• SAGAS DE LA PROFESIÓN

Doctores Gay Escoda

  • Tres generaciones de ejercicio con tesón y dignidad
  • 03 de Oct, 2013

Tres generaciones de ejercicio con tesón y dignidad

El primer dentista de esta saga de profesionales de la Odontología fue el doctor Cosme Gay Meya, que nació en 1910 en Puigcerdá (Girona) y falleció en 2001. Aunque procedía de una familia de campesinos, su inquietud y su afán por mejorar su vida le llevaron a estudiar Medicina. “Para ello obtuvo el respaldo de sus padres y hermanos, así como el apoyo de una beca económica que le permitió desplazarse a la Universidad de Salamanca para hacer sus estudios. Se licenció en Medicina en 1934”, recuerda su hijo, el doctor Cosme Gay Escoda, quien aún conserva la tarjeta de identidad escolar de su padre, en la que queda reflejada su matriculación en la Facultad de Medicina de Salamanca con la firma de Miguel de Unamuno, rector en aquella época del citado centro académico.

Ni el doctor Cosme Gay Escoda ni su hijo, el doctor Jaume Escoda Francolí, también odontólogo, saben exactamente el motivo por el que el primer doctor miembro de esta saga se decantó por la Odontología. Quizá fuera por sus habilidades manuales o por su gusto por la parte más quirúrgica de la profesión, pero lo cierto es que nada más terminar los estudios de Medicina el doctor Gay Meya se matriculó en la Escuela de Odontología de la Universidad Complutense de Madrid. “En aquellos años existían las dos titulaciones de manera independiente y mi padre se graduó en ambas, aunque Odontología la hizo en dos años porque le convalidaron muchas asignaturas”, explica el doctor Cosme Gay Escoda, principal representante hoy de esta saga de profesionales.

El interés por trabajar como dentista del doctor Gay Meya se vio truncado en un primer momento por el estallido de la Guerra Civil. “En julio de 1936, mi padre estaba en Puigcerdá con su familia, es decir, en la zona republicana. Al ser médico, el Ejército de la República le movilizó, bajo amenaza de fusilamiento, y le destinaron al Hospital de Jaén, donde pasó parte de la guerra”, relata su hijo, quien añade: “Hacia 1939, con el avance de las tropas nacionales, mi padre fue trasladado al Hospital de Figueras para seguir trabajando, pero llega un momento en que las tropas de Franco también llegan a esta localidad y le apresan por ser médico del bando republicano. Otra vez volvió a estar amenazado de fusilamiento. Afortunadamente, gracias a las influencias que tenía un compañero médico, de la familia Gil-Vernet, pudo evitar la muerte y quedar en libertad”.

Una vez acabada la Guerra Civil, el primero de los doctores Gay se casó y fijó su residencia en Granollers (Barcelona), donde abrió su consulta dental. “Siempre tuvo la consulta y la vivienda juntas, por lo que yo y mis hermanos pasamos nuestra infancia jugando en la sala de espera y con muchos de los hijos de los pacientes. De esta manera conocí a Joan Clos, que después estudio Medicina conmigo y llegó a ser alcalde de Barcelona y ministro de Industria”, explica el doctor Gay Escoda, quien no oculta que esta relación de amistad sirvió para que, cuando Barcelona organizó los Juegos Olímpicos de 1992, el servicio de atención odontológica a los deportistas recayera en la Facultad de Odontología de la Universidad de Barcelona, de la que era decano.

