• SAGAS DE LA PROFESION

Familia de los doctores Esteve

  • Responsabilidad ética en 90 años de ejercicio
  • 01 de Jul, 2013

Responsabilidad ética en 90 años de ejercicio

La saga de los doctores Esteve comienza en Alicante en 1923, a través del doctor Lino Esteve Sanz, quien abrió su primera consulta en la Avenida Alfonso El Sabio. “Él era de Játiva y se formó como médico en Madrid. Según sabemos, quería ser oculista, pero un día paseando por Madrid se encontró con su amigo el doctor Bernardino Landete y éste le aconsejó que se hiciera dentista porque, según le dijo, era una profesión con mucha proyección y sin apenas profesionales. De esta manera, el primero de los dentistas Esteve ingresó en la Escuela de Odontología que había en aquel entonces en Madrid y tras titularse se estableció en Alicante”, explica el doctor Lino Esteve Colomina, el mayor de los dos hermanos representantes de la tercera generación de dentistas de esta familia y padre del doctor Guillem Esteve, único miembro, de momento, de la cuarta generación.

El doctor Esteve Sanz montó su primera consulta en un piso alquilado, muy cerca del Mercado Central de Alicante, y desde un primer momento tuvo una cartera de pacientes considerable. “Por aquellos años no había cobertura pública de las extracciones dentales, por lo que los pacientes tenían que acudir al dentista. Todos los días cuando mi abuelo llegaba a la consulta a las ocho de la mañana ya había unas colas enormes de pacientes para someterse a extracciones. Cobraba un duro por cada una. Él siempre veía a estos pacientes a primera hora para dedicar el resto del día a otros tratamientos”, detalla el doctor Lino Esteve Colomina sobre el ejercicio de su abuelo. Sin embargo, aquel tipo de trabajo tuvo unas consecuencias imprevisibles para el primero de los doctores Esteve: “En la entrada de la consulta había una escupidera donde los pacientes depositaban sus algodones manchados de sangre o escupían. Era algo normal. Sin embargo, esto lo vio un día la casera de mi abuelo y tanto se enfadó que finalmente él se tuvo que buscar otro piso. Se mudó a otro edificio de la Avenida Alfonso El Sabio”, explica el mayor de los hermanos Esteve Colomina.

El primero de los doctores Esteve practicaba una Odontología propia de su época, pero siempre tuvo inquietud por ir más allá. “Hacía prótesis y también endodoncias, cosa que muy pocos doctores realizaban en aquellos años. Incluso yo he visto a pacientes de mi bisabuelo con endodoncias realizadas hace 53 o 54 años. Estaban en perfecto estado”, asegura el doctor Guillem Esteve Pardo. En este sentido, su padre puntualiza: “En la primera mitad del siglo pasado era muy normal que una caries terminara en una extracción, pero mi abuelo aprendió endodoncia y la hacía muy bien. Eso sí, no realizaba más de una endodoncia al día”.

La práctica del primero de los doctores Esteve se vio interrumpida durante un tiempo como consecuencia de la Guerra Civil. “Él tenía afinidad a un centro político republicano y cuando estalló el conflicto le movilizaron al Ejército. Le nombraron directamente capitán médico. Cuando finalizó la guerra, el bando vencedor le condenó a la cárcel y le quitaron la clínica”, asegura el doctor David Esteve Colomina. “Mi abuelo era una persona muy conocida en Alicante y mi padre, que por aquel entonces tenía 16 años, estuvo intentando recabar apoyos entre sus contactos para sacarle de la cárcel, pero nadie hizo nada. Había mucho miedo en aquella época”, apostilla su hermano Lino. Pasado un tiempo, el primero de los doctores Esteve salió de la cárcel, recuperó sus equipos y volvió a abrir su consulta. “Falleció a los 70 años. Mi padre, el doctor Enrique Esteve González, sí estuvo trabajando con él cerca de diez años, pero yo apenas tengo unos pocos recuerdos de él en la consulta, ya que murió cuando yo tenía sólo nueve años”, reconoce el mayor de los hermanos Esteve Colomina.

