• SAGAS DE LA PROFESIÓN

Familia de los doctores Llobell

  • Cuatro generaciones cerca del paciente
  • 28 de Ago, 2013

Cuatro generaciones cerca del paciente

La saga de los doctores Llobell es noticia este año porque el más veterano de los representantes actuales de la familia, el doctor Enrique Llobell Palanca, de 88 años, recibirá en diciembre el premio Santa Apolonia que entrega el Consejo General de Colegios de Dentistas de España. Esta distinción viene a reconocer su gran trayectoria profesional, su pasión por el ejercicio clínico y su forma de tratar a los pacientes, siempre marcada por la confianza y la cercanía.

 
El doctor Enrique Llobell Palanca representa la segunda generación de dentistas en esta familia valenciana, ya que antes que él fue dentista su padre, el doctor Enrique Llobell Gauchí. Este último se inició en el ámbito dental como protésico para más adelante ser un destacado odontólogo. “De joven, mi padre vivía en Denia pero se mudó a Valencia en busca de un futuro mejor. La casualidad quiso que encontrara trabajo en casa de un dentista y empezara a trabajar en su laboratorio de prótesis. Así comenzó a interesarse por este mundo. Después, durante el servicio militar que hizo en la Marina, allá por los años 20 del pasado siglo, estuvo trabajando en la enfermería gracias a su experiencia y a los conocimientos superfluos que había adquirido en la clínica dental. Una vez terminado el servicio militar, se marchó a Barcelona y allí volvió a trabajar en el laboratorio de un dentista”, explica el doctor Llobell Palanca. El doctor Llobell Gauchí compaginó durante varios años su trabajo en el laboratorio con sus estudios de bachiller, “porque él, después de su experiencia en la enfermería de la Marina, ya tenía intención de estudiar y formarse como odontólogo”, detalla su hijo.
 
Tras su estancia en Barcelona, el doctor Llobell Gauchí regresó a Valencia en 1930 y en 1934 finalizó la licenciatura de Odontología, momento en el que comenzó a rodar una saga que ya hoy cuenta con cuatro generaciones y se acerca a los 80 años de existencia. A los doctores Llobell Gauchí y Llobell Palanca les siguen dos hijos de este último, los doctores Enrique y Andrés Llobell Lleó, y el primero de ellos cuenta con dos hijos odontólogos, los doctores Enrique y Arturo Llobell Cortell. 
 
El nuevo premio Santa Apolonia, el doctor Llobell Palanca, nació en 1925 y entre los primeros recuerdos de su infancia están los de ver a su padre trabajando en su clínica privada de la calle Cádiz de Valencia, en un barrio popular, y después, durante la Guerra Civil, en un hospital militar. “Recuerdo ver a mi padre trabajar con heridos de la guerra, extrayéndoles metralla del tercio facial. Tras la contienda, él regresó a su clínica y allí se hizo un gran doctor muy admirado y querido por sus pacientes. Tenía siempre un trato muy cercano. Tanto mi hermano Andrés como yo estábamos siempre por la consulta, por lo que no es raro que mi hermano se hiciera protésico dental y yo me decantara por la Estomatología. Era una consecuencia natural. Durante mi infancia y juventud ayudé a mi padre a trabajar con el vulcanizador o con las muflas, a laminar moneditas de oro o a pedalear en el torno”. 
 
