo que me gustara la Odontología y con el me quedé durante un tiempo después de finalizar la Universidad. En ese tiempo seguí practicando waterpolo; compaginaba mi estancia en la clínica, aprendiendo muchísimo, con los entrenamientos y los partidos.
Pero llegó el momento de regresar a Málaga. Mi padre, el doctor Eduardo Crooke Martos, también es dentista y yo quería volver para poner en práctica mis conocimientos, seguir formándome y prepararme para, en un futuro, coger las riendas de la clínica.
En este regreso a Málaga el trabajo ya sí que lo era todo. Trabajaba con mi padre, hacía cursos y asistía a congresos. Poco después me casé con la doctora Rosa Laguna, que es periodoncista. Todo en mi vida estaba influenciado por la Odontología.
Estuve cinco años sin hacer deporte, sólo jugaba al golf de vez en cuando. Soy bastante alto y tanto la natación como el waterpolo me habían proporcionado bastante masa muscular, por lo que al dejar los entrenamientos cogí mucho peso.

Maxillaris. Y llegó la hora del triatlón.
Dr. Crooke. Sobre todo llegó la hora de adelgazar y bajar aquellos 106 kilos. Al poco tiempo de empezar a correr, me crucé con algunos amigos que me animaron a participar en una maratón, realmente en aquel entonces me parecía algo descabellado, pero me apetecía salir a correr con ellos y poniéndome un objetivo es más fácil obligarte a entrenar. No obstante, al principio lo pasé mal porque veía que no aguantaba ni cinco minutos. Pero no desistí. De hecho, me puse en contacto con mi entrenador, Iván Tejero, que también había nadado conmigo antes de pasar por el Centro de Alto Rendimiento Deportivo en Madrid. Él es quien me marca lo que tengo que entrenar cada semana en función de la prueba que preparo.
Poco después me hablaron del triatlón para aprovechar mi experiencia en la natación y así empecé a entrenar. Sólo unos meses más tarde ya me había apuntado a un Iroman 70.3 en Alemania. Esta prueba consiste en 1.900 metros de natación en mar o lago, 90 kilómetros de ciclismo y 21 kilómetros de carrera a pie. También se llama medio Ironman, ya que es justo la mitad de esta dura prueba, que son 3.800 metros de natación, 180 kilómetros de bicicleta y 42,2 kilómetros de carrera. Estuve un año entrenando para aquella competición y logré terminarla con un tiempo de cinco horas y media. Yo estaba feliz y exultante, no por el tiempo, que había sido horroroso, sino por poder acabar algo que sólo un año antes me parecía inhumano.
Quizá por mi experiencia en la natación de alta competición, soy una persona a la que no le asustan los retos y siempre necesito tener algún objetivo a corto o medio plazo.

Maxillaris. ¿Y ya entonces descubrió el mundo de los ironman?
Dr. Crooke. Así es. Con 33 años hice mi primer Ironman en Francfort, Alemania, pero no lo pude terminar por una lesión en la rodilla en el kilómetro 30 de carrera. Pero, como soy muy persistente, decidí continuar y al año siguiente hice un Ironman en Austria y en la siguiente temporada hice las pruebas de Brasil y otra vez en Francfort, con motivo del campeonato de Europa. En esta ciudad alemana conseguí un puesto para el campeonato del mundo de Ironman 2011, en Hawai, con un tiempo de nueve horas y veintisiete minutos.

Maxillaris. ¿La meca para un deportista de Ironman es Hawai?
Dr. Crooke. Es donde se celebra el campeonato del mundo todos los años. Siempre es el segundo fin de semana de octubre. Allí se dan cita tanto los profesionales de este deporte como los aficionados que hemos conseguido la clasificación. Sólo he ido a Hawai una vez, el año pasado, pero pienso volver. La primera experiencia fue buena, pero acudí para disfrutarlo y no para hacer un buen tiempo o conseguir un puesto en concreto. Además, al haber participado en las pruebas de Brasil y Francfort en la misma temporada ya estaba un poco agotado de tanto entrenamiento. Mi objetivo es regresar a Hawai en 2015, después de que se celebre en Málaga el congreso de la SEPES en 2014, del que soy presidente.