Lealtad, vocación y realidad

El doctor Esteve Sanz tuvo dos hijos, pero el primero de ellos no quiso ser dentista y se hizo médico. “En aquellos años, gran parte del colectivo médico consideraba que los dentistas eran profesionales de menor categoría. Pero mi padre sintió que tenía un compromiso con nuestro abuelo y se formó en Odontología”, explica el doctor Lino Esteve Colomina. Su hermano David aporta a este respecto una curiosa anécdota: “Nuestro padre empezó Medicina, pero cuando sólo le faltaban ocho asignaturas para terminar se pasó a Odontología, para así obtener antes esta titulación y ayudar a nuestro abuelo. En aquellos años, una persona de 60 años ya estaba muy agotada laboralmente. Con el tiempo, nuestro padre volvió a estudiar Medicina para sacarse esta titulación. Se definía como odontólogo y médico, cosa que yo también hago”. En este sentido, su hermano mayor apunta: “Nuestro padre se matriculó en Medicina en Valencia cuando yo estaba terminando dicha carrera, así que fuimos compañeros de clase en algunas asignaturas”.

La lealtad del doctor Enrique Esteve González para con su padre es un hecho que destacan las generaciones más jóvenes de esta saga de dentistas alicantinos, “tanto fue así que incluso nuestro padre aprendió ortodoncia por indicación de nuestro abuelo. Era una disciplina que empezaba a despuntar en aquellos años y ellos quisieron ofrecerla a sus pacientes”, indica el doctor Lino Esteve. Al contrario de su padre, este último profesional tuvo una llegada a la Odontología mucho menos vocacional: “Durante mi adolescencia, mi padre me quiso encauzar tanto en esta profesión que yo llegué a repudiarla. Como primogénito, sentía una gran presión por seguir la estela familiar y eso me irritaba. Tuve algunos intentos de desmarcarme, como matricularme en Filosofía y Letras, pero acabé haciendo la carrera de Medicina en Valencia, porque la rama sanitaria también me gustaba y así no daba un disgusto demasiado grande a mi padre”. Pese a no sentir una vocación odontológica de manera evidente, el doctor Lino Esteve Colomina asumió que la profesión de su padre y su abuelo sería una buena opción laboral: “Tras titularme como médico, estuve como residente en Medicina Intensiva, pero finalmente me di cuenta de que la Odontología podía ser una buena salida laboral muy positiva para mí. La presión familiar no pudo convencerme, pero la realidad sí”. El doctor Lino Esteve hizo la especialidad de Estomatología en Madrid y cada fin de semana regresaba a Alicante para ayudar en la consulta de su padre. “Siempre tengo presente las palabras de mi padre cuando me acompañó por primera vez a la Universidad Complutense de Madrid. Él me mostró la estatua que hay delante de la Facultad de Odontología, en la que se ve un corredor agotado que entrega el relevo a otro que llega montado en un corcel brioso. Mi padre me habló de aquello como ejemplo de lo que había hecho él con su padre y lo que yo debía hacer con él”, rememora.

Pese a ser hermanos, la llegada a la Odontología de los doctores Lino y David Esteve fue completamente diferente. El menor de los hermanos señala que, quizá por cómo actuó su padre con su hermano y la resistencia que éste puso para ser dentista, en su caso la actitud fue totalmente diferente: “Mi padre nunca me presionó, aunque también es cierto que yo soy el que más claro tuvo desde niño que quería trabajar en la clínica. Desde los 12 o 13 años iba a la consulta todos los veranos a ayudarle. Me encargaba de revelar las radiografías o preparar algún material. Recuerdo que tenía una libreta en la que apuntaba todo lo que mi padre me iba diciendo. Aquella época fue maravillosa porque fue la única oportunidad que tuve de poder trabajar al lado de mi padre, ya que falleció muy joven. De hecho, cuando yo empecé a ejercer como dentista en 1992, tras cursar las licenciaturas de Medicina en Alicante y Odontología en Valencia, lo hice en la consulta de mi hermano, con quien estuve ligado laboralmente hasta 2004, cuando abrí mi nueva clínica en Petrer”.