A diferencia de su padre, que se formó como odontólogo, el doctor Enrique Llobell Palanca pertenece a la primera generación de médicos estomatólogos. “Gracias a las gestiones del doctor Pedro García Gras, en 1944 se aprobó que la Estomatología fuera una especialidad médica. En mi opinión, fue un cambio muy beneficioso”, apostilla este veterano profesional. Siempre inquieto por ofrecer a sus pacientes las técnicas más punteras y el mejor trato posible, el doctor Llobell Palanca logró fama nacional por ser el primer dentista que adquiría un ortopantomógrafo, en el año 1962. “Mi forma de trabajar con los pacientes y mi interés por estar al día en cuanto a todas las novedades tecnológicas hicieron que se creara sobre mi persona una aureola de buen profesional. Esto provocó que en 1962 me nombraran jefe del Servicio de Cirugía Maxilofacial de la Residencia General Sanjurjo, que ahora es el Hospital Doctor Peset, donde estuve hasta 1969. En ese año me ofrecieron este mismo cargo en el Hospital La Fe, también en Valencia, y en este centro estuve hasta que me jubilé con 70 años en 1995”. El doctor Llobell Palanca siempre compaginó su trabajo en los hospitales con la dedicación a su clínica. “He estado más de 30 años desarrollando ambas labores de manera perfecta: acudía al hospital por las mañanas y a los pacientes de mi clínica les veía por las tardes. De hecho, cuando me jubilé lo hice de ambas cosas a la vez. Mi última intervención en el hospital fue una operación para tratar un cáncer oral. Cuando me quité los guantes me sentí plenamente satisfecho”. 
 
Con casi cuatro décadas de ejercicio, el doctor Llobell Palanca es prueba evidente de la evolución de la Odontología de nuestro país. “Siempre he estado adaptándome a los nuevos tiempos, pero hay que ser consciente de que la práctica de los años 60 o 70 del pasado siglo era muy diferente a la que se vive hoy, tanto por los procedimientos clínicos como por las tecnologías y los materiales. Pasamos del torno de pedal al torno eléctrico y de ahí a la turbina. También se mejoró mucho con las resinas acrílicas y, en mi opinión, el gran salto se produjo con el ortopantomógrafo”, explica este profesional con una perspectiva amplia. La evolución de la profesión se produjo en su caso por su interés, pero también por la necesidad de dar respuesta a las demandas de los pacientes. “Después he sabido que lo que yo hacía en mis consultas hoy se llama I+D+i”, apostilla.
 
Superarse para mantenerse 
 
El doctor Llobell Palanca tiene cinco hijos, de los cuales dos, los doctores Enrique y Andrés Llobell Lleó, se dedican a la Odontología “Mi hermano Andrés y yo representamos la tercera generación de los doctores Llobell. Contamos con dos clínicas en Valencia, en las calles Botánico Cavanilles y Cirilo Amorós, y a nuestro lado también está mi mujer, la doctora Vicenta Cortell, así que la familia está plenamente activa. En estos momentos, mi hermano y mi mujer están más centrados en la primera de estas clínicas, mientras que yo me dedico desde 2011 casi en exclusiva a la de Cirilo Amorós”, explica el doctor Enrique Llobell Lleó, quien desde hace dos años ostenta el cargo de presidente del Colegio de Odontólogos y Estomatólogos de Valencia (ICOEV). En su caso, la llegada a esta profesión se debió más a un devenir formativo natural que a una vocación. “Soy el primogénito y el hecho de tener a mi abuelo como odontólogo y a mi padre como médico estomatólogo me marcó bastante a la hora de decantarme por estudiar Medicina. No recibí presiones de ningún tipo, pero sí es cierto que este proceso formativo lo asumí como algo natural. Una vez terminada Medicina, obtuve una muy buena nota para hacer el MIR en la especialidad que quisiera y como me gustaba mucho el terreno quirúrgico me matriculé en cirugía general. Estuve dos años en esta especialidad, trabajando en el hospital, pero después me cambié a cirugía maxilofacial, aunque también me gustaba bastante la cirugía plástica. Así pues, mi título es de cirujano oral y maxilofacial. Creo que la vida me llevó a donde estaba la familia”, detalla el mayor de los hermanos LLobell Lleó. 
Tras la residencia, este miembro de la tercera generación de los doctores Llobell se quedó como adjunto del Servicio de Cirugía Maxilofacial en el Hospital La Fe y luego pasó al Centro de Rehabilitación de Levante, donde dirigió el Servicio de Cirugía Maxilofacial. “Estuve bastantes años compaginando estas labores hospitalarias con el trabajo en la clínica, pero llegó un momento en que mi ejercicio privado exigió más dedicación y tuve que dejar el hospital. La clínica me ha hecho apartarme de la cirugía maxilofacial y me ha centrado más en la cirugía oral y en otros tratamientos. Si bien es cierto que buena parte de mi tiempo lo dedico a las intervenciones quirúrgicas, soy un dentista que entiende que esta profesión se basa en la confianza y en la buena relación entre el paciente y el profesional; de ahí que siempre sea yo el que recibe y despide a los pacientes que llegan a mi clínica”, explica el presidente de los dentistas valencianos.
 