Maxillaris. ¿Cómo se planifica una temporada un ironman?
Dr. Crooke. Generalmente, empiezo a entrenar en septiembre u octubre, de cara a realizar pruebas a partir de febrero o marzo, y hasta junio. El año pasado, como fui a Hawai tuve que alargar mucho la temporada; de hecho, las pruebas de Brasil y Francfort las hice en los meses de mayo y julio, respectivamente.
Este año y el siguiente haré una planificación diferente. El congreso de la SEPES me impide poder ir a Hawai, así que he decidido centrarme en el medio Ironman. El pasado dos de septiembre conseguí ser segundo en mi categoría en Galway (Irlanda), de manera que logré la clasificación directa al campeonato del mundo de medio Ironman, que se celebrará en Las Vegas (EEUU) el día 10 de septiembre de 2013.
Lo habitual es que me planifique los entrenamientos para la temporada completa, pero ahora lo tengo casi todo previsto hasta 2015.

Maxillaris. Al compaginar deporte con trabajo, ¿es fundamental tener un objetivo fijo para ser riguroso en los entrenamientos?
Dr. Crooke. Es básico. Mi profesión es la de dentista y tengo claro que hago pruebas de triatlón y Ironman como aficionado, pero tengo que planificar muy bien la tem­porada para que pueda ser com­patible el trabajo y el deporte. Además, estoy casado y tengo niños pequeños, de los que también quiero disfrutar. El año pasado fue muy importante para mí, ir a la cita de Hawai, era un sueño, pero reconozco que acabé exhausto.
Ahora la meta es el medio Ironman de Las Vegas; tengo la intención de entrenar para hacer pódium en mi categoría de 35 a 39 años.
Una prueba de larga distancia como las de Ironman implica sufrir y si no vas bien entrenado lo más seguro es que sea un calvario e incluso tengas que abandonar. Tener una meta fija te ayuda mucho a la hora de superar los altibajos de los entrenamientos.

Maxillaris. ¿Cómo es su preparación?
Dr. Crooke. Normalmente me levanto entre las seis y las siete de la mañana para poder correr dos horas antes de empezar mi trabajo en la consulta, al mediodía nado o voy al gimnasio y los fines de semana hago la preparación de bicicleta, que exige sesiones largas, de unas cinco horas. De cara a esta temporada, cada semana realizo dos sesiones de natación, dos de gimnasio, tres de bicicleta y tres de carrera. Mi punto fuerte es la natación, pero este año he decidido practicar sobre todo la carrera y ponerme más fuerte de cara a Las Vegas.

Maxillaris. Después de hacer varias Iroman, ¿es sencillo preparar una prueba más corta como el medio Ironman?
Dr. Crooke. El medio Ironman es mucho más intenso. Si mi ritmo cardiaco en la maratón de Ironman es de entre 140 y 150 pulsaciones, en la medio maratón, que son 21 kilómetros, debo mantener el ritmo en 170, lo que ya está muy cerca de mi límite. Son pruebas realmente diferentes y los entrenamientos han de planificarse expresamente para una u otra.

Maxillaris. ¿Qué ventaja le da su experiencia en la natación para estas pruebas de larga distancia?
Dr. Crooke. En un Ironman se está compitiendo durante más de nueve horas seguidas y los cuatro kilómetros de natación apenas llegan a una hora. Un buen nadador como yo puede sacar alguna ventaja en el agua, pero después es muy complicado mantenerla en los otros deportes. Los que hacemos Ironman siempre decimos que la prueba se decide a partir del kilómetro 30 de la carrera a pie. Un buen nadador puede sacar cinco o diez minutos a uno normal, pero un buen ciclista a uno malo le puede sacar una hora.
Particularmente, mi potencial de mejora está en la carrera. En el último Ironman de Francfort hice una maratón de tres horas y cuarto, lo que está genial. Es un tiempo buenísimo si sólo haces maratón, pero si le sumas que vienes de nadar cuatro kilómetros y pedalear 180 kilómetros, es un tiempo fabuloso. En cualquier caso, mi entrenamiento en estos dos próximos años se centrará en la fuerza y la carrera.

