• SAGAS DE LA PROFESIÓN

Familia Mourelle

  • 01 de Jul, 2014

En el año 1900 nació en Santiago de Compostela el doctor Alfonso Mourelle Parente, quien se formó como médico y ejerció como tal en su región hasta que una tuberculosis le obligó a cambiar de clima. “Según nos contaron, ésta fue la razón por la que mi abuelo cambió su Galicia natal por un pueblo de Segovia, concretamente Castillejo de Mesleón, donde ejerció de médico titular”, señala la doctora María Rosa Mourelle Martínez, nieta del doctor Alfonso Mourelle Parente y representante destacada de esta saga de dentistas.

 
Tras casi un siglo en la brecha, la familia Mourelle ya ha alcanzado las cuatro generaciones de profesionales vinculados a la Odontología. Así, al doctor Alfonso Moruelle Parente le siguieron dos de sus hijos, los doctores Alfonso y Jaime Mourelle Leis, a quienes se les unió, también como parte de la segunda generación, una cuñada de ambos, la doctora María Luisa Pascual Acebes. Mientras los dos hermanos fallecieron hace ya algún tiempo, casualmente con 69 años en ambos casos, la representante femenina de esta generación disfruta en estos momentos de su jubilación. 
 
La saga Mourelle concentra en estos momentos su actividad en la tercera y la cuarta generación. La primera de ellas la forman las doctoras Rosa Mourelle Martínez y Cristina Mourelle Cacharrón; quienes comparten, además de su ejercicio en clínicas céntricas de Madrid, su dedicación a la docencia. Dentro de esta tercera generación también se debe incluir a Alfonso Mourelle Martínez, hermano de Rosa, que representa un caso particular, ya que le atrajo más la prótesis dental que la Odontología.
 
En lo referente a la cuarta generación, ésta puede servir de ejemplo de algunas de las diferentes expectativas laborales que tienen hoy los jóvenes odontólogos de nuestro país. En este sentido, la doctora Marta Real Mourelle, sobrina de la doctora Rosa Mourelle, terminó Odontología hace diez años y en estos momentos trabaja como autónoma para diferentes clínicas madrileñas; realiza servicios de dentista generalista pero, sobre todo, de especialista en endodoncia. Recientemente también ha empezado a colaborar como profesora en la Universidad Alfonso X El Sabio, de Madrid. Otro caso es el de Pedro Molinero Mourelle, hijo de la doctora Rosa Mourelle, quien, si todo discurre como espera, terminará la carrera este año y en breve estará trabajando en una clínica madrileña que en su día perteneció a su abuelo. Pese a entender las dificultades laborales de estos momentos y ser el miembro más joven de esta saga, Pedro Molinero emana optimismo y confianza en el futuro, “siempre habrá sitio para la calidad y la atención cercana y profesional a los pacientes”, asegura. 
 
Hechas las presentaciones de todos los miembros del ámbito dental de esta familia, lo justo es remontarse a los años 30 del siglo XX en Segovia. En aquel tiempo, el doctor Alfonso Mourelle Parente ejercía como médico titular, primero en Castillejo de Mesleón, donde nacieron algunos de sus hijos, y después en La Matilla, localidad en la que se estableció definitivamente. “Nuestro abuelo era un médico rural de los muchos que había en aquellos años. Tenía que atender todas las necesidades sanitarias de sus pacientes, aunque él se había especializado en Ginecología”, explica la doctora Cristina Mourelle Cacharrón. Aquella demanda médica tan variada fue lo que llevó al doctor Mourelle Parente a la Odontología. “Mi abuelo pasaba consulta en pueblos segovianos comos Pedraza, Sepúlveda, Cantalejo, Turégano o Prádena. Según nos contaron, en una ocasión tuvo que atender algunas patologías dentales, porque no había un dentista en aquella comarca, y eso hizo que él sintiera la inquietud por esta materia y decidiera ir a Madrid a formarse como odontólogo. En aquellos años, antes de la Guerra Civil, Odontología era una titulación independiente a Medicina”, aclara la doctora Rosa Mourelle.
 