“Todos los doctores Llobell nos hemos distinguido por querer llevar a cabo nuestro trabajo como dentistas de familia. Yo he atendido a los pacientes de mi padre y mis hijos han atendido a los míos. Nuestra saga se ha mantenido en el tiempo por nuestra destreza clínica, pero sobre todo por el buen trato que siempre hemos dado a los pacientes”, señala el doctor Llobell Palanca. Este planteamiento lo corrobora su hijo mayor: “La clave está en la atención al paciente. Mi perfil es quirúrgico, pero no me importa hacer una obturación, una endodoncia o colocar un composite, ya que son labores que también me divierten y me hacen sentirme realizado como doctor. Hago jornadas de 12 horas y mi afán siempre es el mismo: mejorar el estado de salud de mi paciente. Lógicamente, durante las visitas del paciente a nuestras consultas puede ser tratado por varios doctores, en función de sus necesidades, pero yo siempre intento hacer la primera visita y la despedida, porque creo que es fundamental para no convertirnos en una macroclínica. El gran peligro de crecer es no mantener el trato estrecho con los pacientes”.  
 
A lo largo de su mandato al frente del ICOEV, el doctor Llobell Lleó se ha distinguido por su defensa del modelo tradicional de ejercicio, huyendo de aquellas fórmulas más mercantilistas. “Se nos dice constantemente que el dentista es un empresario y en cierto modo puede ser así, pero la clínica no puede tener como fin último ganar dinero, sino atender a los pacientes. Si eres bueno en tu trabajo y atiendes correctamente a los pacientes, la vertiente económica se verá resuelta. El problema está en aquellos modelos de ejercicio en los que prima el aspecto lucrativo, porque se crean para este fin por encima del sanitario, o cuando los profesionales pierden la noción de sus límites y crean macroclínicas que se les escapan de las manos”.  
 
Según los miembros de esta familia, otro aspecto fundamental para la continuidad de la saga es la formación y el interés de cada generación por superar a la anterior. “Yo he llegado a jefe del Servicio de Estomatología y Cirugía Maxilofacial del Hospital La Fe, pero no puedo negar que pertenezco a una generación que estuvo, en general, peor preparada que la de mis hijos Enrique y Andrés. Yo empecé tallando coronas de oro. El primero de mis hijos es cirujano maxilofacial y Andrés es especialista en prótesis por la Universidad de Seatle, en Estados Unidos. Mis hijos me han superado claramente”, asegura con orgullo el doctor Llobell Palanca.
 
“Estoy completamente de acuerdo con mi padre. Para mantener una clínica familiar, la generación que llega lo tiene que hacer mucho mejor que su predecesora. En mi caso tengo dos hijos odontólogos, el mayor, Enrique, se licenció en Odontología en 2011 y acaba de terminar Derecho y Administración y Dirección de Empresas (ADE), mientras que el pequeño, Arturo, en estos momentos está haciendo dos másteres en la Universidad de Pensilvania, uno en periodoncia e implantes y otro en prótesis fija”, explica el doctor Llobell Lleó. En su opinión, los dentistas que heredan una consulta siempre estarán sometidos a la comparación, por lo que su única salida está en superar a sus predecesores. “Cuando se tiene confianza en los hijos y éstos ya han demostrado sus conocimientos y destreza en el trato de los pacientes, no es complicado hacer la transición de una generación a otra. En mi caso, compartí clínica con mi padre entre 1980 y 1995, pero antes de llegar a ella ya había acumulado una experiencia hospitalaria de más de cinco años en cirugías generales y maxilofaciales. Asimismo, cuando se incorpore a la práctica clínica Arturo, él ya habrá finalizado dos másteres que conllevan el trabajo continuo sobre pacientes. Cuando se tiene seguridad en la siguiente generación, la transición se debe hacer de manera transparente. El paciente ha de ver que confías plenamente en tus hijos”. 
 
