• "Creo mucho en el cine como medio para despertar las mentes"

Doctor Javier Blanco Delgado, dentista y director de fotografía de cine

  • 01 de Oct, 2014

Usted estuvo trabajando en Televisión Española durante 15 años y desde hace más de una década compagina el ejercicio en su clínica de Oviedo con el cine, concretamente como director de fotografía. ¿Cómo un dentista como usted llega al mundo audiovisual?  

El mundo de la imagen siempre me apasionó. Desde muy joven he estado haciendo fotografías y esto me permitió en un momento determinado acceder a Televisión Española. Más adelante cumplí el sueño de trabajar en el cine. Mi profesión es la de médico estomatólogo y atender mi clínica de Oviedo es mi prioridad, pero en mi caso el mundo de la fotografía llegó antes que la Odontología. 
 
¿Cómo fueron esos inicios?
Como decía, mi pasión por la fotografía me viene desde joven y ya antes de acabar la carrera de Medicina, en Oviedo, me dedicaba a hacer fotos de todo tipo. De este modo conseguí un trabajo en el diario As y en la revista As Color. Era una época, en la década de los 70, en la que los equipos de fútbol del Real Oviedo y el Sporting de Gijón estaban en primera división y había interés por seguirlos. A mi me gusta el fútbol y decidí que podía hacer fotos y luego intentar venderlas a un medio. De este modo conseguí trabajo para As. Poco tiempo después, tras un partido polémico del que yo había hecho fotos, el periodista Emilio Tamargo, de Televisión Española, me pidió algunas imágenes para el Centro Regional de Asturias, y se las envíe después de solicitar permiso a As. Tanto les gustaron que me propusieron hacer fotos para ellos todas las jornadas ligueras. Así, estudiando Medicina, me vi haciendo fotos todos los fines de semana para As y As Color y para Televisión Española.
Pasado un tiempo, Emilio Tamargo, que además de un gran profesional del periodismo deportivo ha sido una persona que ha tenido mucha importancia en mi vida, me dijo que por qué no intentaba entrar en Televisión Española por oposición, para dedicarme a la foto fija. Me gustó la propuesta, preparé el examen de informador gráfico de prensa y lo aprobé; de manera que empecé a formar parte de la plantilla de Televisión Española. De todos modos, yo seguí trabajando durante un tiempo para As y continuaba con mis estudios de Medicina. No me gusta dejar nada a medias.   
 
¿Y fue escalando posiciones en Televisión Española?
Efectivamente. Al cabo de unos años terminé Medicina y en Televisión Española, concretamente en el Centro Regional de Asturias, me propusieron hacer el examen para ser ayudante de realización, que aprobé en 1972. Así accedí a un Departamento que me enseñó una parte de la televisión totalmente fascinante. Poco a poco fui cogiendo experiencia y llegué al cargo de realizador.
 
¿Pero sin abandonar nunca su formación médica?
Terminé Medicina trabajando en Televisión Española y en aquellos años, e incluso después, yo no tenía intención de dejar ninguna de mis dos vocaciones: la fotografía y la carrera médica. Mi intención era ser médico ginecólogo como mi padre, que ya tenía una importante clínica en Oviedo, pero antes del examen para esta especialidad se convocó el de Estomatología. Decidí presentarme porque era un área que me gustaba y además me podía servir de experiencia para el examen de Ginecología. Pero aprobé y saqué el número cinco de la promoción, así que ya estaba decidido: me haría dentista. 
Durante esta etapa, mi vida empezaba a las ocho de la mañana en un ambulatorio, donde tenía plaza de ayudante de Ginecología; a las diez de la mañana entraba a trabajar en Televisión Española y a las cuatro de la tarde comenzaba mis clases en la Escuela de Estomatología de Oviedo.
 