Todos los miembros de la segunda y la tercera generación recuerdan al primer doctor de esta saga, que murió con 90 años. “Nuestro abuelo, como es lógico, hacía una Odontología básica, sobre todo muchas extracciones, pero era un profesional con mucha inquietud por el mundo de la prótesis. Él contaba con su propio protésico dental, Manolo Pérez, que siempre estuvo a su lado”, asegura Alfonso Mourelle Martínez. La familia aún guarda algunos libros de prótesis y cirugía que en su día pertenecieron al primero de los doctores Mourelle. 
 
La dilatada vida de este profesional y su trato cercano y amable le hicieron cosechar una merecida fama que aún hoy perdura. Para la doctora Rosa Mourelle, el ejemplo de su abuelo fue especial: “En La Matilla tiene dedicada una plaza y muchos pacientes segovianos se acuerdan de él. Yo misma he atendido a pacientes suyos y en sus palabras se refleja mucho cariño; tenía una manera de ser muy especial. Incluso a mi hijo le han llegado a hablar de su bisabuelo en la universidad. Trabajó hasta los 75 años y todos le tenemos presente por su ejemplo de humanidad”. 
Una forma de vida 
 
La incorporación del doctor Mourelle Parente al sector dental no sólo significó una nueva ocupación laboral, sino que también asumió con ello una forma de vida que posteriormente heredarían sus hijos Alfonso y Jaime Mourelle Leis. La doctora Rosa Mourelle no duda a la hora de confirmar la especial vinculación de su familia con la profesión: “A mi abuelo le siguieron dos de sus cuatro hijos. Por lo tanto, está claro que la Odontología ya había arraigado en nuestra familia de una manera decisiva. Mi padre Alfonso, que fue el hijo mayor de mi abuelo, nunca se planteó ser otra cosa que dentista. Él se tituló como médico estomatólogo en la Universidad Complutense de Madrid en 1956 y desde joven se sintió dentista de los pies a la cabeza. Algo parecido también le sucedió a su hermano Jaime, el menor de los cuatro hermanos, aunque en su caso el ejercicio de la Odontología se compaginó en todo momento con el de la Medicina”.
 
La especial relación que tuvo el primero de los doctores Mourelle con la provincia de Segovia la continuaron sus dos hijos. Así, aunque el doctor Alfonso Mourelle Leis se estableció en Madrid con dos clínicas, en las calles Santiago Bernabeu y San Vicente Ferrer, “los jueves se marchaba a atender a pacientes de pueblos de la sierra madrileña y de Segovia, tales como Buitrago, Bustarviejo, Cabanillas, Cerezo y Riaza, y los sábados pasaba consulta en Segovia capital”, explica la doctora Rosa Mourelle, quien reconoce que aquel alto ritmo de trabajo era agotador, pero también muy enriquecedor en el plano personal, ya que cubría necesidades sanitarias que de otro modo hubieran quedado desatendidas. Para Pedro Molinero, su abuelo fue un ejemplo de dentista integral: “Hacía de todo: apiceptomías, ortodoncia, prótesis, etcétera”. Siendo esto cierto, Alfonso Mourelle Martínez asegura que su padre sobre todo destacaba en la prótesis, “porque siendo joven había aprendido mucho de su padre. Siempre nos contaba que cuando él llegó a la Escuela de Estomatología ya sabía muchas de las cosas que pretendían enseñarle”. 
 
Los hermanos Mourelle Leis estuvieron toda su vida compaginando la atención a los pueblos segovianos y el trabajo en sus clínicas madrileñas. Según concreta la doctora Rosa Mourelle, “la relación con Segovia siempre estaba presente en nuestras vidas. Entre mis primeros recuerdos de niña están los de la clínica de la calle San Vicente Ferrer, siempre con la sala de espera llena de pacientes segovianos residentes en Madrid, que venían a la consulta de los doctores Mourelle porque eran paisanos suyos”. 
 
