• SAGAS DE LA PROFESIÓN

Familia de los doctores Cuadrado

  • La suerte de la vocación
  • 30 de May, 2013

La suerte de la vocación

“Cuando algún conocido me pregunta si le aconsejaría para su hijo u otro familiar la profesión de dentista, implícitamente te está preguntando si es una salida económicamente rentable, yo siempre contesto que lo importante es que haga lo que realmente le gusta. Estamos ante una profesión que exige mucha dedicación y una formación constante, por lo que, si sólo nos fijáramos en la parte lucrativa, estaríamos perdidos”, afirma el doctor Luis Cuadrado de Vicente, representante de la segunda generación de dentistas de una familia que tiene la vocación médica y sanitaria como señas de identidad. Su antecesor en esta profesión fue su padre, el doctor Luis Cuadrado Rodríguez, cuya singladura por el mundo médico no puede entenderse sin analizar con detalle su carrera en el ámbito militar. Este veterano doctor, que hoy cuenta con 85 años, tuvo seis hijos, de los cuales dos, Luis y Pilar, heredaron la profesión de dentista. Ambos son profesionales consagrados con sus respectivas consultas madrileñas. La doctora Pilar Cuadrado ejerce en la calle Santa Hortensia junto a su marido, el doctor Alvaró Miró Seoane. Por su parte, el doctor Luis Cuadrado de Vicente dirige la clínica i2 Implantología, donde también trabaja su mujer, la doctora Cristina Canals Salinas.

La hija de Luis y Cristina, la doctora Cristina Cuadrado Canals, representa la tercera generación de dentistas. Aunque esta última está en la etapa inicial de su ejercicio, ya que terminó la carrera el pasado año, no por ello duda de su vocación odontológica: “Soy lo que siempre quise ser: dentista. A mi padre y mi abuelo les hubiera encantado que también fuera médico como ellos, pero yo siempre tuve claro que lo mío era la Odontología, y más concretamente la parte quirúrgica de la misma. Me considero feliz trabajando en la clínica de mis padres y formándome en un máster de implantes que estoy haciendo”, apunta la menor de los Cuadrado. “No hay duda de que mi hija es una afortunada. Tiene la suerte de que puede trabajar en nuestra clínica, lo que ya es mucho en los tiempos actuales, pero sobre todo es afortunada porque puede dedicarse a lo que más le gusta. En mi opinión, esto es lo fundamental.

De médico militar a dentista

El primero de los doctores Cuadrado siempre tuvo tan claro que su futuro estaba en la Medicina que incluso esta vocación llevó a que su familia se trasladara de residencia de un pueblo de Salamanca a Cádiz. “Yo sólo estaba dispuesto a estudiar si era para hacer Medicina, así que mi padre, que era funcionario del Estado, pidió su traslado de Salamanca a Cádiz, ya que en esta ciudad se impartía la titulación de Medicina y yo podía ver cumplido mi objetivo. Era el año 1945”. El doctor Luis Cuadrado Rodríguez ingresó así en el antiguo Real Colegio de Cirujanos de la Armada (Facultad de Medicina), donde finalizó sus estudios en cinco años. “Nada más terminar la carrera, empecé a trabajar en Tabacalera en una sustitución a un médico, y con el primer sueldo me compré el uniforme para hacer las milicias universitarias, en las que me destinaron a Valladolid. Tras aquella etapa me trasladé a Madrid, donde volví a reunirme con mi familia, ya que mi padre pidió nuevamente el traslado desde Cádiz a la capital”, explica este veterano doctor.

Tras formarse como médico y realizar el servicio militar, a este profesional le llegó el momento de plantearse cómo encauzar su trayectoria laboral. Así, por las mañanas empezó a formarse en obstetricia y ginecología, mientras que por las tardes preparaba las oposiciones para entrar en la Academia de Sanidad Militar. “Al poco tiempo las aprobé y pude ingresar con la graduación de cadete. Salí de la academia en 1952 como teniente médico”, detalla. La movilidad del doctor Cuadrado dentro del Ejército hizo que conociera muchos destinos y servicios. “Estuve en el Batallón de Cazadores de Montaña Alba de Tormes XXXV, en el hospital de Puigcerdá (Girona), y en el Servicio de Hematología y Hemoterapia del Ejército, en Madrid. En este último destino completé tres años y ascendí a capitán médico; además, en este tiempo tuve la fortuna de ampliar mis estudios de medicina interna con el doctor Carlos Jiménez Díaz, en la Clínica de la Concepción”, explica el doctor Cuadrado Rodríguez, quien en el relato de su vida no oculta su admiración por la buena gente que encontró en el Ejército.