¿Y llegó el momento de decidir?
Durante los estudios de Estomatología me adaptaron todo lo posible los horarios en Televisión Española, pero cuando acabé la especialidad decidí abrir mi propia clínica. Pertenezco a la segunda promoción de la Escuela de Oviedo y realmente tenía muy buena formación –hoy la mayoría de mis compañeros de estudios son profesionales destacados–. Compaginaba mis dos ocupaciones: durante las mañanas la televisión y las tardes las reservaba para la clínica, pero es cierto que mi cargo de realizador hacía que en ciertos momentos la combinación de ambas facetas no fuera fácil. Había que cubrir eventos deportivos y también hice las tres primeras ediciones de los Premios Príncipe de Asturias. Me encantaba mi trabajo como realizador y lo hacía bien; de hecho, recibí un premio Ondas en 1977 como integrante de los Servicios Informativos de Televisión Española, pero llegó un momento en el que me di cuenta de que la clínica necesitaba mi presencia más horas, porque la cartera de pacientes no paraba de crecer. Así pues, decidí solicitar una excedencia de diez años en Televisión Española, tiempo que me permitiría asentar mi clínica. Una vez pasado este plazo podría volver a la televisión compaginando ambos trabajos. Un cargo de realizador en Televisión Española era un puesto fijo y muy bien remunerado.  
 
¿Volvió a Televisión Española?
Los diez años de excedencia se me pasaron casi sin darme cuenta. Yo tenía en mente mi regreso a la televisión, pero un día recibí una carta del ente público en la que se me anunciaba que habiendo transcurrido los diez años de excedencia y al no haberme presentado al puesto de trabajo, quedaba exento del mismo. Había hecho un mal cálculo y había pasado un mes desde que finalizara el plazo de incorporación. Inmediatamente llamé a Televisión Española, pero no aceptaron mis explicaciones. Por un despiste perdí mi puesto de realizador en el Centro Regional de Asturias. La única solución que me propusieron era regresar como realizador pero en otro centro regional, lo que implicaba abandonarlo todo y empezar casi de cero. Fue una gran decepción porque el trabajo de realizador me encantaba y ya había planificado mi regreso a la televisión ajustado a determinados programas, de manera que pudiera compaginarlo con la clínica. Al final tuve que aceptar la realidad: la televisión se había acabado para mí. 
 
¿Cuándo llegó al mundo del cine?
Sucedió un día de verano, sería el año 2003 o 2004. Yo paso mis vacaciones en Celorio, en el Concejo de Llanes, y allí veranea también el director de cine Gonzalo Suárez, por lo que le conozco de toda la vida y somos amigos. Aunque yo había salido ya de Televisión Española, mi afición por la fotografía y el vídeo no había disminuido. En vacaciones siempre hacía mis películas del verano, que, aunque eran de producción casera, luego las editaba y las enviaba a mis amigos, entre ellos Gonzalo Suárez. Contaba con un buen equipo y una sólida experiencia como cámara, por lo que la calidad era bastante aceptable, sabiendo por supuesto que eran vídeos familiares y para los amigos. 
Gonzalo Suárez conocía toda mi trayectoria desde mis tiempos en As y un buen día me preguntó si me gustaría hacer una película con él. Como somos amigos, lo primero que pensé es que quería gastarme una broma, pero me aseguró que la propuesta iba en serio. Lógicamente, dije que sí, pero no terminé de creérmelo y dejé pasar el tiempo. Yo no había trabajado en el cine y es un mundo por el que tengo mucho respeto, pero la propuesta me sedujo mucho. 
A los pocos días, volví a coincidir con Gonzalo y me contó sus planes para el cortometraje El genio tranquilo, y así es como me convertí en el director de fotografía de esta obra. Es una película que hicimos entre 2005 y 2006 y está rodada en el Oriente asturiano. La trama se desa­rrolla en un mundo mágico, con especial énfasis en el paso del tiempo. Quizá sea difícil de entender, pero reconozco que la fotografía me salió muy bien. Era mi primera incursión en el mundo del cine con una carga de responsabilidad y me sentí muy feliz y satisfecho. Unos años antes había colaborado en el rodaje de El portero, también con Gonzalo Suárez, pero El genio tranquilo supuso que se abriera un nuevo mundo para mí.
 