La presión que recibió el doctor Lino Esteve para ser dentista hizo que él actuara de una manera totalmente diferente con su hijo Guillem. El miembro más joven de esta saga describe su caso: “Mi llegada a la Odontología fue algo natural, aunque sin demasiada pasión. Durante mi infancia y mi juventud ir a la consulta de mis padres era lo normal –mi madre se ocupaba de temas administrativos–. Ya de adolescente escuchaba las conversaciones de mis padres y me gustaba lo que decían sobre los tratamientos de los pacientes y su gestión, pero no sentía una vocación tan clara como la de mi tío. No obstante, cuando finalicé el bachillerato y tuve que elegir carrera sopesé varias posibilidades y me decanté por la Odontología. Era absurdo no aprovechar la oportunidad. Empecé la carrera en la Universidad Alfonso X de Madrid y la terminé en la Universidad de Murcia”. En estos momentos, el doctor Guillem Esteve se muestra feliz con la elección: “Está claro que esta profesión tiene muchas cosas que enganchan: el conocimiento científico, el contacto con los pacientes, los tratamientos, etcétera. Llevo casi ocho años ejerciendo y cada vez estoy más convencido de que estoy donde tengo que estar”.

El mayor de los actuales doctores Esteve reconoce que hoy siente pasión por su profesión, pero no por ello pierde su visión realista del ejercicio: “Pese a mi resistencia primera, yo estoy encantado con mi profesión. Ahora bien, soy consciente de que ésta tiene muchas cosas buenas, pero también algunas que no lo son tanto, y eso también se lo hice ver a mi hijo cuando se decantó por la Odontología”.

Docencia y responsabilidad colegial

En la época del doctor Enrique Esteve González, que comenzó a ejercer en 1949, la Odontología que se realizaba era de un perfil muy general, aunque pocos años después ya empezaron a surgir interesantes avances. “Nuestro padre era una persona muy inquieta y con mucha voluntad, por lo que ya en sus inicios introdujo la ortodoncia. Luego también dejó patente su apuesta por la tecnología más avanzada, siendo uno de los primeros dentistas españoles que compró un ortopantomógrafo, y fue uno de los pioneros de la implantología española, aquella que se hizo antes de Branemark”, señala el doctor Lino Esteve. Su hermano David añade: “Además, tuvo un papel destacadísimo en el desarrollo de la formación continuada, a través de la fundación del Grupo Alicantino de Estudios Dentales (GAED) en 1964; organizó dos congresos de la Sociedad Española de Implantes en Alicante, en 1963 y 1968, y fue presidente del Colegio de Dentistas de Alicante durante dos legislaturas. Es cierto que él aprovechó el dinamismo de la sociedad española de los años 60 y 70, pero no podemos negar que su inquietud por mejorar la profesión le hizo ser uno de los dentistas más destacados de su época”.

El doctor David Esteve,que preside el GAED desde 2009, señala que la vocación formativa y docente de su progenitor fue clave para que despuntara: “Nuestro padre vivía su profesión con entusiasmo; de hecho, diferenciaba mucho entre los dentistas que ejercían su trabajo amando lo que hacían y aquellos que sólo lo realizaban pensando en objetivos monetarios. Su afán de superación fue tal que en 1964, al no haber formación odontológica en Alicante, decidió montar junto a algunos compañeros un grupo de estudios, tipo Study Club americano, con el objetivo de atraer a aquellos pocos dentistas de la provincia que tuvieran interés en formarse y mejorar”. El doctor Lino Esteve Colomina, que también ostentó la presidencia del GAED durante unos años, señala la actitud poco común de su padre: “Nuestro padre era muy consciente de que para un gran porcentaje de los doctores de su época la formación continuada no era algo relevante. Así, el GAED se montó como una pequeña sociedad en la que se pagaba una cuota a cambio de acceder a una serie de cursos, así el éxito de los mismos estaría más garantizado que bajo la fórmula de pago por curso”.