Maxillaris. Además de los entrenamientos físicos, ¿cómo se prepara la mente para estar cerca de diez horas a pleno esfuerzo?
Dr. Crooke. Algunos corredores tienen preparadores específicos para controlar la mente, pero no es mi caso. Cuando me veo obsesionado con los entrenamientos o con mejorar una marca, siempre me repito que esto es un hobby.
Es fundamental tener la mente lúcida, tanto para mantener la fuerza de voluntad en los entrenamientos como para resistir en la carrera. Aunque suelo entrenar solo, por las obligaciones laborales, siempre que puedo salgo en bicicleta con otros compañeros. Ayuda mucho compartir con otros los logros y los retos.
Durante la competición, siempre te dicen que es im­portante no pensar en lo que queda, interactuar con el público, intentar llevar un buen ritmo, alimentarse bien o mirar el ambiente. Lo básico es no cegarse sólo en la carrera. Ya estar diez horas callado pone nervioso a cualquiera.

Maxillaris. Prácticamente desde que empezó en las pruebas de Ironman siempre ha estado en la misma categoría, ¿cómo es?
Dr. Crooke. Sólo el primer Ironman de Francfort lo hice en la categoría de 30 a 34 años, el resto siempre ha sido en la franja de edad de 35 a 39. Es la más numerosa junto con la de 40 a 44; de hecho, en la prueba que tengo previsto hacer en 2015 ya formaré parte de esta última categoría.
Generalmente, son las dos franjas de edad con más inscritos. El deportista de Ironman encuentra su plenitud a partir de los 30 y hasta los 40 años, ya que es cuando el cuerpo no es tan explosivo como en la juventud pero sí soporta bien largas distancias. Además, en esa edad ya se puede tener un poco de estabilidad laboral para planificar los entrenamientos y poder cubrir los desembolsos que exigen los viajes.

Maxillaris. ¿Hasta dónde quiere llegar en los Ironman?
Dr. Crooke. Hoy por hoy, no me planteo más allá de 2015. Tengo planificado el tipo de entrenamiento en 2013 y 2014, de manera que me permita llegar muy bien a 2015. No sólo quiero mantener las facultades que ahora tengo, mi deseo es mejorar y tener los tres deportes al máximo nivel.
En Hawai 2015 me gustaría bajar de las nueve horas y hacer un muy buen puesto, es decir, lograr el pódium en mi categoría. A partir de este año, mi deseo es participar en las citas de Hawai todos los años, pero ya iremos viendo cómo responde el físico y el tiempo que puedo dedicar al deporte.

Maxillaris. Además del entrenamiento, ¿qué determina el éxito o el fracaso de una prueba?
Dr. Crooke. El Ironman o el medio Ironman son pruebas de mucha dosificación. El Ironman se decide en los últimos diez kilómetros de la carrera, ya que es cuando el deportista desfallece o lograr aguantar el ritmo.
Bajo mi punto de vista, y creo que el es mayoritario, una parte fundamental de la prueba es la alimentación. Soy bastante desastre para mantener una dieta a lo largo de toda la temporada. El hecho de competir no me quita que salga a cenar con amigos o me tome unas cervezas si surge la ocasión. Pero para las pruebas sí me preparo expresamente. En Málaga hay una empresa llamada La Dieta del Chef, que me prepara una dieta específica en función de mis necesidades. Esta empresa también se encarga de la alimentación de los jugadores del equipo de fútbol del Málaga.
En carrera, el control de la alimentación es muy complejo. Hay que saber muy bien cuánto pierdes de agua, calorías y sales e ir nutriéndote constantemente. Suelo tomar barritas energéticas durante la prueba de bicicleta y geles en la carrera. También suelo llevar mis propias pastillas de sales minerales, porque normalmente la bebida isotónica que tomo no es la misma que tienen en la carrera.
Tener sensación de hambre durante la carrera es un síntoma fatal, quiere decir que algo no has hecho bien o que te has olvidado de comer. La alimentación es un valor tan importante que incluso llevo mi “chuleta” para saber lo que me toca en cada momento.
Otro factor importante es el tiempo. En Hawai 2011 había una humedad próxima al 90 por ciento y casi 38 grados de temperatura. Teníamos que hidratarnos de manera constante. En mi caso, he comprobado que el frío me va muy bien. Mi mejor marca de Francfort la conseguí con un clima muy frío.
También influye el perfil del recorrido, sobre todo en la bicicleta. Con mis 85 kilos de peso, sobre todo soy buen rodador, me defiendo bien si estoy mucho tiempo acoplado al manillar, pero los desniveles me van peor.
No obstante, en Ironman siempre se dice que hay que estar preparado para todo. En diez horas hay tiempo para cualquier incidencia. He visto a nadadores a los que se les rompen las gafas o la cremallera del neopreno justo antes de lanzarse al agua.