¿Qué vino tras El genio tranquilo?
Unos meses después de finalizar este corto, Gonzalo Suárez me propuso encargarme del making off de su película Oviedo Express, que se estrenó en 2007. Es una película en la que un grupo de comediantes llega a una ciudad, Oviedo, para representar la obra La Regenta. Su presencia altera totalmente la vida cotidiana, incluida la de su alcalde. En este proyecto realicé el making off porque la fotografía la hizo Carlos Suárez, hermano de Gonzalo y que es quien se suele encargar de este cometido en sus películas. Además, también tuve un papel destacado en la producción de la película, ya que estuve intercediendo para conseguir que el Ayuntamiento de Oviedo respaldara económicamente el proyecto. Al entonces alcalde, Gabino de Lorenzo, que es gran amigo mío, le convencí para que el Consistorio nos aportara más de un millón de euros. 
La película salió muy bien, aunque en Oviedo generó mucho revuelo porque precisamente el alcalde de la ficción no salía muy bien parado –había líos de faldas de por medio–. Gonzalo Suárez es un genio dirigiendo, pero también aporta una visión particular que hace que nadie  pueda quedar indiferente. 
Particularmente, Oviedo Express supuso una experiencia muy grata. Fueron cuatro meses de rodaje: en Oviedo se filmaron todos los exteriores y en unos estudios de Madrid los interiores.
A partir de ese momento, he hecho una serie de tres cortos con Alberto Pardo, un director asturiano con el que me entiendo muy bien. Son los titulados Historia de una casualidad, Entaina y Enero del 13. También tenemos dos largometrajes preparados: uno será Entaina en versión largo y el otro, que está muy avanzado, es Invisibles, en el que participo como productor.
 
¿En qué consisten estas nuevas películas?
Ya está listo el guión de Entaina, pero estamos más volcados con Invisibles, cuyas localizaciones realizamos este verano. Se desarrolla en el entorno de Llanes y consiste en las historias de cuatro o cinco mujeres que a los ojos de la sociedad resultan invisibles. Son mujeres que cuentan con pocos recursos o viven en un ambiente familiar complejo; todas ellas necesitan recurrir a la ayuda de una trabajadora social, que es el personaje que entronca todas las historias. 
En esta película doy el salto a la producción porque deseo dejarle la fotografía a alguien que sea más experto que yo en los tipos de cámaras que vamos a utilizar: cámara lenta, steadycam, grúas, etcétera. Creo que podría hacer bien la fotografía, pero prefiero no correr riesgos en lo técnico. Me encargo de la producción porque confío en el guión y en la mano de Alberto Pardo para dirigir. No obstante, la labor de conseguir dinero no es nada fácil. Contaremos con una pequeña ayuda pública, pero necesitamos una suma importante. 
 
Poco a poco va haciendo camino en el mundo del cine.
Así es. En algo más de diez años he conseguido introducirme en este mundo, aún con mis limitaciones de disponibilidad, y no creo que me baje de este tren. Además, en breve entraré como académico en la Real Academia del Cine, lo que es un gran honor. Tengo un bagaje reseñable de trabajos y estoy apoyado por directores como Gonzalo Suárez, José Antonio Quirós, con quien colaboré en Cenizas del cielo, y Tom Fernández, ya que también estuve en el rodaje de La torre de Suso. 
 
Cuando trabaja en el cine, ¿cómo plantea a directores o productores su situación laboral de dentista con clínica propia que atender?
Todos saben que soy médico estomatólogo y necesito compaginar el rodaje con mi consulta, pero todo se consigue a base de sacrificar horas de sueño, tiempo con la familia y algunas horas de la consulta. A veces puedo cogerme el viernes para hacer un fin de semana de tres días y no es raro que en los días de rodaje me tenga que levantar a las cuatro de la madrugada para empezar a rodar a las seis, porque la primera y la última hora del día son las que tienen mejor luz. 
Pero no sólo hay que contar con el rodaje, como director de fotografía o productor también invierto mucho tiempo en preparar las localizaciones, que hay que buscar escena por escena. Para decidirlas, vamos el director, el productor y yo, como director de fotografía. Generalmente, el director propone, el director de fotografía remarca los pros y los contras, o hace sus propuestas, y finalmente el productor, tras escuchar las necesidades técnicas, pone todas las limitaciones presupuestarias.   
 