El GAED comenzó con apenas una docena de socios y hoy, casi 50 años más tarde, cuenta con 300 miembros. El doctor David Esteve describe la evolución de esta entidad: “Siempre ha sido una sociedad independiente, pero muy conectada al Colegio de Dentistas de Alicante; de hecho, tanto mi padre como mi hermano han sido presidentes de ambas entidades. Sin embargo, desde hace cuatro años el vínculo entre el colegio y el GAED se ha reforzado. Mediante un acuerdo de colaboración, el GAED se encarga ahora de la formación continuada de todos los dentistas de Alicante”.

Cuando se trata de analizar la formación continuada en el terreno odontológico, el doctor Lino Esteve tiene su propia apreciación de la misma: “En la época de nuestro padre no había un gran interés por este ámbito, pero su desarrollo está siendo enorme, sobre todo porque el reciclaje continuo en nuestra profesión es imprescindible. Creo que estamos en una fase intermedia antes de llegar a la formación continuada obligatoria”.

En estos momentos, la vocación docente de los doctores Esteve también se manifiesta a través del posgrado en Implantología Oral de la Universidad Miguel Hernández, que dirige el doctor Lino Esteve y en el que también participan su hermano David, como profesor, y su hijo Guillem, como colaborador. “Apostamos por una formación de especialista universitario, es decir, una docencia de calidad con muchos de los más destacados profesionales de Alicante”, señala el director del posgrado. “Estamos formando, pero también queremos ir más allá y, junto con el Departamento de Bioingeniería de la Facultad de Medicina de la Universidad Miguel Hernández, estamos trabajando en proyectos de robótica quirúrgica aplicada al área odontológica. Se trata de un campo con gran proyección”, remarca el doctor Guillem Esteve.

La actividad de los doctores Esteve no se puede entender hoy sin su labor en el GAED o en la Universidad Miguel Hernández, pero tampoco sin su papel en el seno del Colegio de Dentistas de Alicante. El doctor Enrique Esteve González fue secretario y presidente, durante dos legislaturas, de este organismo e inmediatamente después le sucedió en el cargo su hijo mayor. “Durante muchos años mi padre fue un profesional destacado en Alicante. Su práctica era de las punteras y eso le hizo ser muy conocido. Así que llegó un momento en el que los compañeros de la provincia pensaron en él para liderar el colegio, dado que ya tenía experiencia como secretario y la necesidad de luchar contra el intrusismo era patente”, detalla el doctor Lino Esteve. En este sentido, su hermano menor corrobora el planteamiento: “A finales de los años 60, el colegio estaba muy inactivo, así que cuando fue necesario dar un paso al frente y tomar las riendas con energía ahí estuvo nuestro padre”.

En la actualidad, el doctor Lino Esteve es vocal de la junta y el doctor David Esteve actúa como responsable de la formación continuada, al ser presidente del GAED. “En mi caso, estuve como presidente del colegio durante dos legislaturas. Fue una época de fuerte lucha contra el intrusismo”, expone el doctor Lino Esteve. Por su parte, el doctor David Esteve no descarta seguir sirviendo a los colegiados en el puesto que sus compañeros crean conveniente, “formamos parte de un grupo de doctores, muy ligado al posgrado de implantología de la Universidad Miguel Hernández, que cree que se pueden hacer muchas cosas desde el colegio”. Y añade sobre este organismo: “Tiene que ser una entidad viva y útil. En formación, por ejemplo, estamos en esa línea, pero hace falta hacer más por cuestiones como el intrusismo, la publicidad agresiva y sin ética que llevan a cabo algunas empresas, la petición del numerus clausus, etcétera”. “El problema es que la capacidad de acción del colegio es muy limitada y estamos instalados en una sociedad blanda, en la que las normas no se respetan y los principios éticos se han olvidado en muchos casos”, apunta el hermano mayor.