Los miembros de la tercera generación confirman que sus antecesores tuvieron que adaptar su ejercicio a las demandas de sus pacientes y a la cultura popular. La doctora Mourelle Martínez afirma: “En los pueblos de Segovia, mi padre y mi abuelo hacían una Odontología muy diferente a la que se realizaba en Madrid. En el ámbito rural, la demanda principal era la extracción, con lo cual se eliminaba el dolor pero también se limitaba la función; sin embargo, en Madrid se tendía más hacia la conservación. Incluso mi padre me explicaba que en su clínica de la calle Santiago Bernabeu, donde residía una clase social media-alta, él aplicaba tratamientos más conservadores que en la calle San Vicente Ferrer, que es un barrio céntrico pero de clase media”. Sobre esta perspectiva, la doctora Cristina Mourelle se pronuncia confirmando que esta doble visión del ejercicio aún se mantiene hoy: “Aquellas tendencias extraccionistas que comprobaron nuestros padres también están imponiéndose en el presente en barrios de clase de media de nuestro país. Tengo pacientes que ante algún problema dental prefieren la extracción, ya que ésta es gratuita en la Seguridad Social”. La doctora Rosa Mourelle reconoce la influencia del dinero, pero no descarta el peso de la cultura popular. “Si no hay recursos económicos, es complicado acceder a tratamientos conservadores, pero no hay que obviar el hecho de que mucha gente piensa aún que cuando duele algo lo mejor es extraerlo. En Segovia había que hacer un gran esfuerzo didáctico para explicar que una obturación era mejor solución que una extracción”.
 
El doctor Alfonso Mourelle Leis trabajó hasta los 69 años, edad a la que falleció en 1996. Él era diez años mayor que su hermano Jaime. Sin embargo, entre ambos habría que colocar, por orden cronológico, a la doctora María Luisa Pascual Acebes. Tal y como ella misma asegura, su llegada al sector dental se produjo por la influencia de su familia política. “Me formé en Medicina y trabajé muchos años como  intensivista en el Hospital La Paz, en Madrid, pero me casé con un hermano de los doctores Alfonso y Jaime Mourelle y ellos me convencieron para que me hiciera dentista”. La doctora Pascual se formó en Estomatología, abrió su propia clínica en Madrid y en ella estuvo trabajando 15 años como dentista general. 
 
“La vida de nuestros padres y la de nuestro abuelo giraba en torno a los dientes”, afirma la doctora Cristina Mourelle, “así que no es de extrañar que nuestra tía se viera influenciada por la dinámica y también decidiera dar el salto a la Odontología”. La doctora Rosa Mourelle corrobora esta idea, pero añade que sus predecesores tenían un dedicación laboral poco común: “Eran profesionales que entendían la profesión como una forma de vida. Mi padre, por ejemplo, no cerraba la consulta nunca. Después de trabajar en Segovia los sábados, los domingos abríamos en Madrid. Lógicamente, las enfermeras tenían derecho a librar, así que allí estábamos los hijos para echar una mano. Y lo mismo pasaba en el mes de agosto”. 
 
En algunos aspectos, el caso del doctor Jaime Mourelle Leis cuenta con algunas diferencias con respecto a los de su padre y su hermano mayor. Su hija Cristina Mourelle lo explica: “Mi padre llegó al ámbito dental por influencia de ellos dos, pero él sí estuvo durante toda su vida compaginando la Medicina y la Odontología. Sus primeros pasos fueron como médico rural, pero luego obtuvo una plaza en un centro de salud en Madrid; allí pasaba consulta todas las mañanas, mientras que las tardes las dedicaba a su clínica odontológica, en la calle Los Madrazo, donde yo me encuentro actualmente”. Además de estas dos ocupaciones, también hay que tener en cuenta las visitas a los pueblos de Sepúlveda, Cantalejo, La Matilla y Turégano, donde pasaba consulta los jueves. “Los pueblos de Segovia nunca se dejaron mientras vivieron nuestros padres. Yo misma estuve pasando consulta en ellos hasta que murió mi padre”, confirma la doctora Rosa Mourelle.
 
El doctor Jaime Mourelle hacía odontología general en su clínica, pero tenía una especial predilección por la prótesis y la cirugía; de hecho, ya en la década de los años 70 empezó a poner implantes. También durante unos pocos años estuvo trabajando como profesor adjunto en el Departamento de Cirugía de la Escuela de Estomatología de la Universidad Complutense de Madrid, al lado de los doctores Manuel Donado y Luis Calatrava. 
 
“Mi padre trabajó como dentista desde 1972 hasta 2003, año en el que se jubiló. Dos años después falleció”, explica su hija, “por cómo hablan de él sus pacientes y compañeros considero que fue muy buen profesional y muy buena persona”. Al lado del doctor Jaime Mourelle trabajaron durante algún tiempo doctores de la talla de Rocío Cerero, Germán Esparza y Esther Nevado, todos ellos profesores de la Universidad Complutense de Madrid. 
 