¿Cómo prepara su trabajo el director de fotografía de cine?
El primer paso es leer el guión. Si éste te engancha, ya tenemos mucho ganado. También se hace una lectura conjunta del guión con el director y el jefe de iluminación, para definir, escena por escena, las localizaciones y los medios que se necesitan. Ya en el rodaje, hay que definir los encuadres, los planos que se van a tomar, los movimientos de cámara, el tipo de luz, etcétera. 
Gracias a mi paso por Televisión Española, como fotógrafo, operador de cámara, ayudante de realización y realizador, controlo perfectamente toda la parte técnica, así como el apartado de costes. No obstante, es cierto que nunca soñé en mi juventud con que llegaría a hacer películas. Estoy capacitado y cuento con un buen equipo de rodaje, pero el paso decisivo fue decir sí a Gonzalo Suárez cuando me propuso rodar El genio tranquilo. 
 
¿Cómo se caracteriza su trabajo de fotografía en el cine?
Me gusta mucho la fotografía natural y en determinados momentos busco matices cálidos. También soy un apasionado de los primeros planos, porque la cara del actor expresa cosas que van más allá de los diálogos. Cuando hay buena sintonía con el director, y esto en mi caso casi siempre es así, si veo que la cara del actor no expresa lo que buscamos, aviso con un gesto al director para que corte el rodaje. En el cine hay muchas escenas que se pueden repetir cuarenta o cincuenta veces hasta que se consigue que todo encaje: diálogos, expresiones faciales y corporales, movimientos de cámara, etcétera. 
Por supuesto, la figura más exigente de un rodaje es el director, pero el director de fotografía tiene mucho peso y sus indicaciones se suelen escuchar con atención. Un guión normal puede llegar a ser una buena película gracias a la fotografía y la iluminación, del mismo modo que una mala fotografía puede echar por tierra una película.  
 
¿Qué es lo más difícil para un director de fotografía?
Entender a un director. Bajo mi punto de vista, lo primordial es que te guste el guión y después hablar mucho con el director para llegar a consensos o comprender perfectamente lo que quiere. No es mi caso, pero sí veo a compañeros que asumen trabajos cuyas historias no les dicen nada. En esos casos puede salir un buen resultado, pero no será tan excelente como si te implicas y te metes dentro de cada escena. 
Hablar con el director, que en muchas ocasiones también es el guionista, ayuda mucho, y luego en el rodaje también es fundamental llevarse bien con el ayudante de dirección, que es quien coordina a todos los profesionales que participan en la película. 
 
¿Para un director de fotografía es fundamental conocer previamente las localizaciones?
Mi caso es un poco particular porque por limitaciones de tiempo casi siempre debo rodar en Asturias, pero ciertamente hay que conocer muy bien la zona para evitar errores o sorpresas desagradables. Una vez tenemos las localizaciones, en el rodaje es el ayudante de dirección quien se encarga de prepararlo todo. Él programa todos los días ajustando los tiempos y las escenas. En el cine no se puede estar yendo y viniendo a un mismo sitio según discurre la historia; si hay escenas de playa al principio y al final, se graba todo a la vez y luego se encargará el editor de montarlo. Siempre se reparte una escaleta del rodaje del día siguiente y si se van a realizar exteriores y se estropea el día climatológicamente se recurre al plan B, que no puede faltar. Los que estamos acostumbrados a rodar en el Cantábrico sabemos mucho de clima cambiante y no es nada fácil. Cuando se corta un rodaje, ya sea por mal tiempo, falta de luz u otra circunstancia, el script debe anotar exactamente el tipo de luz, la intensidad, el tono, etcétera. En edición se pueden salvar algunas cosas, pero es mejor tenerlo todo bien controlado. 
 
¿Qué relación tiene el director de fotografía con los actores?
Muy buena. Como en todas las profesiones, siempre hay algunos actores más simpáticos que otros, pero por lo general son todos muy cercanos. Gonzalo Suárez es una bellísima persona que suele rodearse de actores que son como él. He tenido la suerte de trabajar con actores de primera línea como Aitana Sánchez Gijón, Carmelo Gómez, Jorge Sanz o Maribel Verdú, que son, en primer lugar, grandes profesionales de su oficio, pero también transmiten mucha cercanía y siempre se muestran muy dispuestos a escuchar al director de fotografía. Ellos, que son muy inteligentes, siempre buscan afinidad con el responsable de la fotografía porque les interesa mucho salir bien en el plano. Desean que la película quede bien, pero también es cierto que buscan su propia proyección. 
 