El doctor Cosme Gay Meya trabajó hasta la mitad de la década de los años 80 del pasado siglo, siempre compatibilizando el ejercicio clínico en su consulta privada con su plaza de dentista de la Seguridad Social. “Mi padre hacía una Odontología propia de su generación, es decir, extracciones, obturaciones y prótesis; no obstante, sí es cierto que el gusto por la vertiente quirúrgica que tiene nuestra familia empezó con él”, afirma el representante de la segunda generación de los doctores Gay. “Todavía hoy llegan a nuestra consulta de la Clínica Teknon pacientes que fueron atendidos por mi abuelo hace más de 30 años. Todos hablan de él con mucho cariño. Se nota que era una persona que transmitía mucha confianza a sus pacientes”, confirma su nieto, el doctor Jaume Escoda Francolí.
Además de la consulta de Granollers y el servicio odontológico en un ambulatorio de la Seguridad Social, el doctor Gay Meya también atendía varios pueblos del Vallès Oriental durante los fines de semana. “Mi padre era un gran trabajador y los sábados pasaba consulta en pequeños municipios cercanos a Granollers. Muchas veces, siendo yo aún un niño, le acompañaba y veía lo que hacía, o jugaba con los hijos de los pacientes”, detalla el doctor Cosme Gay Escoda, quien asegura que aquellas experiencias con su padre fueron decisivas para que él se decantara por la Estomatología. “En mi caso, siempre tuve claro que me dedicaría a la Odontología y en concreto a su vertiente quirúrgica. Estudié Medicina y Estomatología en la Universidad de Barcelona en los años 70 y fui miembro de la primera promoción del sistema MIR, con el que obtuve plaza de residente en el Servicio de Cirugía Oral y Maxilofacial del Hospital Vall d’Hebrón. Cuando finalicé la residencia, pedí un permiso de tres años para continuar mis estudios en Francia: estuve dos años en el Hospital de La Sapêtrière, donde me saqué el título de cirujano maxilofacial, y un año en el Hospital Gustave Roussy, donde obtuve la titulación de cirujano oncológico de mi área”, explica este reconocido doctor.

Tras su etapa en Francia, el doctor Gay Escoda regresó a Barcelona y se reincorporó al Hospital Vall d’Hebrón, donde estuvo trabajando nueve años. “Como este hospital está adscrito a la Universidad Autónoma de Barcelona, ya desde mi etapa de residente también empecé a colaborar con el Departamento de Cirugía de la Facultad de Medicina. Éstos fueron mis inicios en la docencia y el mundo formativo, un aspecto que siempre ha ocupado un protagonismo relevante dentro de mi vida laboral”.

Hacia la mitad de los años 80 del pasado siglo, el doctor Gay Meya se jubiló y la clínica que él poseía en Granollers se cerró. “A mi padre le hubiera gustado que continuara con ella, pero mi tiempo ya lo tenía muy limitado: daba clases en la Autónoma, trabajaba en el hospital y casi todas las tardes las tenía ocupadas en mi consulta privada de cirugía oral y maxilofacial. Si me hubiera dejado llevar por las motivaciones económicas, lo inteligente hubiera sido quedarme con la clínica de mi padre, pero nunca he tenido entre mis prioridades hacerme rico. Así, decidí que mi camino estaba en otro sitio: el mundo universitario, la investigación y la cirugía oral y maxilofacial. A mi padre le dio mucha pena que se cerrara su consulta pero, como sabía que yo tenía otras inquietudes, lo aceptó”.

Llegada a la universidad

Con la entrada de España en la Unión Europea, la profesión vivió un profundo cambio al tener que implantar los estudios de Odontología y abandonar la especialidad de Estomatología. El doctor Cosme Gay Escoda, que fue el primer decano de la Facultad de Odontología de la Universidad de Barcelona, vivió este largo proceso en primera persona. “Hacia 1985, como yo ya colaboraba dando clases en la Universidad Autónoma, le propuse al decano de Medicina de esta universidad, el doctor Jaime Guardia Masó, hacer un proyecto para crear la Facultad de Odontología en la Autónoma. Nuestro plan consistía en que la Universidad de Barcelona se quedara con la especialidad de Estomatología mientras la Autónoma estrenaba la nueva titulación de Odontología. Estuvimos dos años trabajando en este programa y todo parecía indicar que lo íbamos a conseguir. No obstante, las previsiones se truncaron cuando el Gobierno central finalmente optó por llevar la Odontología a la Universidad de Barcelona, sustituyendo de esta manera la especialidad de Estomatología. Aquel momento coincidió con el nombramiento de Josep Maria Bricall como rector de la Universidad de Barcelona”, explica el doctor Cosme Gay Escoda.