Diferentes vocaciones 
 
En el repaso cronológico de esta saga, la siguiente en tomar las riendas de la Odontología fue la doctora Rosa Mourelle Martínez, para quien la profesión de dentista significó un deseo real desde la infancia. “Desde los cinco años tenía claro que quería dedicarme a este ámbito. En este sentido, me considero una privilegiada porque trabajo en lo que quiero”. 
 
Esta consolidada profesional es la mayor de seis hermanos y, aunque sólo ella heredó la vocación de su padre, entiende que su llegada a este mundo fue lo natural. “Mi padre nunca me presionó ni intentó convencerme para que fuera dentista, porque ya veía que yo disfrutaba en la consulta cuando le ayudaba a batir alginato u ordenar los materiales. Asumimos mi interés por los dientes, al igual que después comprendimos que la odontopediatría era mi área predilecta. Cuando empecé a trabajar con mi padre, él me derivaba todos los niños porque decía que yo tenía paciencia, así que aquella costumbre se convirtió en mi pasión. La odontopediatría es muy dura y no está bien pagada, pero en esta vida hay que intentar hacer lo que a uno más le llena. Me encanta trabajar con niños”.  
 
La doctora Rosa Mourelle se formó en Medicina en la Universidad Complutense de Madrid y le costó tres intentos poder entrar en la Escuela de Estomatología. “Tras finalizar los estudios médicos, me di cuenta de la importancia del expediente académico, así que no fue fácil acceder a Estomatología en la Complutense. Había muy pocas plazas y mucha demanda. Lo logré al tercer intento, cuando ya tenía todo previsto para irme a estudiar a París si no lograba entrar ese año en Madrid. No obstante, no perdí el tiempo y los dos años que tuve que esperar para acceder a Estomatología los invertí en obtener el doctorado en Medicina y especializarme en Puericultura”. 
 
Para la doctora Rosa Mourelle, aquella etapa de estudiante universitaria dio como resultado estar en el sitio adecuado en el momento oportuno. “Fui la última promoción de Estomatología y nada más terminar hice el máster de odontopediatría. Mis planes eran dedicarme a la clínica, pero al empezar la titulación de Odontología salieron nuevas plazas de profesores y yo ya tenía hecho mi doctorado, así que me quedé como profesora. Desde 1975 no me he desvinculado de la Universidad Complutense”. 
 
En cuanto a su práctica clínica, la doctora Rosa Mourelle cuenta desde 1986 con consulta propia, en la calle López de Hoyos de Madrid, aunque en sus inicios también ejerció en las clínicas de su padre y en los pueblos de Segovia. “Era una locura atender varias consultas, impartir las clases en la facultad e ir a los pueblos, así que fui reduciendo obligaciones y hoy sólo trabajo en mi consulta y en la universidad. La clínica de la calle Santiago Bernabeu que abrió mi padre aún está montada, a la espera de que mi hijo Pedro termine sus estudios y la pueda llevar”. 
 
Aunque la doctora Rosa Mourelle tiene una especial dedicación a la odontopediatría, ella también ejerce como dentista general. “Hago de todo menos implantes y ortodoncia, pero lo que más me gusta es el trato con los niños. Es un reto constante que exige muchos conocimientos específicos y, sobre todo, mucha preparación para el manejo de la conducta. También atiendo a niños especiales, lo cual es muy gratificante”. La larga experiencia de la doctora Mourelle en el ámbito de la odontología infantil le hace ser una experta en la evolución de este segmento. “Para los profesionales de la época de mi padre, los dientes temporales no recibían la atención de hoy. Muy pocos doctores hacían una pulpotomía en un temporal, mientras que hoy es algo habitual. También ha cambiado mucho el trato con las familias. Hace unos años los niños estaban más acostumbrados a obedecer y si indicabas unos hábitos de higiene lo asumían. En cambio, ahora los padres son mucho más permisivos y no logran imponerse. Los odontopediatras hacemos una labor educativa que en muchos casos deberían efectuar los padres”, explica esta profesional. No obstante, siempre hay excepciones y un ejemplo de ello son los padres de los de niños especiales, “estas personas se vuelcan con sus hijos y colaboran en todo lo posible para el bien de los tratamientos”, puntualiza la doctora Mourelle Martínez.
 