En su dilatada trayectoria militar, el punto de inflexión se produjo tras su ingreso en el Primer Tercio de la Guardia Civil, en Madrid, donde estuvo seis años y ascendió a comandante. “Aquella etapa fue muy interesante, ya que significó iniciar una actividad totalmente diferente. Antes de llegar a la Guardia Civil yo ya era especialista en Pediatría y Puericultura, diplomado en Sanidad y hasta profesor de Educación Física. Siempre he estado formándome. Pero estando en la Guardia Civil tuve la oportunidad de montar una clínica propia de especialidades médicas. Lo hice por seguir desarrollando mi vocación sanitaria pero también para incrementar mi economía, porque en el Ejército los sueldos no eran nada espléndidos”. De esta forma llegó el doctor Cuadrado a la Odontología. “La clínica funcionaba muy bien y en ella coincidí con un doctor de Valencia que llegó a Madrid para estudiar Estomatología. Tanto me hablaba aquel doctor de las virtudes de su formación que finalmente yo también ingresé en la Escuela de Estomatología. Me matriculé por libre y empecé a implicarme en una rama sanitaria que hasta entonces era toda una desconocida para mí.

Una vez finalizados sus estudios, el doctor Cuadrado Rodríguez abrió su clínica dental en la calle Alcalá, de Madrid, y en ella ejerció hasta que dejó la profesión en 2010, con 82 años. “Mi clínica era de las mejores de Madrid, contaba con tres pisos y en ella atendimos a muchas personalidades del momento, desde ministros a capitanes generales, pero también a muchísimos ciudadanos que venían a nuestro centro por la calidad de los trabajos”, señala el mayor de los doctores Cuadrado.
Pese al buen ritmo de trabajo de la clínica dental, el doctor Cuadrado Rodríguez continuó también trabajando en el Ejército y en la Seguridad Social, donde estuvo en total 38 años. “Repartía mi tiempo entre todos estos trabajos hasta que se aprobó la Ley de Incompatibilidades, en 1984, y tuve que dejar la Seguridad Social. Mi vida era trabajar. No era raro que viera al último paciente a altas horas de la noche o que le invitara a cenar a mi casa, que estaba en el mismo edificio que la consulta”, explica el veterano doctor Cuadrado. “Mi madre y los hijos nos acostumbramos a ver siempre a mi padre trabajando. Recuerdo que cuando volvía del colegio pasaba por la clínica para saludarle y después no le veía hasta la cena, y muchas veces llegaba acompañado de un paciente. En su época los dentistas no tenían horario y los pacientes esperaban estoicamente”, corrobora entre sonrisas el doctor Cuadrado de Vicente.

“Mi clínica era de Odontología general y hacíamos de todo. Los profesionales de mi época no éramos como los de ahora, que tienden a especializarse en un terreno concreto. Antes hacíamos las endodoncias, las prótesis, algo de ortodoncia y yo incluso hacía implantes, para lo cual me formé en un curso muy bueno en París”, detalla el doctor Cuadrado Rodríguez.

A pesar de que la Odontología no estuvo entre las preferencias de este profesional en sus inicios como médico, sí es cierto que cada vez le fue gustando más, hasta que se convirtió en un apasionado de la misma, en buena parte debido a la evolución de esta disciplina. “En mis primeros años de ejercicio como dentista había un conocimiento científico mucho más reducido que el actual. Por ejemplo, a pesar de que colocábamos implantes, no teníamos una certeza clara de cómo iban a evolucionar en el tiempo. La bibliografía era muy pobre”. En este sentido también se manifiesta su hijo: “La predictibilidad de hoy, todos los avances tecnológicos o la protocolización de los tratamientos han hecho que mi ejercicio y el de mi padre sean totalmente diferentes en muchos aspectos. La evolución de la Odontología es imparable. La investigación en células madre, por ejemplo, seguramente nos traerá un futuro radicalmente diferente. Quizá en unos años, cuando la generación de mi hija eche la vista atrás, posiblemente se considere que los que hoy colocamos implantes fuimos unos bárbaros por meter titanio en los maxilares de los pacientes”.
“La evolución de la Odontología en general es increíble. Hay muchos aspectos positivos, pero particularmente creo que no fue acertada la decisión de que los dentistas dejaran de ser médicos. Para tratar las bocas de los pacientes hay que saber mucho de técnicas odontológicas, pero también es fundamental controlar la biología y la bacteriología. En mi trayectoria profesional tuve la fortuna de estar destinado como jefe de Servicios en el Instituto de Medicina Preventiva Ramón y Cajal, que es el centro pionero en higiene en España”, explica el doctor Cuadrado Rodríguez.