No obstante, la carrera docente de este veterano profesional continuó por la línea de la Odontología. “Al poco tiempo de decidirse que la Autónoma se quedaba sin esta titulación, recibí una llamada del rectorado de la Universidad de Barcelona para reunirme con el doctor Bricall. Acudí a la cita y me propuso entrar a trabajar directamente en su universidad. Mi respuesta fue rotunda: si me incorporaba a la Universidad de Barcelona sería después de sacar mi plaza por oposición”, confiesa el doctor Gay Escoda con orgullo. Poco tiempo después, cuando él estaba preparando las oposiciones para ser profesor titular de cirugía en la Autónoma, salió a concurso la plaza de profesor titular de cirugía bucal y maxilofacial de la Facultad de Odontología de la Universidad de Barcelona y él decidió probar suerte. “Me inscribí para presentarme a este examen, pero poco después me empezaron a presionar, supongo que desde la Facultad de Odontología, para que no hiciera esta oposición. No obstante, yo le comuniqué la situación al doctor Guardia, mi decano en la Autónoma, y él me animó a que siguiera con mis planes y me presentara, aunque ya me avisó que tuviera pocas esperanzas de aprobar”. Una vez se nombró el tribunal de la oposición, el doctor Cosme Gay Escoda solicitó cambiar al presidente del mismo, puesto que con él tenía una enemistad manifiesta. “Se hizo este cambio y fui al examen sin ninguna esperanza de aprobar, porque además mi rival era un jefe de servicio del Hospital Universitario de Bellvitge. Sin embargo, la exposición de esta persona no fue buena y un miembro del tribunal se lo echó en cara, lo que me dejó muy sorprendido. Cuando llegó mi turno, esta misma persona del jurado se interesó mucho por mi formación, quiso saber por qué yo no tenía ninguna recomendación y también se mostró sorprendido de que un cirujano quisiera enseñar cirugía a los dentistas”. Según confiesa el doctor Gay Escoda, su exposición fue muy buena, “porque además estaba muy tranquilo, y finalmente conseguí la plaza contra todo pronóstico. Realmente yo pensaba que el tribunal dejaría la plaza vacante”.

Pero tras el acceso a la Facultad de Odontología de la Universidad de Barcelona, al doctor Cosme Gay Escoda aún le quedaba un reto más: ser el decano. “Cuando aprobé la oposición, se lo comuniqué al rector de la Universidad de Barcelona para demostrarle que había entrado después de unas oposiciones, así que él me planteó que ya que estaba dentro debería presentarme a decano. Yo acepté su reto para no quedar mal con él, pero sin ninguna esperanza. Yo era nuevo en el centro y mi rival en las elecciones fue un catedrático de ortodoncia con 20 años de experiencia en la Escuela de Estomatología, pero, al igual que me pasó con la plaza de profesor titular, finalmente gané”.

De esta manera, entre los años 1986 y 1992, el primer decano de la Facultad de Odontología de la Universidad de Barcelona fue el doctor Cosme Gay Escoda. “Mis años como decano fueron muy duros. No contaba con experiencia en el centro, tenía en contra a la mitad del personal y mi afán de convertir la escuela en una facultad que al menos se pareciera a la de una universidad decente parecía una meta imposible. Se despidió a más de la mitad de los profesores asociados, porque el absentismo laboral era tremendo, e intenté eliminar toda la corrupción que había. Aquello me supuso tener denuncias infundadas y hasta detectives que me seguían para ver si podían averiguar algo oscuro de mi. De aquella época aún se mantienen importantes divisiones dentro del personal de la facultad”.

Aunque en el ambiente universitario son comunes las disputas entre diferentes grupos de profesionales, el doctor Gay asegura que “lo que pasa en Odontología es dramático. Hay un gran grupo de profesores que apoya lo que llamo ‘la dictadura de la incompetencia’, mientras que hay un porcentaje pequeño de profesores que queremos realmente enseñar, estar al día, contar con medios e investigar”.