Por su corta trayectoria profesional, el doctor Guillem Esteve es el que menos contacto tiene con el colegio: “Creo en él y estoy a favor de su existencia, pero no percibo que hoy por hoy sea una entidad suficientemente útil y cercana. Quizá mi padre tenga razón y el problema sea que tiene una capacidad de acción limitada, pero como profesional joven no me siento excesivamente identificado con él. Los problemas que tenemos los dentistas cada vez son más graves, ya que una parte de la profesión está en una deriva contaminada por el mercantilismo, pasando de la ética tradicional al todo vale para captar al paciente”.

En este sentido, el doctor David Esteve se muestra comprensivo con su sobrino: “Tanto Lino como yo entendemos a Guillem perfectamente. El colegio no llega a los jóvenes porque, aunque sí se hacen cosas interesantes, en algunos aspectos parece que se ha tirado la toalla. Los profesionales más jóvenes se han formado mucho y se siguen formando después de la carrera, pero esto no quiere decir que el ejercicio de calidad tenga garantizado un buen futuro”. “En la Comunidad Valenciana se gradúan cada año más dentistas que en toda Italia. A la sociedad no le hacen falta tantos dentistas, pero vemos que prima el interés de algunas universidades. De igual modo, es absurdo que para abrir una farmacia se solicite ser farmacéutico y en cambio para una clínica dental no se requiera el título de odontólogo”, apunta el doctor Lino Esteve. Su hijo Guillem va un poco más allá en la crítica: “Permitir la guerra de precios actual o las campañas publicitarias engañosas y confusas está haciendo mucho daño. Al final ves que los problemas se agravan y el colegio no tiene suficiente poder ejecutivo para contrarrestarlos con la defensa de la Odontología de calidad. Soy defensor del colegio, pero también soy crítico con la inacción o con la pasividad”, afirma con rotundidad el más joven de los doctores Esteve.
Su tío, el doctor David Esteve, insiste en que los problemas de la profesión se resumen en una cuestión de ética: “Un sector de la profesión, como las franquicias, está muy influenciado por un tipo de ejercicio que no antepone la ética y la salud a los intereses particulares”. Y añade: “Se ha desvirtuado una cosa fundamental en Medicina y en todo el ámbito de la salud: la confianza entre el profesional y el paciente. Cuando se establece una relación mercantilista al cien por cien, la confianza se va al traste. El dentista es el facultativo y no puede permitirse que un comercial esté por encima de él, lo contrario termina siendo perjudicial para la profesión y la sociedad. Pero la raíz del problema está en la plétora existente. Hay tal cantidad de dentistas deseando trabajar que están dispuestos a hacerlo de cualquier manera”.

Evolución sin conformismo

El ejercicio odontológico ha tenido altibajos en los últimos años, pero esto no ha impedido que su evolución clínica y tecnológica haya sido espectacular en las décadas más recientes, como bien representa la saga de los doctores Esteve. El mayor de los doctores Esteve Colomina se muestra satisfecho con los avances, pero evita caer en el optimismo extremo: “Hoy estamos claramente mucho mejor que en la época de mi padre. Se han puesto las bases científicas para muchos tratamientos, también se han protocolizado muchas técnicas, se ha implantado la formación continuada, etcétera. No obstante, no podemos pensar que estamos en un panorama idóneo, ya que aún quedan por mejorar algunas cosas, tales como el material perfecto para la prótesis dental. También se avecinan grandes avances en todo lo referente a la odontología regenerativa”. Su hermano David apunta además como gran salto las novedades en radiología e informática aplicada, así como los tratamientos mínimamente invasivos. Por su parte, el más joven de los doctores Esteve asegura que todo está cambiando a un ritmo vertiginoso: “En los años 80, la revolución se centró en los sistemas de adhesión y ahora en todo lo referente a la imagen. No obstante, veo que falta mejorar en aspectos como el instrumental. Intentamos hacer una odontología mínimamente invasiva y de repente nos encontramos con instrumentos demasiado grandes y rudos”.