Muy probablemente, en un par de años los doctores Llobell dejarán la clínica de Botánico Cavanilles y tanto el doctor Andrés Llobell como la doctora Vicenta Cortell pasarán a trabajar en la clínica de Cirilo Amorós. “A este cambió se sumará el regreso de mi hijo Arturo”, explica el primogénito de la tercera generación, quien destaca además la aportación que puede hacer de ahora en adelante su hijo Enrique en aspectos de gestión. 
 
Este último representante de la saga Llobell es un caso realmente singular. Maestro internacional y campeón de España de ajedrez, su infancia y adolescencia estuvo marcada claramente por este deporte. “Desde los nueve hasta los 17 años estudiaba ajedrez unas seis horas al día y eso hizo que fuera muy bueno en temas de cálculo y me adelantaran un año en el colegio. Con esas circunstancias llegó el momento de elegir qué estudiar en la universidad y con 17 años me decanté por la Odontología porque era el hijo mayor, era lo que había visto en mi casa y porque no tenía muy claro si quería estudiar otra cosa. Me planteé seriamente dedicarme profesionalmente al ajedrez, pero entendí que reducir mi vida a este juego de 64 casillas no me iba a satisfacer plenamente”, explica el doctor Enrique Llobell Cortell. Su padre ahonda en esta cuestión: “Bajo mi punto de vista, Enrique tuvo que decidir qué estudiar demasiado pronto. Yo le aconsejé que hiciera una ingeniería porque su capacidad para el cálculo es espectacular, pero él se decantó por la Odontología. Así que una vez que él tomó la decisión, yo le apoyé”. No obstante, al segundo año de estar en Odontología, Enrique se dio cuenta de que la carrera no le llenaba completamente y empezó a compaginar estos estudios con las carreras de Derecho y ADE. “He estado tres años estudiando las tres titulaciones a la vez, de manera que me gradué en Odontología en 2011, en Derecho en 2012 y este año he terminado ADE. Además, he seguido jugando al ajedrez, aunque ya a un nivel mucho menor que durante mi etapa de adolescente. En estos momentos, creo que seguiré vinculado a la clínica, junto a mis padres, mi tío y mi hermano, pero centrándome en tareas de gestión, que es donde puedo aportar más. La vertiente clínica no creo que la desarrolle porque nunca podré superar a mi padre y mucho menos a mi hermano”, reconoce el mayor de la cuarta generación de los doctores Llobell.
 
Según se puede comprobar en el ejemplo del doctor Enrique Llobell Cortell, pertenecer a una saga profesional con una gran trayectoria pesa a la hora de plantearse continuar con ella o tomar otros rumbos. “En mi caso, soy el mayor de todos los nietos de mi abuelo y además me llamo Enrique, por lo tanto sentía cierto compromiso para que la saga continuara. No había presión de ningún tipo, pero yo sí sabía que mi familia había trabajado mucho para sacar una clínica adelante y no quería que se perdiera la tradición. Afortunadamente, mi hermano Arturo también se decantó por la Odontología y él es verdaderamente bueno, lo que me liberó muchísimo porque sé que la continuidad de la saga está garantizada, y además tengo la certeza de que él será mucho mejor profesional que lo que pueda ser yo”, explica con seguridad este campeón de España de ajedrez. 
 
Por su parte, el doctor Arturo Llobell Cortell reconoce desde Pensilvania que en su caso la Odontología siempre fue su salida laboral. “Al contrario que mi hermano, yo sí tuve claro desde niño que quería ser dentista como mi padre, mi abuelo y mi bisabuelo. Nunca recibí ningún tipo de presión para que estudiara esta carrera porque mis padres siempre han antepuesto nuestra libertad de elección, pero lo tenía tan claro que no me plantee otras opciones. Me encanta la combinación de conocimiento científico y habilidad y destreza manual que tiene la Odontología”, afirma el menor de los doctores Llobell.
 