Al igual que en la clínica la predilección de esta profesional son los niños, en las clases de la facultad el principal objetivo es la formación de los alumnos. “Creo que soy buena profesora y me preocupo mucho por el estudiante. He logrado una mezcla muy positiva al compaginar docencia y práctica y no entiendo dar clases sin ejercer, porque lo que yo veo en mi consulta es lo que enriquece mis clases”. La doctora Marta Real Mourelle corrobora la predisposición de su tía a ponerse del lado de los alumnos: “He tenido compañeras de promoción que han hecho el máster de odontopediatría con mi tía y siempre destacan su trato excelente y sus ganas de facilitar el aprendizaje”. La doctora Rosa Mourelle ahonda en este sentido: “Me encanta ver cómo los alumnos adquieren conocimientos y cómo evolucionan. No estoy en la facultad para lucirme dando clases, sino para ayudar a los alumnos a que sean buenos profesionales”. 
 
Mientras que la doctora Rosa Mourelle siempre tuvo clara su vocación, su hermano Alfonso representa el caso contrario: nunca quiso ser doctor y sólo pensar en estudiar Medicina le daba aprensión. “Tengo tres años menos que Rosa, pero soy el mayor de los hermanos varones, así que mi padre me presionó bastante para que estudiara Medicina y me hiciera dentista. Yo no quería y le planteé como alternativa hacerme protésico, porque me atraía el trabajo manual, pero mi padre no lo aceptó e incluso me prohibió entrar en el taller que teníamos al lado de la consulta”. Después del servicio militar, Alfonso Mourelle Martínez comenzó a trabajar como celador en un ambulatorio a escondidas de su padre, “pero se enteró al cabo de unos días. Tras el enfado correspondiente, reconoció que no quería estudiar y me ofreció la opción del taller de prótesis”. 
 
El representante protésico de esta saga hoy trabaja para un laboratorio de Madrid y colabora asiduamente con su hermana Rosa, y previamente también trabajó con su padre, su tío Jaime y su tía María Luisa. “Pese a todos los cambios que está viviendo la prótesis dental, los profesionales seguimos siendo una parte indispensable para muchos tratamientos. Los nuevos materiales, las necesidades estéticas de los pacientes o los avances tecnológicos han supuesto una revolución en nuestro sector, pero creo que la aportación del protésico sigue siendo fundamental”, afirma Alfonso Mourelle Martínez.  
 
Para Pedro Molinero, la relación de los dentistas y los protésicos debe fraguarse en la confianza y el valor que cada parte aporta: “En nuestra familia hay una relación muy estrecha con los protésicos. La mayoría de nosotros se ha decantado por la Odontología, pero nunca se nos ocurriría menospreciar la contribución de los profesionales de la prótesis. Yo espero que mi tío esté a mi lado cuando empiece a trabajar, porque es a él a quien consulto mis dudas de las asignaturas de materiales y sé todo lo que me puede enseñar”.
 
A medio camino entre la clara vocación odontológica de la doctora Rosa Mourelle y el escaso interés de su hermano Alfonso por la parte médica podríamos ubicar a la doctora Cristina Mourelle Cacharrón. Ella explica sus inicios en el sector dental: “Yo quería hacer Medicina u Odontología, pero, como no conseguí entrar en ninguna de las dos titulaciones en una universidad pública, acabé cursando Farmacia en la Complutense. Cuando terminé mis estudios, mis padres me ofrecieron pagarme Odontología en una universidad privada, y eso es lo que hice. Me gustaba la Odontología, pero eran mis padres quienes tenían más claro que el hecho de contar ya con una clínica montada y plenamente activa suponía una oportunidad laboral que no se debía desaprovechar. De esta manera estuve un tiempo compaginando mi trabajo de farmacéutica, fundamentalmente en vacaciones, y los estudios de Odontología en la Universidad Alfonso X El Sabio”.
 
Cuando concluyó la titulación de Odontología, la doctora Cristina Mourelle empezó a ejercer como dentista haciendo suplencias en la Seguridad Social y tambien en la clínica de su padre, “incluso estuve trabajando para una red de franquicias y en una clínica en la que mi enfermera era la madre de la reina Letizia, Paloma Rocasolano”, explica esta profesional, quien asegura que “cuando mi padre vivía, tenía reticencias a trabajar sólo en su clínica. Sentía que mi experiencia profesional se iba a quedar corta”. No obstante, aquel tiempo de prácticas en varios centros fue corto: “Terminé Odontología en 2001 y mi padre se jubiló en 2003, falleciendo en 2005. De modo que dejé todas las clínicas y me quedé con nuestra consulta y el trabajo en la Seguridad Social, ya que conseguí plaza de interina en 2008”. 
 