¿Qué parte del coste de una película se destina a la fotografía?
El Departamento de Fotografía siempre debe entenderse unido al de Iluminación. Estos dos conceptos pueden suponer un tercio del coste de una película. Son cantidades importantes, pero es que tras ellas hay mucha técnica, mucha inversión en equipos y el trabajo de profesionales imprescindibles. Ya decíamos que un director de fotografía puede encumbrar una película, pero lo mismo ocurre con el encargado de iluminación, el gaffer, que es quien puede solucionar muchas escenas. Los gaffer son de los profesionales más listos que he conocido en el mundo del cine.
 
¿Está suficientemente valorada la fotografía dentro del cine?
Mucho. En España contamos con grandísimos directores de fotografía, tales como Javier Aguirresarobe o el fallecido Luis Cuadrado. En las escuelas de cine la formación de un director de fotografía puede durar unos cuatro años. 
Los críticos de cine, los que realmente saben, suelen respetar mucho la fotografía y generalmente no son muy duros con nosotros; principalmente porque si la fotografía es mala la película no tendría expectativas de éxito.  
En cuanto al público, hay una parte del mismo que sí sabe apreciar el cine en toda su magnitud: atrezo, caracterización, fotografía o iluminación, pero también hay otra parte de los espectadores que sólo se queda con la historia y los actores. 
He participado en películas que sí han tenido el respaldo de la taquillas y otras que no lo han conseguido igual, pero de todas ellas estoy muy orgulloso. Cuando el público no entiende una película se crea un sentimiento de tristeza porque ves que no se ha asimilado la propuesta, pero siempre en mi interior queda el esfuerzo realizado y el convencimiento de que mi parte la hice lo mejor que supe.  
 
¿Se queda con el cine o la televisión?
La televisión es un mundo que me llenaba mucho en mi papel de realizador. Me encantaba el ambiente, la tensión de los programas en directo, el hecho de tener que estar plenamente activo mentalmente. No es un trabajo fácil, porque en buena parte conseguir que la televisión sea agradable es obra del realizador; no hay nada más aburrido que un busto parlante. Sin embargo, ser realizador en televisión también implica vivir en continuo estrés, los errores en directo no tienen vuelta atrás y además tenemos la presión constante de la audiencia. Tengo muchos recuerdos agradables de mi época en televisión y allí logré grandes amistades. 
Sin embargo, si tengo que elegir entre la televisión y el cine me quedo con este último. Me encanta trabajar al aire libre, que para quienes estamos siempre metidos en una clínica nos libera mucho. Una película puede rodarse en interiores o en exteriores, pero es que un realizador de televisión siempre está en un estudio. También el cine es mucho más creativo y los continuos cortes te permiten pensar más las tomas: si algo no te convence, puedes repetir.  
Mi paso por la televisión estuvo muy ligado a la actualidad, a informaciones de todo tipo o la cobertura de los Premios Príncipe de Asturias, pero el cine es puramente ficción. Al final el cine se resume en contar una historia a base de trampas.
 
¿Qué tipo de cine le atrae?
Me encanta el cine de acción y también las películas de suspense con sustos “agradables”, pero sobre todo destacaría mi gusto por aquel cine que hace que el espectador piense sobre lo que ha visto y pueda generar un debate con otro espectador. Creo mucho en el cine como medio para despertar las mentes. La película Invisibles va en esa línea: a través de unas mujeres que pasan desapercibidas podemos adentrarnos en las soluciones que se encuentran en la sociedad y en los cambios que se pueden dar a lo largo de toda una vida.
No lo tengo entre mis planes inmediatos, pero me encantaría hacer una película con cámara al hombro, que es donde se ve si un profesional de la fotografía es bueno o no. 
 