En estos momentos, este joven profesional ya ha completado dos de los cuatro cursos de sus másteres en periodoncia e implantes y en prótesis y se muestra muy satisfecho de la formación que está recibiendo en Estados Unidos. “Cuando finalicé Odontología en la Universidad de Valencia, a través del doctor Alpiste me puse en contacto con el doctor Mariano Sanz, porque siempre me ha gustado mucho la periodoncia y la parte quirúrgica. Este último me recomendó que cursara el programa de posgrado de periodoncia e implantes de la Universidad de Pensilvania, que está entre los mejores del mundo. Estamos en contacto con pacientes desde el primer momento y a diario abordamos casos de gran complejidad. Son másteres duros, pero muy buenos”, explica el doctor Arturo Llobell. “Si todo va bien, mi hijo Arturo regresará en dos años a Valencia y con él compartiré aún varios años de ejercicio. Al igual que hizo mi padre conmigo, yo también quiero abrirle camino, presentarle a los pacientes y mostrar mi confianza en él. Es lógico que el paciente siempre esté más cómodo con el doctor con el que lleva más tiempo, pero también ha de entender que la nueva generación está mejor formada que la anterior”, confirma el doctor Enrique Llobell Lleó. 
 
El presidente de los dentistas valencianos no oculta su orgullo para con sus hijos. “Ambos me superarán en lo profesional y en lo deportivo ya lo han hecho. Pese a que practico tenis todas las mañanas, con Enrique ya no puedo jugar porque me gana siempre y al ajedrez ni lo intento. Arturo, por su parte, ha heredado mi la afición por las carreras de coches, pero también ahí me ha superado: yo fui campeón de España de Fórmula 3 con 25 años y él lo logró con 21 años”. 
 
Defensa de un modelo  
 
Pese a que su hijo Arturo se forma en estos momentos en Estados Unidos en másteres de reconocimiento internacional, su padre no considera que la formación que se imparte en ese país sea muy diferente a la española. “Mi hijo llegó a Pensilvania recomendado por el doctor Mariano Sanz, cuyo máster de periodoncia está en el primer nivel mundial, por lo tanto la decisión de mi hijo me parece perfecta, pero no creo que hoy en día la formación de posgrado de España esté mucho peor que la norteamericana. El problema que tenemos en nuestro país es que el acceso a esa formación de primer nivel está muy limitado. Cada año se gradúan cerca de dos mil jóvenes y muy poquitos pueden entrar a un máster como el del doctor Sanz. En Estados Unidos tampoco es fácil acceder a uno de estos posgrados, pero si vas con un excelente currículum, un buen nivel de inglés y una recomendación de un doctor de prestigio las posibilidades aumentan”.
 
En cualquier caso, tener una formación de primer nivel no es garantía de futuro, y menos en las épocas actuales. Tal y como resume el doctor Enrique Llobell Lleó, “tener una gran formación te da tranquilidad en el trabajo, porque sabes que estás aplicando los procedimientos más actuales y con mejores resultados clínicos, pero el ejercicio profesional está cambiando mucho en los últimos tiempos y hay otras variables a tener en cuenta. Entre la plétora qué tenemos, el paro y las franquicias, nos estamos cargando una profesión que ha sido admirada y respetada por toda la sociedad. Después de treinta años de ejercicio, mi método para convencer al paciente sigue siendo el tratamiento clínico, es decir, su salud, pero no podemos obviar que hay otros agentes en el sector que tienen como principal gancho el precio, lo cual es un error tremendo”.
En la Comunidad Valenciana, con cuatro facultades de Odontología, se gradúan cada año 400 nuevos dentistas, más que en toda Italia, lo que está provocando que el mercado no tenga capacidad para asimilar a tantos profesionales. “En el Colegio vemos cada día cómo los jóvenes se marchan fuera de España a trabajar, algunos deciden dedicarse a otros trabajos y muchos otros están en paro. No es extraño que la iniciativa de no cobrar la cuota colegial surgiera en Valencia. El tema es muy grave porque desde la Administración no se está haciendo nada para limitar esta plétora”, alega el doctor Llobell Lleó, quien insiste en que “en Francia, Alemania o Inglaterra cuidan mucho sus profesiones, pero en España este aspecto no lo tenemos asumido. Cuando se instala una situación de plétora continuada, la profesión se deteriora y surgen las franquicias y las multinacionales aprovechando las circunstancias. En España hay una gran permisividad. Aquí no se controla la publicidad agresiva que utilizan algunas cadenas e incluso se permite que los propietarios de las clínicas no sean dentistas, lo que no sucede en otros países de nuestro entorno. Al final sólo nos queda la regulación natural del mercado. Cuando la sociedad perciba que el problema del paro en Odontología es grave, pocos jóvenes se decantarán por ella”. 
 