Dentista especialista

Si bien el doctor Cuadrado Rodríguez ha tenido una trayectoria larga y exitosa, hoy el principal exponente de esta saga familiar es el doctor Luis Cuadrado de Vicente. “Tengo 54 años y, al igual que mi padre, siempre he creído que la formación y la pasión por mi trabajo serían mis principales armas. Además, creo que el factor suerte, que siempre hay que tenerlo en cuenta, no se ha portado mal en mi caso”, explica el representante masculino de la segunda generación de dentistas.

Todos los hijos del doctor Cuadrado Rodríguez crecieron rodeados del ambiente de la clínica de su padre, “pero sólo mi hermana Pilar y yo heredamos la vocación por la Odontología. Mis otros cuatro hermanos son abogados, lo que quizá sea lo realmente curioso de nuestra familia”. En el caso de Luis, su vocación médica estuvo clara desde su infancia. “Nunca me planteé ser otra cosa. Sin duda, el ejemplo de mi padre me condicionó de tal manera que para mí lo natural era ser médico y dentista. Mi pasión era tal que con apenas nueve años ya me leía los libros de mi padre, gracias a lo que me opuse a que me operaran de anginas. A medida que me fui haciendo mayor, la clínica se convirtió en mi lugar preferido. Era mi ambiente”. En este mismo sentido se manifiesta su hermana Pilar: “Crecí en el entorno de la consulta de mi padre y me encantaba todo aquello: el olor a Eugenol, el vibrador de amalgama, el ruido del teléfono, los primeros implantes, etcétera. Mi infancia transcurrió paralela a los progresos de la Odontología”.

La doctora Pilar Cuadrado de Vicente estuvo ejerciendo con su padre hasta que éste se jubiló, “pero también abrí mi propia consulta junto a mi marido, el doctor Álvaro Miró, así que tuve que hacer compatibles ambos trabajos durante un tiempo”, afirma. Una vez que su padre ya abandonó la profesión, la doctora Pilar Cuadrado está totalmente volcada en su clínica y en el trabajo junto a su marido: “Él me aporta mucho profesionalmente. Es la persona que me va a ayudar como ninguna otra lo haría, igual que yo a él, pero a la vez tenemos una confianza absoluta para opinar con total sinceridad en caso necesario. Somos un equipo y nos complementamos perfectamente”.

Por su parte, el doctor Cuadrado de Vicente estudió Medicina en la Universidad Complutense de Madrid y, posteriormente, aprobó las oposiciones de Sanidad de la Armada. “Entré en el Ejército siguiendo la estela de mi padre, pero siempre teniendo claro que lo mío era la Estomatología y concretamente la rama quirúrgica de ésta. Así, al año de aprobar las oposiciones a Sanidad de la Armada ya empecé las especialidades de Estomatología y de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética. En el Ejército estuve hasta el año 2000, primero como adjunto de Cirugía Plástica en el Hospital Naval de Madrid y luego en el Hospital Central de la Defensa Gómez Ulla”.

El doctor Cuadrado de Vicente conoció a su esposa, la doctora Cristina Canals Salinas, en la Escuela de Estomatología y después de algún tiempo ejerciendo la Odontología por separado decidieron unirse también laboralmente para poner en marcha su propio proyecto odontológico. “Yo trabajé varios años en la clínica de mi padre, al igual que mi hermana Pilar, pero llegó un momento en el que queríamos tener nuestro propio centro. Así, hemos estado 21 años en la calle Diego de León, pero el año pasado dimos el salto a una nueva clínica en la calle Núñez de Balboa, un centro con todos los adelantos técnicos y la capacidad suficiente para compatibilizar la atención clínica y nuestra labor docente, que es un aspecto que ha estado ligado a noso­tros casi desde nuestros inicios”.

Dentro de la Odontología, el doctor Cuadrado de Vicente siempre mostró predilección por la implantología. “Durante mi etapa de cirujano plás­tico, en los primeros años 80, todo lo relacionado con los implantes dentales me resultaba chirriante porque había un vacío científico importante. La implantología estaba un poco en mantillas desde el punto de vista científico, ya que no había muchos estudios a largo plazo y las técnicas no estaban tan protocolizadas como en Medicina. Sin embargo, en aquella época todo empezaba a despuntar: comenzaban a surgir nuevos materiales, nuevas técnicas y algunos estudios serios. Así, pasé de ver la implantología desde una perspectiva muy crítica a parecerme un nicho de mercadocon unas enormes posibilidades de desarrollo. Tanto es así que fui uno de los primeros en utilizar técnicas de implantología en mis tratamientos de cirugía plástica en pacientes amputados”.