Además de la dedicación clínica, en la doctora Mourelle Cacharrón también se despertó el interés por la docencia, que comenzó a desarrollar en la Universidad Alfonso X El Sabio a través de la asignatura de Patología Médico-Quirúrgica. Actualmente es la coordinadora de esta materia. “Soy docente en la universidad, pero a la vez sigo aprendiendo. Hace un tiempo hice el Máster de Odontología Estética de la Universidad Complutense, con el doctor Carlos Oteo, y ahora estoy terminando el doctorado, también en la Complutense, al lado de los doctores Germán Esparza y Rocío Cerero”.
 
Cuarta generación
 
En la familia Mourelle, la Odontología pasa de padres a hijos, de abuelos a nietos o de tías a sobrinas. La doctora Marta Real Mourelle es una muestra de esto último. Aunque es nieta del doctor Alfonso Mourelle Leis, asegura que el ejemplo de su tía Rosa fue determinante: “Mi padre es médico militar y mi madre veterinaria, por lo que el entorno sanitario lo tenía arraigado, pero sin duda lo que me llevó a la Odontología fue el ejemplo de mi tía Rosa. Cuando venía a Madrid –antes vivía en Lleida–, me atraía mucho el ambiente de su clínica”.
 
La doctora Real Mourelle se formó en Odontología en la Universidad Alfonso X El Sabio, pero no duda en afirmar que también le hubiera gustado formarse en Medicina. “Tenía claro que quería ser dentista, pero reconozco que también me atrae la Medicina. De hecho, soy de las que piensan que a los odontólogos nos falta mucha formación médica. En mi caso, esto lo suplo preguntando mucho a mi padre o a mi tía Rosa”, explica. 
 
Una vez terminada la licenciatura, la doctora Real Mourelle siguió formándose, primero con el Máster Universitario de Ciencias Odontológicas de la Universidad Complutense y luego con un posgrado de endodoncia, también en la Complutense. “Poco a poco, y gracias a las directrices de mi tía, he ido consiguiendo trabajo en diferentes clínicas. En unas hago funciones de dentista general y en otras de especialista en endodoncia. Soy un ejemplo del dentista “mochilero” que va de una clínica a otra, pero no me puedo quejar porque afortunadamente tengo trabajo. Muchos compañeros de mi promoción no pueden decir lo mismo”, explica esta profesional.
 
Sin duda, la ayuda de su tía Rosa Mourelle fue muy positiva para la doctora Real Mourelle, pero no se puede ocultar su gran currículum formativo. “Después de los dos años del máster de endodoncia, estuve otros dos años haciendo una residencia en cirugía oral en la Fundación Jiménez Díaz (Madrid), con el doctor Arrieta. Allí pude aprender mucho de implantes, pero sobre todo asimilé el método de trabajar en un entorno médico, que es algo que me encanta. Ahora estoy preparando mi tesis doctoral, que relaciona la odontopediatría y la endodoncia, y también he empezado a trabajar como profesora en la Universidad Alfonso X El Sabio, en la asignatura Patología Médico-Quirúrgica, junto con mi tía Cristina Mourelle”.
 
Con esta excelsa formación, la doctora Real Mourelle está capacitada para abordar muchas de las labores que se realizan en una clínica. “Cuando hago mucha cirugía, pienso que me gusta más la endodoncia, porque, aunque es difícil, es mucho más cómoda y llevadera para el profesional; sin embargo, cuando realizo varios casos de endodoncia echo de menos la tensión de la cirugía. En definitiva, me gustan ambas disciplinas”.  
 