Pese a los sinsabores que le deparó el tiempo que estuvo al frente del decanato, el doctor Cosme Gay Escoda ha seguido trabajando en la Facultad de Odontología y ya supera las dos décadas como catedrático. “Después de mi época ligada a la gestión académica, me prometí que nunca más regresaría a ella y decidí que había llegado el momento de dedicarme con tesón a lo que más me gusta: la investigación ligada a la docencia”. De este modo surgió un equipo de investigación que hace diez años culminó en el grupo “Patología y Terapéutica Odontológica y Maxilofacial”, integrado dentro del Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge (Idibell). “Este instituto es el cuarto en el ranking español de institutos de investigación biomédica y la Universidad de Barcelona forma parte de él”, aclara el doctor Gay Escoda, quien añade: “Nuestro grupo del Idibell es muy activo; de hecho, en 2012 publicamos 35 trabajos con factor de impacto y estamos haciendo muchos avances, con gran cantidad de ensayos clínicos en fase dos, que requieren de muchísimos controles y pruebas. Hacemos trabajos multicéntricos y recientemente se nos concedió una beca de la Unión Europea para estudios de implantología en relación con la ingeniería tisular, que está dando lugar a patentes y aún no está publicado”. En este momento, este grupo de investigación liderado por el doctor Gay Escoda cuenta con diez investigadores principales y alrededor de 40 colaboradores, entre los que se encuentra también el doctor Jaume Escoda Francolí.

En cuanto al ejercicio clínico, el doctor Cosme Gay Escoda siempre ha optado por tener consultas privadas en grandes clínicas. Estuvo muchos años trabajando en la Clínica de Nostra Senyora del Remei y desde hace 14 años tiene su consulta en la clínica Teknon. “Me incorporé al Centro Médico Teknon porque un día pasean­do por sus proximidades coincidí con un colega que ya trabajaba en él y me comentó que se estaban creando nuevos equipos. Hice mi propuesta, porque es un centro de gran prestigio y además estaba muy cerca de mi casa, y desde entonces es donde atiendo a mis pacientes”. Desde hace unos diez años, al doctor Gay Escoda también le acompaña en su singladura clínica su hijo, el doctor Jaume Escoda.


Tercera generación

En el caso del doctor más joven de esta saga, su formación la realizó en la Universitat Internacional de Catalunya. “No ser demasiado buen estudiante durante el instituto hizo que no pudiera entrar en la Universidad de Barcelona, así que mi padre me ofreció la posibilidad de estudiar en una universidad privada”, afirma el doctor Escoda Francolí. Pese a los antecedentes de su abuelo y su padre, el representante de la tercera generación reconoce que no siempre tuvo la Odontología como su salida laboral preferida: “Cuando quise entrar en la universidad, en la solicitud puse en primer lugar Veterinaria, después Medicina y en tercer puesto Odontología. Sin embargo, al acceder por la privada me decanté por la Odontología, porque era algo que conocía bien por verlo en mi casa, me permitía seguir en el ramo sanitario y combinaba muy bien mis habilidades manuales y mi gusto por el terreno quirúrgico. Después de diez años trabajando, estoy convencido de que acerté con la decisión. Pese a que el ejercicio de la Odontología no está en su mejor momento, el trabajo en sí mismo, los retos clínicos y el trato con el paciente son aspectos que me resultan muy apasionantes”.

Terminados los estudios de grado, el doctor Escoda Francolí tuvo como formación de posgrado el Máster de Cirugía Bucal e Implantología Bucofacial que dirigía su padre en la Universidad de Barcelona. “Tras terminar la carrera, dudé entre seguir formándome en ortodoncia o en implantología, porque ambas áreas me gustaban mucho por el trabajo manual que conllevan, pero me decanté por la última de ellas porque las disciplinas quirúrgicas me atraen más por su intensidad”, asegura el doctor Escoda Francolí.

Durante esta formación de posgrado, este joven profesional reconoce que en algunos momentos fue extraño tener a su padre como profesor: “Al ser mi padre el director del máster, sólo me daba algunas clases teóricas, pero lógicamente muchos de mis compañeros sabían que éramos padre e hijo, por lo que se producían discriminaciones. No obstante, me considero una persona luchadora y cuando me fijo un objetivo no me importa lo que piense o diga la gente”.

En estos momentos, el doctor Escoda Francolí compatibiliza el ejercicio clínico en varias consultas con la docencia como profesor asociado en la Universidad de Barcelona. “Mi filosofía de vida se parece un poco a la de mi padre en el sentido de que nos gusta combinar la vertiente académica y la clínica, aunque en mi caso tengo claro que deseo encontrar un equilibrio y ser más pragmático. Mi padre se ha decantado mucho más por la vía de la docencia y la investigación; su pasión es estudiar, hacer ensayos y enseñar. Bajo mi punto de vista, mi padre es insuperable en el terreno académico”, afirma el miembro más joven de la saga.