En aquellos años 80, el Servicio de Cirugía Plástica del Hospital Gómez Ulla integraba también la cirugía máxilofacial. “Como cirujano plástico hacía de todo, desde cirugía ortognática hasta tratamientos de cordales. Realmente, estoy muy orgulloso de mi formación como cirujano plástico, ya que eso me ha dado la formación quirúrgica para atender a mis pacientes dentales en los tratamientos implantológicos”, afirma el director de i2 Implantología.

En estos momentos, el doctor Cuadrado de Vicente ya suma 24 años de ejercicio clínico en el sector dental, y siempre con los implantes dentales en el punto de mira. “Creo en la implantología como una especialidad dentro de la Odontología, pero sin olvidar nunca el resto de las disciplinas. Sólo un tratamiento con visión multidisciplinar puede ser plenamente satisfactorio para el paciente. En estos momentos, la implantología es formidable, pocas especialidades médicas tienen su predictibilidad de resultados y su índice de éxito”, asegura.

Aunque en opinión de este respetado profesional el desarrollo de la implantología ha sido tan espectacular en los últimos 20 años, no por ello oculta que, quizá por este mismo auge, también se han detectado ciertos peligros “La implantología ha aportado grandísimas posibilidades para nuestros pacientes y para los profesionales, pero siempre debe ejercerse cuando esté indicada desde el punto de vista científico. Alrededor del desarrollo de los implantes hay aspectos económicos que se deben tratar con cuidado”. Y añade: “Es totalmente respetable que se desee ganar dinero en una actividad privada como la nuestra, pero a mi juicio se trata de un error enorme fijarse en exceso en la parte lucrativa. Cuando se trabaja con la salud de los pacientes, pensar casi exclusivamente en ganar dinero es la perdición de nuestra profesión. Hay pocas cosas comparables a la felicidad que se siente al recuperar a un desdentado al colocarle implantes, ya que significa darle una segunda oportunidad en su vida”.

Aunque en la clínica de la doctora Pilar Cuadrado de Vicente se realizan todas las disciplinas, ella también centra su práctica en la implantología y la Odontología estética. “Son dos disciplinas cada vez más relacionadas”, afirma. En su caso, el hecho de enfrentarse al tratamiento individualizado es lo más atractivo de su ejercicio: “Lo que más me gusta es que cada paciente es un nuevo reto. Se le debe dar la solución indicada no sólo para su patología, sino también para su edad, su personalidad y sus expectativas”.

El espíritu de servicio y atención al paciente es un aspecto que los doctores Cuadrado intentan que las nuevas generaciones no olviden. “Por fuerza, la relación dentista-paciente ha de seguir siendo la misma que en los tiempos de mi padre. Da igual si se ejerce como dentista general o como especialista, la confianza y la familiaridad deben estar presentes en todo momento. Mi padre me enseñó que a un paciente nunca hay que hacerle aquello que no dejarías que te hicieran a ti, y eso mismo es lo que yo trato de enseñar a mi hija. Es un axioma fundamental”, afirma el doctor Cuadrado de Vicente. En este aspecto, su hermana Pilar apunta que “el trato cercano al paciente, su agradecimiento y la larga relación que se forma entre los profesionales y sus pacientes es una de las cosas más atractivas del trabajo. Tenemos contactos con muchas sagas de pacientes. A algunos les conocí siendo niña y ahora les trato como dentista”.

No obstante, a la hora de tratar a los pacientes y orientarles, el doctor Cuadrado de Vicente sí asume que éstos ya no llegan a la consulta sin apenas conocer nada de salud oral, como sucedía en la época de su padre: “Hemos pasado de un paciente que acudía al dentista para aliviar su dolor a un tipo de paciente totalmente informado, que demanda salud pero también estética; es decir, un tratamiento integral. Los pacientes de hoy están muy motivados, lo que es muy bueno para que los profesionales mantengan un alto nivel de autoexigencia”. Su hermana Pilar corrobora este planteamiento: “La profesión ha cambiado en dos aspectos: el tecnológico y el de nuestra relación con los pacientes. Como afirma mi hermano, en el terreno tecnológico la evolución es constante, casi diaria. En cuanto al trato con los pacientes, en mi caso sigue siendo extraordinaria, pero es cierto que ahora manejan mucha más información y ya acuden a la consulta con una idea muy definida de lo que quieren. Uno de nuestros retos actuales es adaptar cada tratamiento a las características individuales de cada persona”.