¿Hasta dónde quiere llegar en el cine?
No tengo unas metas excesivamente ambiciosas, pero sí sueño con poder dedicarle algo más de tiempo. En mi clínica trabajo con mi mujer, que es la encargada de la higiene, y mis dos hijas, Inés y Covadonga, que son odontólogas. Es complicado en estos momentos poder plantearse una retirada, porque además aún me quedan bastantes años de ejercicio, pero sí me gustaría poder dedicarme por entero al cine una vez deje la clínica. Quizás cinco o seis largometrajes serían una buena filmografía. También todo depende de lo que me ofrezcan: tanto como director de fotografía como productor sólo voy a implicarme en proyectos que me gusten. Mi profesión como estomatólogo me permite no ver mi trabajo en el cine bajo presiones económicas. 
 
¿Saben sus pacientes que tiene esta dedicación al cine?
Algunos sí, pero no todos. Me han hecho algunas entrevistas en medios locales y algunos pacientes han comprobado que su dentista también se dedica al cine. Esto hace que algunos pregunten, otros hagan comentarios positivos y siempre habrá quien piense que el cine es un pasatiempo que me sirve para vivir bien. De todos modos, siempre intento diferenciar mucho una faceta y la otra. En la clínica soy mucho más serio y, aunque tengo muy buen ambiente en ella, sí me gusta esa sensación de rigor y seriedad que exige todo lo relacionado con la salud. 
 
¿Qué tipo de Odontología hace?
Realizo muchos tratamientos de implantología y trabajo muy a menudo con sedación consciente, pero sobre todo se me reconoce por mi labor con pacientes discapacitados, ya que atiendo a muchos disminuidos físicos y psíquicos. También, gracias a la sedación consciente, cuento con muchos pacientes que requieren tratamientos en una única sesión, ya sea por fobia al dentista o por el hecho de no disponer de tiempo.
 
¿Por qué ese interés por los pacientes especiales?
Cuando acabé Estomatología estuve trabajando en la Escuela en la asignatura de pacientes especiales y empecé a ver que había mucha gente que necesitaba un dentista y pocos profesionales estaban dispuestos a cubrir esta demanda. A los paralíticos cerebrales o los Síndrome de Down se les rechaza en muchas clínicas por miedo a no saber tratarlos en cuanto a cómo manejarlos en la clínica. 
En mi centro, a estos pacientes se les trata como a uno más. Hay una serie de técnicas que se deben aplicar con una persona disminuida psíquica, pero nada de utilizar diminutivos o excesiva ternura. Un discapacitado no es una persona tonta, es más, a estas personas no les gusta que se les trate como seres inferiores. Mi mujer, mis hijas y el resto del personal saben que el disminuido psíquico se siente reconfortado si percibe contacto humano, por eso es importante tocarles, pero a la vez hay que ser claros y precisos en las órdenes. No me considero un dentista especial, pero es cierto que conmigo todos estos pacientes se muestran colaboradores y abren bien la boca. 
 
¿Es rentable atender a este tipo de pacientes especiales?
Utilizar sedación consciente aumenta el coste del tratamiento, pero ante esto yo bajo mis precios. Por desgracia, muchas familias de pacientes especiales son humildes, pero la gran desgracia es que la Seguridad Social no atienda a los pacientes discapacitados como se merecen. Llevo mucho tiempo en este terreno, aprendí con el doctor Manuel Bratos Murillo, y estoy muy contento de atenderles porque percibo su cariño y su agradecimiento. 
 
Además de su trabajo en la clínica, también ha tenido experiencias odontológicas de índole humanitario en el Sáhara. ¿Qué recuerdo tiene de estas labores? 
Estuve yendo tres veranos con toda mi familia a atender a la población saharaui que vive en campamentos de refugiados en Argelia. Es una labor dura, porque estás trabajando en una clínica precaria desde que amanece hasta que anochece, pero a la vez es muy gratificante personalmente. Íbamos con equipos en los que también había profesionales de otras especialidades médicas y contábamos con el apoyo del Ayuntamiento de Oviedo, pero desa­fortunadamente nos hemos visto obligados a dejarlo temporalmente por la inseguridad que vive esta zona de África. Estos viajes humanitarios me han reportado mucho. Es cierto que se practica una odontología limitada por los medios disponibles, pero lo importante es que si no lo hacemos nosotros no lo hace nadie. Hay pacientes que se pasan una noche entera de viaje para poder llegar al consultorio a la mañana siguiente. 
Además, también para mí ha sido muy agradable compartir esta labor con mi mujer y mis hijas. 

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