A juicio del presidente de los dentistas valencianos, la alta demanda aún existente hoy por la titulación de Odontología se debe fundamentalmente a dos factores: la falsa idea de que el dentista es un profesional con gran capacidad económica y las malas salidas laborales que tienen otras muchas carreras. “Muchos padres quieren que sus hijos sean dentistas porque observan que otras titulaciones tienen mucho más paro y creen que los dentistas de hoy son como los de hace unas décadas, cuando eran pocos y podían ganar bastante dinero trabajando muchas horas. Hoy se sigue trabajando mucho, con un esfuerzo físico considerable, pero el dinero ya no fluye como antes porque la competencia es tremenda. Todo aquel que acceda a esta profesión sin convicción sanitaria y pensando básicamente en el dinero se estrellará”, concluye.
 
El doctor Llobell Palanca recuerda que en los años 70 y 80 del pasado siglo había pocos dentistas y las autoridades políticas decidieron abrir muchas escuelas de Estomatología. “Algunos de estos centros tenían justificada su existencia, pero de aquello pasamos a un sentimiento de envidia por parte de algunos políticos, que criticaban abiertamente lo que ganaban los dentistas. Representamos a una profesión sanitaria necesaria, pero en absoluto creo que seamos elitistas. Ahora se ha descontrolado el tema de manera global. En tres décadas hemos pasado de tener pocos dentistas a un exceso difícil de manejar”, explica el más veterano de los doctores Llobell. En este sentido, su hijo mayor detalla su punto de vista sobre la evolución de la profesión: “Mi abuelo trabajó siempre muchísimas horas en una consulta de un barrio de clase media y nunca se hizo rico. Había pocos dentistas pero también poca demanda de tratamientos. Por su parte, mi padre ya experimentó el crecimiento del nivel de vida de los años 60 y 70 y comprobó cómo aumentaba la demanda. En estos años no había muchos dentistas y es cierto que se pudo vivir bien si se trabajaban muchas horas. Después, en mi caso, he sido testigo de cómo se ha pasado de la escasez de dentistas a la plétora actual. En treinta años el cambio ha sido radical y no se han puesto las condiciones para atajar este deterioro”. 
 
Para los doctores Llobell, España es un ejemplo de país que no ha sabido adaptar su profesión odontológica a las necesidades sociales. En estos momentos, España triplica las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud en cuanto a la ratio de dentista por habitante. “Ya llegamos tarde si queremos abordar el problema de la plétora. El paro ha llegado a nuestra profesión porque la Administración no ha tenido voluntad de aplicar medidas como el numerus clausus, que está siendo reclamado desde hace tiempo”, expone el presidente colegial valenciano. Del mismo modo, el doctor Llobell Lleó critica la pasividad de los representantes políticos a la hora de regular las especialidades odontológicas: “Llevamos muchos años pidiendo que se aprueben las especialidades, pero también ahí vamos tarde con respecto a Europa. Por el nivel de formación que se necesita para abordar con solvencia casos complejos, la especialización es necesaria. No se trata de limitar el trabajo del dentista general, pero sí debemos conseguir que el paciente sepa que su doctor tiene una especialidad u otra. Además, viviendo en un mercado común como el europeo, no tiene sentido que nuestros profesionales tengan desventajas formativas y de acreditación tan evidentes”. Su padre apoya esta línea argumental: “Las especialidades llevan muchos años planteándose. Mis recuerdos en este tema se remontan a décadas, pero mientras aquí somos incapaces de sacarlas adelante, en otros países se regulan, se aprueban y se ejercen sin problemas. No podemos ir contracorriente”.
 