De cara al futuro más inmediato, el doctor Cuadrado de Vicente sí considera que, al igual que el propio ejercicio clínico cambia, gracias a las mejoras tecnológicas y los nuevos conocimientos científicos, también el modelo de clínica variará. “Vivimos en una sociedad en la que las demandas de los pacientes y la creciente competencia obligan a incorporar alta tecnología e incrementar los servicios; por ejemplo, con mayores horarios de apertura o atendiendo urgencias. Son aspectos que modificarán el día a día de muchos dentistas”. En cualquier caso, su hermana Pilar señala que “pese a la presencia en el mercado de macroclínicas y franquicias y el lanzamiento de campañas de publicidad inimaginables hace años, los pacientes siguen confiando en los profesionales que satisfacen sus necesidades a lo largo de los años”.

Ante este panorama de mejora de la atención a los pacientes, el director de i2 Implantología plantea dudas sobre las posibildades de desa­rrollo de algunos de sus compañeros. “La situación actual parece crítica, ya que resulta muy complicado, por la crisis económica, incorporar esa necesaria tecnología y ofrecer esos servicios, por eso creo que la asociación de profesionales será la vía más común de ejercicio profesional”.

En el ámbito formativo, tampoco el panorama es el idóneo, según detalla el doctor Cuadrado de Vicente: “Como profesional de amplio bagaje docente, no puedo por menos que defender la formación en Odontología. Debe ser una máxima para todos los doctores. Sin embargo, la plétora actual está haciendo mucho daño, ya que los jóvenes se encuentran con un mercado formativo tan sobredimensionado que es casi imposible saber cribar lo bueno de lo malo. Debería haber alguna fórmula para que el joven tuviera una mínimas garantías de que lo que elige es lo que se busca. Llevo más de 20 años formando profesionales y sé que es muy peligroso elegir mal. Una mala formación puede poner en entredicho el futuro del profesional pero también, y más grave aún, la salud de los pacientes. En formación sanitaria, no nos podemos arriesgar al discurso de todo vale”.

Ilusión por el futuro

Pese a lo cambiante e incierto de la Odontología actual, el doctor Cuadrado se muestra optimista cuando valora el futuro de la generación de su hija. “Las nuevas generaciones tienen retos importantísimos por delante, pero lo fundamental sigue siendo la vocación. Mi hija, como espero que le suceda a todos sus compañeros, tiene mucho ganado porque siente pasión por la Odontología. El éxito puede depender del factor suerte, pero sobre todo se debe a la dedicación y a la formación que tengamos”.

La doctora Cristina Cuadrado Canals, representante de la tercera generación de esta saga, se formó en la Universidad Europa de Madrid, centro en el que en esos momentos está realizando el máster de implantes. “Los ejemplos de mi abuelo y mis padres influyeron mucho en mí de cara a tener una vocación sanitaria. Como le pasó a mi padre con mi abuelo, yo siempre he estado muy vinculada a la clínica dental de mis padres; además, también he sentido una especial atracción por la parte quirúrgica, por lo que el máster que estoy haciendo me satisface plenamente. Creo que en estos tiempos actuales aún hay sitio para los dentistas generales, pero particularmente prefiero la especialización y formarme muy bien en una rama específica”.

De cara a su proyección laboral, la menor de los doctores Cuadrado tiene claro que su futuro, al menos a corto plazo, pasa por la clínica de sus padres. “Es una verdadera suerte tener esta posibilidad de trabajo, rodeada de mis padres y de todos los miembros de la clínica: la doctora Almudena Martínez Bravo, Valeria García, María Garrido y Cristina Martínez. Trabajar en equipo y aprender de todos continuamente es una gozada. Es muy triste que muchos de mis compañeros de estudios, excelentemente formados, no tengan a su alcance salidas laborales y se vean forzados a dedicarse a otras cosas o salir fuera de España”, reconoce.

“Cristina es mi hija, pero además es muy buena trabajadora, por lo que creemos que la saga familiar tiene garantizada su continuidad”, sentencia su padre.

Pie de foto: A la izquierda, el doctor Luis Cuadrado de Vicente, junto a su padre, el doctor Luis Cuadrado Rodríguez, y a su hija, la doctora Cristina Cuadrado Canals.

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