Su padre, el doctor Lino Esteve, señala como aspecto positivo de la revolución tecnológica las tremendas ganas de aprender que tienen los jóvenes. “Mi abuelo era reticente a la turbina porque iba demasiado rápido y hoy en cambio los jóvenes no muestran ningún miedo ante equipos ultramodernos. Pero ahí surge el aspecto negativo, la tecnología es excesivamente cara y no es accesible para todos los profesionales. Es un error muy común entre los fabricantes pensar que si un equipo lo venden caro ganarán más, cuando el secreto es vender más unidades. Su hijo Guillem indica como causa de esta estrategia comercial el falso concepto del dentista adinerado: “Los fabricantes se resisten a entender que el odontólogo de hoy es un profesional con unos ingresos normales. Ya no somos un colectivo elitista como hace unas décadas, pero sigue habiendo equipos que pueden costar 70.000 u 80.000 euros”.

Especialistas en equipos multidisciplinares

Los dos hermanos Esteve Colomina realizan desde hace algunos años un tipo de odontología más centrada en la implantología oral. “Tanto mi hermano Lino como yo hemos heredado la vocación quirúrgica de nuestro padre y, aunque nos consideramos dentistas de familia, sí es cierto que tenemos una práctica muy centrada en la implantología y en la prótesis sobre implantes”, asegura el doctor David Esteve.

Su hermano Lino describe cómo fue su llegada a la implantología a finales de los años 80 del pasado siglo: “Nuestro padre colocó muchos implantes antes de las demostraciones de Branemark y la mayoría de ellos funcionaba. Así que yo llegué a este terreno sin miedo. La implantología moderna empezó en España en 1985 y yo coloqué mi primer implante en 1988. Mi desarrollo no fue el habitual, es decir, no asistí a los cursos que organizaba Nobel Biocare en Goteborg (Suecia), porque no me quería ceñir a un protocolo y a unos materiales concretos. Así, trabajé con implantes americanos, italianos y alemanes y opté por hacer mi propia formación”.

En estos momentos, con la implantología totalmente aceptada como un tratamiento cotidiano de las clínicas dentales, toca analizar el camino desarrollado y lo que está por venir. El doctor Lino Esteve afirma en este sentido que la implantología está en plena efervescencia, pero hay dos cosas importantes sobre las que recapacitar: “Por un lado, tenemos que esforzarnos para que el paciente entienda que los profesionales no vendemos la colocación de un implante, sino un tratamiento bien indicado y correctamente realizado. Los que nos dedicamos a este terreno no podemos caer en la guerra de precios que algunos centros fomentan para ver quién ofrece el tornillo más barato. Por otra parte, debemos ser conscientes de que en estos últimos años es muy posible que se hayan realizado sobretratamientos, es decir, se hayan colocado implantes extrayendo dientes que no debían haberse quitado”. Su hermano David resume este último punto: “El implante es una gran solución, pero siempre ha de ser la última opción. El argumento es sencillo y muy fácil de entender: el implante se coloca sólo si ya se ha perdido el diente o es imposible hacer más para mantenerlo en buenas condiciones”.

El doctor Guillem Esteve, que tiene una práctica más centrada en la odontología conservadora, sobre todo en la endodoncia, asume que las estrategias comerciales han afectado a los tratamientos implantológicos, pero también a otras actuaciones de la consulta. “El desprestigio de nuestro trabajo está muy generalizado. Por ejemplo, si ofrecemos la primera visita gratis damos la impresión de que la primera radiografía es un trozo de plástico sin más. No conseguimos que se valore nuestro conocimiento”, asegura.

Entre los diferentes tipos de ejercicio, los doctores Esteve han optado por apostar por las clínicas multidisciplinares. “Nuestros centros funcionan bajo este modelo porque nos hemos dado cuenta de que el paciente quiere que le hagan todo el tratamiento en el mismo centro”, afirma el doctor David Esteve.