Gracias a la presencia de ambos doctores en el mundo académico y al trabajo que realizan en el marco de la investigación, en ellos no se aprecia el salto generacional a la hora de afrontar los casos de sus pacientes. En este sentido, el doctor Cosme Gay Escoda expone su perspectiva: “Mi reto en el grupo de Idibell es la innovación constante, así que siempre estoy a la última. Asimismo, intento que mis alumnos conozcan las mejores técnicas y lo más moderno. En mi caso, el salto generacional lo constaté muy bien con mi padre, con quien sí aprecié grandes diferencias. Él y yo no trabajamos apenas juntos, pero cuando le sustituí alguna vez en el ambulatorio en el que trabaja sí comprobé que él estaba habituado a otro instrumental y otras maneras de hacer las cosas”.
El día a día de los actuales miembros de esta saga pasa por un trabajo basado en un estrecha relación de confianza, pero también en la independencia. “En la clínica Teknon, cada uno tenemos nuestros pacientes y en absoluto mi padre supervisa mi trabajo ni yo me meto en el suyo, si no es porque él me lo pide. Sí es cierto que, sobre todo en las intervenciones, nos ayudamos mucho; por ejemplo, la implantología siempre la hacemos juntos”, explica el doctor Escoda Francolí. Su padre ahonda en esta exposición: “Trabajamos de manera independiente, pero con mucha naturalidad, porque la clave es ofrecer el mejor servicio a los pacientes. Así, yo le paso a mi hijo muchos casos de cirugía bucal, mientras que él me remite los casos muy complejos, tales como un tumor de parótida o un paciente oncológico”.

Sobre la visión que puedan tener los pacientes por el hecho de ser atendidos por un padre y un hijo, los actuales doctores reconocen que pese a que ellos intentan transmitir un clima de confianza mutua, a veces surgen reparos. “Mi hijo ya lleva trabajando conmigo unos diez años y su integración ha sido un proceso lento pero firme, porque él está muy bien formado. Esto no quita para que algunos pacientes de toda la vida sigan prefiriendo que les atienda yo, su doctor de siempre, y cuando los derive a mi hijo tenga que hablarles de lo bueno que es y mostrar mi confianza en él. Sobre todo en cuestiones de cirugía periodontal yo reconozco que mi hijo es mejor que yo”, detalla el doctor Cosme Gay Escoda. El doctor Escoda Francolí corrobora este planteamiento: “Al paciente que llega nuevo le da igual el doctor que le atiende, pero el paciente de muchos años siempre se suele decantar por mi padre. Normalmente él habla con ellos y les convence para que vayan con otro doctor, que puedo ser yo o la doctora Mestre u otro, puesto que él no tiene capacidad para atenderlos a todos”.
La dignidad de la profesión

Los actuales miembros de esta saga tienen predilección por la cirugía bucal y entienden que ésta debería ser una especialidad odontológica reconocida; asimismo tienen muy claro que la cirugía oral y máxilofacial no debería ser una especialidad médica sino odontológica. El doctor Gay Escoda explica su postura: “Mi modelo idóneo es el de Estados Unidos de Norteamérica, que es el país referente en nuestro campo. Allí toda persona que desee ser cirujano bucal y maxilofacial tiene que ser primero dentista, porque la Odontología es la base. Una vez el profesional ya se forma como dentista, tiene dos opciones para ser cirujano: bien mediante una residencia corta, de cinco años, para hacerse cirujano oral y maxilofacial con algunos límites –por ejemplo, no puede hacer oncología o cirugías craneofaciales–, o bien a través de una residencia más larga, de ocho años, con la que ya puede abordar los casos más complejos y termina como médico. España es una aberración porque el odontólogo no tiene ninguna opción de especialización”.