Maxillaris. ¿Al haber varias categorías, está pendiente del resto de los corredores?
Dr. Crooke. Generalmente sí. Al estar compitiendo varias categorías a la vez, sueles ir mirando para ver cómo van tus rivales. Normalmente, en triatlón el gorro de natación y los dorsales son de colores diferentes para saber las categorías; sin embargo, en los campeonatos de Ironman no existen estas diferencias de dorsales.
Un dato muy curioso es que en el reciente medio Ironman de Irlanda yo realmente no sabía en qué puesto iba. Todos los corredores tenemos un chip que con el que la organización controla nuestra posición. Esto se retransmite por Internet para que los aficionados puedan seguir la prueba. Durante la carrera a pie, yo no sabía que iba cuarto, pero mi entrenador, que estaba en España, sí lo controlaba, de manera que él llamaba a mi padre, que estaba en Irlanda siguiendo el recorrido, para que me animara y me dijera que apretara para superar a otros rivales. Forcé el ritmo y logré quedar segundo. Subir al pódium y clasificarme directamente para Las Vegas fue fantástico.

Maxillaris. ¿El Ironman es una carrera en solitario?
Dr. Crooke. Durante la carrera estás sólo. Siempre intento hacer estos viajes junto a otros compañeros, ya que son desplazamientos largos y es mucho más agradable hacerlo con otros deportistas o con algún familiar. Pero sí es cierto que durante las pruebas estás solo y compites contra todos, incluso con tus amigos te llegar a picar.
En el campeonato del mundo toman la salida más de dos mil personas y la lucha por coger posiciones es enorme. Al ser buen nadador, siempre salgo a tope en las pruebas para desmarcarme del resto y luego coger ritmo, pero en la cita de Hawai no lo hice y eso me costó cientos de golpes.

Maxillaris. ¿Le gustaría haber sido un triatleta profesional?
Dr. Crooke. Me encantaría poder dedicarme un año sólo al deporte para ver realmente hasta dónde puedo llegar. Es una forma de vida muy interesante. Pero lo cierto es que muy pocos triatletas se pueden ganar la vida como profesionales y en el campeonato de Ironman de Hawai sólo hay 50 profesionales. He podido conocer a triatletas profesionales, son personas de muy alto nivel, y después también hay deportistas que deciden dejar por un tiempo su trabajo o limitarlo mucho para dedicarse más a las pruebas. En mi caso, es una ilusión que no se puede cumplir en estos momentos. A partir de 2015 sí me gustaría tener algo más de tiempo libre en las clínicas, pero ya veremos.
El Ironman es una prueba muy dura pero se ve a gente mayor, próxima a los 80 años, que aún compite y se mantiene en forma. El cuerpo, si se entrena bien, es capaz de resistir mucho.