Aunque los tres doctores Esteve se muestran partidarios del ejercicio especializado, incluso de la aprobación de especialidades odontológicas, todos ellos remarcan una serie de aspectos a tener en cuenta. “Para realizar técnicas avanzadas de periodoncia, endodoncia, ortodoncia o implantes hace falta mucha formación específica y un equipamiento concreto, por lo que es lógico que se creen especialistas. Ahora bien, esto no debe suponer en ningún momento que se devalúe la figura del dentista general, que es también un especialista en diagnóstico. Es clave para que el caso esté bien encauzado”, asegura el doctor Guillem Esteve. En esta línea también se expresa su tío: “Yo venero al gran especialista, pero a la vez creo que la superespecialización es nefasta para la relación médico-paciente. El dentista de cabecera es fundamental, ya que él es quien ve al paciente, analiza sus inquietudes y sus deseos. La figura del especialista es necesaria hoy, pero en ocasiones pueden pecar de observar sólo su campo y olvidarse del resto. Por lo tanto, si algún día se aprueban las especialidades, la de dentista de cabecera tiene que ser una de ellas sin lugar a dudas”.

También el doctor Lino Esteve insiste en este punto: “El dentista de cabecera tiene que saber mucho de diagnóstico, porque es fundamental para conocer lo que a su paciente le conviene. Cuando se habla de especialistas en odontología automáticamente tendemos a pensar en profesionales de un rango superior, cuando realmente no es así. El especialista es un dentista que ha reducido su campo de acción a un área concreta para la que se ha formado muy bien”.

El alto nivel odontológico que los doctores Esteve desean desarrollar en sus consultas no representa un obstáculo para que los conceptos de ética profesional y responsabilidad queden reflejados en cada una de sus actuaciones. “Ahora que celebramos los 90 años de nuestra saga, el mensaje principal es nuestra responsabilidad para con nuestros pacientes. Deseamos que ellos entiendan que siempre hemos estado a su lado con la mejor práctica odontológica posible y queremos seguir por ese camino”, afirma con rotundidad el doctor Lino Esteve. “El éxito de un tratamiento depende mucho del nivel clínico que tenga el profesional, pero considero clave la conexión entre el dentista y el paciente. La confianza del paciente y la buena práctica del profesional son los dos aspectos imprescindibles para un buen desarrollo del caso. Si se presentan complicaciones, estos dos pilares permiten que la situación pueda reconducirse con éxito”, confirma el doctor Guillem Esteve.

“Lo fundamental es saber conectar con los pacientes. No nos comportamos igual cuando atendemos a una anciana, a un adolescente o a un paciente de mediana edad”, puntualiza el doctor Lino Esteve. También su hermano David se manifiesta a este respecto: “Los franceses llaman al dentista el práctico del arte dental. Es una definición que me gusta mucho porque deja claro que hay un cierto arte en nuestro trabajo. Además, es un arte en el que la subjetividad adquiere una gran dimensión, de ahí que sea tan importante mostrarle al paciente nuestra predisposición a que la relación sea abierta y sincera”. "Esta relación auténtica es la que hace que recibamos pacientes mayores, que de pequeños fueron atendidos por nuestro bisabuelo, abuelo o padre, o que sus hijos y nietos sigan viniendo ahora a nuestra consulta. Este reconocimiento de nuestros pacientes, tras 90 años y cuatro generaciones de dentistas, es nuestro verdadero capital profesional, lo que nos alienta todos los días en nuestro trabajo", concluye el doctor Lino Esteve.

Pie de foto: Los doctores Lino, Guillem y David (izquierda, centro y derecha, respectivamente) posan junto a un busto del doctor Enrique Esteve González, representante de la segunda generación de dentistas de esta saga, y un retrato del doctor Lino Esteve Sanz, el primer miembro de esta familia con vocación odontológica.

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