El último miembro de esta saga vinculado con el ámbito dental es Pedro Molinero Mourelle, hijo de la doctora Rosa Mourelle. Él prevé terminar este año el grado, lo que supondrá lograr lo que siempre soñó de niño. “Mi caso es similar al de mi madre. Con cinco años ya andaba revolviendo los cajones de la consulta de mi abuelo. Aunque él falleció siendo yo muy pequeño, creo que intuía que me dedicaría a este mundo y por eso no se enfadaba conmigo”. Su madre no oculta que ella siempre creyó que el destino de su hijo iba a ser la Odontología: “Pedro nació un 20 de abril y el día 7 de mayo yo ya estaba trabajando en la consulta. Dejaba al niño en el cuco y atendía a los pacientes. Las dentistas y madres tenemos que ingeniárnoslas para poder compaginar la consulta y el cuidado de los niños”. Su hijo Pedro completa la argumentación de su madre: “La consulta forma parte de nuestras vidas desde antes de nacer. Mi madre trabajó hasta el día anterior a mi nacimiento, pero es que con mi hermana se puso de parto atendiendo a un paciente y tuvo que dejarlo sin terminar”.  
 
Aunque Pedro apenas tiene recuerdos de su abuelo trabajando, sí tiene muchas referencias de él y de su bisabuelo. “Saber que formas parte de una saga de dentistas y que ya hemos alcanzado las cuatro generaciones me hace mucha ilusión. No es presión lo que siento, sino más bien ganas de seguir una dinámica marcada por la calidad y el nivel que han tenido mis predecesores”, aclara.
 
Pedro Molinero es, ante todo, una persona positiva a la que le gusta asumir retos. “Las comparaciones y las referencias a mi familia son inevitables. Recuerdo que cuando hice mis primeras impresiones, en segundo carrera, me mandaban que las repitiera porque no eran dignas de mi apellido. No creo que esto sea algo malo, puesto que estos retos me ayudan a mejorar y superarme”.
 
Sobre su futuro, el miembro más joven de esta saga confirma que, de momento, prefiere desmarcarse de la tendencia generalizada de la especialización. “Si he estado cinco años aprendiendo a hacer un poco de todo, no me parece bueno que nada más terminar me centre en una única área. Estoy convencido de que ser dentista general es muy enriquecedor por toda la diversidad que implica”. 
 
“A mi hijo le recomiendo, como ya hice con Marta, que haga el Máster Universitario de Ciencias Odontológicas”, asegura la doctora Mourelle Martínez, quien añade: “De alguna manera, los graduados, que son muchos, tienen que lograr su diferenciación académica, pero también entiendo la postura de Pedro, porque la excesiva especialización no siempre es buena”. 
 
Para Pedro Molinero, ser generalista implica una visión integradora de la profesión, pero también el reconocimiento de los propios límites. “Un generalista siempre tendrá que contemplar la opción de derivar un tratamiento complejo que no pueda asumir, pero eso no le hace ser peor profesional”.
 
Trabajo en familia
 
Con el gran árbol genealógico de esta familia, no es de extrañar que muchos de sus miembros hayan trabajado de manera conjunta durante algún tiempo. La doctora Rosa Mourelle ahonda en este terreno: “Mi padre trabajó con mi abuelo durante muchos años y después yo trabajé con mi padre. Por la experiencia que tengo, creo que compartir trabajo y familia tiene muchas cosas buenas y también alguna negativa, pero esto último tiene que ver generalmente con el carácter de las personas. Mi padre, por ejemplo, era muy estricto y tenía un carácter muy fuerte, por lo que no era nada sencillo trabajar con él. En cambio, cuando he trabajado con Marta o Cristina todo ha sido fantástico porque no había carácteres extremos”. “Mi tía Rosa hace que la colaboración sea agradable en todo momento. Siempre está abierta a que expreses tu opinión”, asegura en este sentido la doctora Marta Real.
 
Para la doctora Cristina Mourelle, lo justo sería que tanto el veterano como el joven pusieran de su parte para hacer fácil la adaptación. “Lo importante”, expone la doctora Rosa Mourelle, “es que el paciente perciba que el clima en la consulta es bueno y que el joven es un miembro más de la misma. En mi caso, cuando yo empecé a atender a los pacientes ya era una más de la clínica. Me pasaba allí días enteros y los pacientes me reconocían”. Pedro también ha seguido esta misma dinámica, “voy casi a diario a la clínica de mi madre; lógicamente, no veo pacientes, pero sí me dejo ver con la intención de que estos entiendan que soy un miembro más de la consulta”. 
 