Maxillaris. ¿Hay afición al triatlón en España?
Dr. Crooke. No tengo datos específicos, pero el incremento de licencias en los últimos cuatro o cinco años ha sido brutal. Cuando em­pecé en esto había cuatro medio Ironman en España y ahora seguramente hay cerca de quince y unos cinco Ironman.
El triatlón engancha porque es fácil que alguno de los tres deportes se realice más o menos bien. Mucha gente ha corrido o montado en bicicleta y eso hace que tenga una experiencia mínima y vea que puedes mejorar tiempos. Los Ironman son muy exigentes, pero cada vez hay más deportistas que se sienten atraídos por las largas distancias.
También es cierto que no es un deporte especialmente caro para empezar. Una persona que desee probar el triatlón sólo necesita una bicicleta, unas zapatillas y un neopreno. Lógicamente, cuando se sube de nivel el gasto también se incrementa.
En Ironman, la inscripción en la prueba cuesta 500 euros y a eso hay que sumar los desplazamientos, el gasto en hoteles, así como la compra de material deportivo de mucha calidad: zapatillas, neopreno y bicicleta. Siempre intentamos estar a la última.

Maxillaris. ¿Siempre quiso ser dentista?
Dr. Crooke. Mi padre es dentista, es el vicepresidente del Colegio de Dentistas de Málaga, y siempre he tenido contacto con la profesión. Pero realmente no tenía una vocación muy definida por la Odontología. Cuando llegó la hora de ingresar en la Universidad, mi familia me insistía para que cursara Odontología, pero no obtuve nota para hacer la carrera en España, por lo que hice la prueba de ingreso en la Universidad de Lisboa, en Portugal. Sin embargo, el mismo día que finalicé los exámenes en Lisboa me fui a Granada para hacer las pruebas para entrar en el INEF de esta ciudad. A mi me gustaba el deporte. Aprobé los dos exámenes pero mi madre insistió mucho para que hiciera Odontología. De manera que fui a Lisboa y al siguiente año me trasladé al CEES de Madrid.
En los primeros cursos, la carrera de Odontología no me parecía especialmente atractiva, pero todo cambió cuando entré en contacto en el doctor Gabriel García García. Él me enseñó un tipo de profesión apasionante e hizo que me encantara todo. Después me he seguido formando con otros profesionales, sobre todo destacaría a los doctores Carlos Aparicio y Eduardo Anitua, que son dos de mis grandes referentes. Mi dedicación en estos momentos es exclusiva a los implantes y la rehabilitación oral.
Mi mujer es periodoncista y entre los dos refundamos la clínica de mi padre en Málaga y montamos los centros Crooke&Laguna. Tenemos la clínica de La Malagueta, en Málaga, un centro en Churriana, otro en Benalmádena y recientemente hemos abierto una clínica en Marbella. También contamos con nuestro propio laboratorio en Málaga. Mi padre sigue trabajando con nosotros.

Maxillaris. ¿Cómo viven sus compañeros de la clínica el tener a un ironman con ellos?
Dr. Crooke. Son una parte fundamental de mi vida. Tanto mi mujer como los otros doctores, las auxiliares o el personal del laboratorio son muy comprensivos con mis horarios de entrenamiento. Es cuestión de organizarse bien, contar con gente de confianza en la que puedas delegar y aprovechar lo mejor de cada uno. Los profesionales que están conmigo son un grupo fantástico y les tengo que agradecer que me ayuden en todo lo posible. De manera especial tengo que destacar a mi enfermera, que también hace muchas funciones de asistente deportiva: si tengo que ir de Málaga a la clínica de Marbella, aprovecho para hacer 30 kilómetros de bicicleta o hacer la mitad del recorrido corriendo y luego ella me recoge o me acerca la bicicleta de un sitio a otro.

Maxillaris. ¿Qué expectativas tiene para el congreso de SEPES 2014?
Dr. Crooke. Es un gran proyecto en mi vida. Hasta que me embarqué en esta aventura no tenía experiencia en la organización de congresos, pero he formado un comité organizador muy bueno y nos hemos rodeado de profesionales clínicos de alto nivel. Todos tenemos mucha ilusión en hacer una reunión especialmente llamativa.
Traeremos a Málaga a personas muy relevantes que nos contarán lo último en su especialidad. La preparación es in­tensa porque consiste en tener muchas reuniones, revisar presupuestos o cerrar contratos, pero a la vez es apasionante y me da la oportunidad de conocer a personas que son una referencia mundial en la Odontología.

Vídeo de la entrevista.

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