Estos profesionales catalanes entienden que la actual especialidad de cirugía bucal aprobada en casi toda Europa se asemeja al modelo residencia corta de Estados Unidos. “El problema que tenemos en España reside en el poder fáctico de la Medicina”, confiesa el más veterano de estos doctores, quien añade: “Cuando se creó la Odontología yo estuve en aquellas reuniones en mi papel de decano. Entonces se pensó hacer una pasarela bidireccional entre Medicina y Odontología, pero sólo se consiguió aprobar el camino desde Medicina a Odontología. Muchas personas de la profesión, incluso alguno que luego recibió el premio Santa Apolonia, se negaron a dar el mismo trato a los odontólogos que a los médicos. Es una verguenza”.

“España tiene que mirar lo que se hace en el resto del mundo. Si hay especialidades aprobadas en todos los países de nuestro entorno, no tiene sentido mantenerse al margen. No puede estar equivocado el 99 por ciento del mundo”, expone el doctor Escoda Francolí. Su progenitor insiste en su tesis: “algo pasa para que incluso Portugal ya nos aventaje en este aspecto –nuestros vecinos ya han aprobado la ortodoncia, y la cirugía bucal está en camino–, y no es otra cosa que el temor del colectivo médico. En nuestro país, la mayoría de los cirujanos maxilofaciales no son odontólogos, pero en el fondo saben que su especialidad emana de la Odontología. Reniegan de sus orígenes porque tienen miedo a la competencia”.

La ausencia de especialidades odontológicas es sólo uno de los males que estos doctores aprecian en el momento actual. “Estamos en una encrucijada, porque hay una parte de los pacientes que requiere un tratamiento especializado, pero no tenemos especialidades oficiales. Por otra parte, los profesionales tenemos que luchar a diario con planteamientos de modelos de negocio puramente mercantilistas, sobre todo en el entorno de las franquicias. Cuando yo veo un paciente y hago su diagnóstico y su plan de tratamiento, mi visión es la de clínico, mi papel es trabajar por su salud. En cambio, en algunos modelos de negocio muy extendidos hoy quien tiene la última palabra es el comercial”, apunta el doctor Cosme Gay Escoda. Su hijo expone su caso: “Durante un tiempo, trabajé para una firma de franquicias y las indicaciones que recibíamos eran muy claras: si se necesitaban cuatro implantes había que colocar también un quinto para poder presupuestar una híbrida”, y añade: “Algunos nos negábamos a seguir estas indicaciones, pero con la actual plétora profesional siempre habrá gente que las asuma y trabaje en un tipo de negocio que no antepone la salud a los aspectos más puramente económicos”.

El doctor Gay Escoda se indigna por el trato que reciben muchos de sus pacientes antes de pasar por sus manos: “Atiendo a muchos pacientes que llegan por iatrogenia, con trabajos increíblemente malos. Pero qué se puede esperar de empresas cuyo gancho comercial es la sutura gratis, como afirmó un directivo de una de ellas en una entrevista en televisión en la que también yo estaba presente”, expone el doctor Gay Escoda, quien no duda en apuntar otro gran error: “La primera visita gratis. Se está regalando uno de los pasos más complejos de nuestra profesión. En mis primeras visitas suelo tardar cerca de una hora porque hay que preguntarlo todo y anotarlo, es decir, hay que realizar una historia clínica de manera correcta. Pero nos hemos instalado en la dejadez y la pereza. A mis alumnos les insisto una y otra vez en que hay que hacerlo todo correctamente para evitar problemas. Hay que rellenar muy bien la historia clínica, tener firmado el consentimiento informado, hacer la hoja operatoria, etcétera. Son aspectos burocráticos que, entre otras cosas, nos pueden evitar muchos problemas jurídicos. He participado en juicios contra dentistas como perito judicial y he visto que incluso profesionales que imparten cursos y conferencias, a la hora de trabajar, se saltan estos pasos elementales”.

Los actuales miembros de esta saga familiar contemplan su futuro con una mezcla de sentimientos. Por un lado, se muestran felices por trabajar en una profesión que les apasiona y les motiva para mejorar día a día, pero, por otra parte, reconocen que el ejercicio está repleto de perturbaciones que hacen que cada vez sea más complejo mantenerse en él.

Pie de foto: Los doctores Cosme Gay Escoda (derecha) y Jaume Escoda Francolí comparten su día a día en el Centro Médico Teknon y en la Universidad de Barcelona.

Si quieres compartir...   

Para escribir un comentario debes ser usuario registrado. Inicia Sesión con tu usuario y contraseña o Regístrate.