Para esta familia, más que la pertenencia a una generación u otra, lo que influye en el trato al paciente es la capacidad para adaptarse a las necesidades del momento. La doctora Rosa Mourelle recuerda que su padre, por ejemplo, prácticamente no anestesiaba para las obturaciones, “era algo que no se hacía en su época y los pacientes lo aceptaban. Hoy es impensable pretender trabajar sin anestesiar. Pero incluso las esperas de hace unas décadas son inimaginables actualmente. Cuando atendíamos en la calle Santiago Bernabeu abríamos los domingos a las ocho de la mañana y desde la siete y media ya había una fila en la puerta. En estos momentos, cuando tienes un paciente esperando 20 minutos ya te sientes apurado”.
 
“De todos modos, el paciente de nuestras clínicas no suele ser un paciente ocasional. Mi madre y mi tía atienden a familias enteras y eso se nota. Ellos saben que a cambio de esperar unos minutos recibirán un trato extremadamente bueno y cercano. A muchos pacientes les da tranquilidad y confianza venir a una clínica como las nuestras”, asegura Pedro Molinero.
 
“Confirmo totalmente lo que dice mi sobrino. Muchos pacientes de mi clínica conocieron a mi padre y les gusta el trato cercano. Algunos incluso piensan que por tener esa relación familiar les vas a hacer menos daño”, corrobora la doctora Cristina Mourelle.
 
Nuevos tiempos, nuevas economías
 
Todos los miembros de la saga se sienten orgullosos se seguir perteneciendo al gremio sanitario, aunque en su opinión hay una clara tendencia a reducir los conocimientos médicos a favor de los puramente odontológicos. “Aunque en los primeros años de la carrera hay muchas asignaturas médicas, que son difíciles para los alumnos, cuando terminas de estudiar y te planteas atender a los pacientes te das cuenta de su utilidad”, asegura Pedro Molinero. “Los conocimientos médicos de los nuevos odontólogos son limitados. Particularmente, me preocupa sobre todo que no sepan identificar bien los medicamentos que toman los pacientes, ya que puede ser algo muy peligroso”, confirma la doctora Cristina Mourelle.
 
Para la doctora Rosa Mourelle, lo que está claro es que los tiempos cambian y las reglas del juego también. “A mí me hicieron falta ocho años para ser dentista, mientras que mi hijo o mi sobrina han necesitado cinco. Se asume que a menos años de estudio, menos conocimientos. Dicho esto, la necesidad de impartir más materias médicas es evidente. A mis alumnos de odontopediatría les hablo mucho de pediatría porque lo necesitan”.
 
La visión integral de la Odontología es una premisa que, según la familia Mourelle, no se debería perder pese a la tendencia hacia la especialización. “Toda época tiene sus peculiaridades y siempre hay áreas de la Odontología que despiertan más interés que otras. Hoy la mayoría de los estudiantes se fija sobre todo en los implantes y la ortodoncia, en muchos casos porque es lo que más ingresos puede reportar. Sin embargo, no podemos pensar que la Odontología se limita a eso, el paciente exige mucho más”, asegura la doctora Mourelle Martínez. 
 
Al final, como coinciden en señalar los miembros de esta saga, la economía deja su huella en el día a día de los profesionales. La doctora Marta Real apunta: “Las salidas laborales actuales son muy complicadas para quien no tiene contactos o no forma parte de una estructura familiar. Trabajar para una cadena de franquicias o una aseguradora, con comisiones del 18 por ciento, significa no llegar a fin de mes”. La doctora Cristina Mourelle ahonda en esta perspectiva: “Los precios de algunas cadenas son tan irrisorios que el odontólogo prefiere trabajar de higienista dental”.
 
Pedro Molinero, pese a reconocer que el futuro está complicado, aún ve sitio para la esperanza. “El gancho de la oferta económica está haciendo mucho daño, pero creo que su recorrido a futuro es limitado. La cercanía en el trato y la calidad de los tratamientos son los aspectos que garantizan una estabilidad. Muchos profesionales desean que se abra una franquicia cerca porque entienden que nos les faltarán pacientes rebotados”. La doctora Marta Real también se manifiesta en este sentido: “Estoy de acuerdo con mi primo en la defensa de la calidad, pero el problema es que el paciente no sabe a priori si el profesional es bueno o malo. Él entra a la clínica atraído por un precio y a partir de ahí exige lo que entiende que le prometen”.
 

 

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