Etapa colegial
 
Aunque la familia Llobell no se define a sí misma por su pasión política, sí es cierto que sus miembros no se caracterizan por guardar silencio ante situaciones que consideran injustas o mejorables. El doctor Enrique Llobell Lleó ha sido el representante de la saga que ha llegado al cargo de presidente del Colegio de Odontólogos y Estomatólogos de Valencia, pero hace muchos años, durante la época de la III Región, su padre también lo intentó. “Junto con algunos amigos, encabecé una candidatura para optar a la presidencia del Colegio de Dentistas de la III Región, pero, aunque sacamos muchos votos, la victoria se la llevó el doctor Emilio Aliaga. Así pues, con aquel intento se terminaron mis iniciativas colegiales”, explica el veterano doctor Llobell Palanca.
 
En el caso de su hijo, la llegada a la presidencia colegial se debió más al azar y al deseo de poner su grano de arena para la mejora de la profesión. “Yo siempre me he mantenido muy al margen del colegio, pero durante la última época de la presidencia del doctor Andrés Plaza se convocó una asamblea y en ella un grupo de compañeros quería hacer una moción de censura contra el presidente. Le acusaban de muchas cosas, y entre ellas de quedarse con dinero del colegio. Aquella actitud me pareció tan injusta para la junta que en un momento de la asamblea intervine para preguntar directamente a nuestros representantes si ellos se habían quedado con dinero del colegio. La respuesta que me dieron fue tan contundente y rotunda que se cayó la moción de censura. Posteriormente, el doctor Plaza me llamó para saber si yo quería ser presidente del colegio. Por dos veces le dije que no, pero cuando llegaron las elecciones se lo planteé a un grupo de amigos. La negativa de éstos fue generalizada. Yo me olvidé de este tema hasta que, a una semana del plazo para presentar candidaturas, me llamó mi amigo el doctor César Cuñat y me volvió a insistir en que nos presentáramos. Accedí a hacer la prueba, puse a toda mi gente a trabajar haciendo folletos y trípticos y en cinco días lo teníamos todo listo. Cuando nadie lo esperaba, ganamos”.   
 
En los dos años que lleva al frente del colegio, el doctor Llobell Lleó ha querido darle a esta institución mucha más visibilidad y transparencia. “En general, el profesional no suele involucrarse en las actividades colegiales, así que no queda más remedio que llegar a él comunicando y haciéndole participativo. Una de mis primeras medidas al llegar a la presidencia fue solicitar los correos electrónicos de todos los colegiados para conseguir mayor agilidad”. En este tiempo, el ICOEV ha puesto en marcha iniciativas como la eliminación de la cuota a los colegiados en paro, ha creado una comisión de Ética y Mediación muy activa, al frente de la cual está el doctor Andrés LLobell Lleó, y se han impulsado acciones que requieren de la participatición del colegiado. “Por ejemplo, cuando el Consejo General planteó su propuesta de hacer sus títulos propios de especialista, yo pedí la opinión de mis colegiados y el 70 por ciento dijo que no la quería. Estamos a favor de las especialidades, pero el Colegio de Odontólogos y Estomatólogos de Valencia votó en contra de la propuesta del presidente del Consejo General, el doctor Alfonso Villa Vigil, pese a que a mi, particularmente, la idea que planteó inicialmente me parece buena. Cuando se trata de plantear las especialidades, en mi opinión, la universidad, las sociedades científicas y el Consejo General de Dentistas deberían estar dentro de un proyecto común. El desacuerdo que se ha producido entre la universidad y el Consejo General en cuanto a los títulos propios de este último organismo no beneficia a la profesión”, expone el presidente valenciano.
 
De cara al futuro, la vida colegial no se la plantea el doctor Llobell Lleó como una dedicación a largo plazo, “aún no pienso en la continuidad, pero creo que mi etapa en el colegio es algo transitorio. Es cierto que estoy muy contento con el trabajo que realiza mi junta, pero también en este mundo político veo cosas que no me gustan. Se habla mucho, pero a la hora de hacer cosas e invertir en proyectos se ponen muchos obstáculos y se crean enemigos”, reconoce. 

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