• "El partido hay que pelearlo y se juega para ganar, pero una vez que acaba no queda ningún rencor"

Doctor Carlos Oteo Calatayud

  • 31 de Ago, 2015

Tras haber tenido una dilatada trayectoria dentro del rugby de primer nivel en España, ¿cuál es su relación actual con este deporte?
Mantengo todavía un buen ritmo de partidos en la categoría de veteranos, que es aquella destinada a los mayores de 35 años. Dentro de este amplio grupo, en el rugby hay grandes diferencias según las franjas de edad, por eso nos distribuimos en tramos de diez o quince años. En mi caso, juego en el equipo Pata Negra que es una sección de mi club de toda la vida, el Club Atlético Universitario (CAU), para los mayores de 50 años. Allí donde se celebre un torneo de veteranos mayores de 50 años estamos nosotros. Por ejemplo, el pasado mes de junio estuvimos participando en el EGOR Festival 2015, la décimo tercera edición del European Golden Oldies Rugby que tuvo como sede la ciudad de San Sebastian. Nos juntamos 60 equipos y 1.400 jugadores de todo el mundo. Dos días de partidos y dos días de confraternización.

¿Hasta qué edad se puede practicar rugby?
En mi equipo hay jugadores con 68 años y en alguna ocasión he coincidido con deportistas de 70 años. Para los más veteranos las normas indican que deben jugar con pantalón amarillo; además, no se les puede placar y no pueden correr más de diez metros. Esto se hace para que todos los identifiquemos y no sufran golpes, pero los jugadores de rugby somos muy orgullosos y casi nadie quiere ponerse el pantalón amarillo.
La clave para aguantar mucho tiempo jugando es hacerlo con gente de tu nivel. En el CAU hay una sección de veteranos para gente de hasta 45 o 50 años, el Caurrozas, y nosotros, los del Pata Negra, ya no somos competitivos en ese nivel. Cuando se juega en veteranos lo importante es que nos divirtamos todos.

¿Pero sigue manteniendo el ritmo de entrenamientos?
En mi equipo entrenamos por nuestra cuenta una vez a la semana, menos de lo que deberíamos, y realmente son sesiones duras. Ahora bien, a estas alturas lo que más nos interesa es la parte social, así que después del entreno siempre nos vamos a cenar los compañeros; es nuestro “tercer tiempo”. A los veteranos nos gusta practicar el rugby y divertirnos jugando, pero a la vez siempre intentamos que nadie caiga lesionado. Ya no tenemos que demostrar nada a nadie; de hecho, las amenazas más frecuentes ya no son las lesiones, sino el colesterol y la gota, fruto de la parte lúdica.

¿En veteranos hay competición nacional o regional?
No. Los veteranos jugamos partidos pactados, participamos en galas de varios días o en torneos nacionales e internacionales. Con el equipo Pata Negra hemos estado en Brasil, Malta o República Checa. Los veteranos competimos y salimos al campo a ganar, pero nuestra principal motivación es compartir los desplazamientos y divertirnos. La parte social es la fundamental.

Si nos remontamos a sus inicios en el rugby tenemos que llegar hasta la adolescencia. ¿Por qué eligió este deporte?
Empecé a jugar al rugby con 14 o 15 años porque un compañero de colegio apareció un día con un balón de rugby y nos llamó la atención. Siempre he estado practicando deporte. Con nueve o diez años competía en natación con el Club Vallehermoso, pero era un deporte muy exigente tanto para mí como para mis padres, que tenían que llevarme a entrenamientos todas las tardes. Luego, con unos 16 años pasé al trial, que empecé practicando en Robledo de Chavela (Madrid) todos los fines de semana y acabé compitiendo. Pero, como decía, un día en el colegio apareció un compañero con un balón de rugby y empezamos a jugar. Un hermano de aquel chico formaba parte del Club Atlético Universitario y poco a poco algunos compañeros de clase fuimos practicando, hasta que un día nos integramos también en este club.

¿Tenía condiciones físicas para este deporte?
Afortunadamente, el rugby tiene 15 posiciones y hay espacio para todo tipo de jugadores. Lo fundamental es saber dónde encajas según tus cualidades. Los delanteros suelen ser corpulentos y la línea de tres cuartos se forma por gente rápida, pero un jugador de baja estatura puede jugar de talonador y uno alto de segunda. Yo empecé jugando de apertura y luego pasé a centro, que son posiciones muy próximas. La de apertura es la posición desde la que se distribuye el juego para los tres cuartos y la de centro se encarga de culminar algunas de las jugadas.

¿Cuál fue su evolución hasta llegar a competir en el máximo nivel?
En el CAU empecé como cadete en el año 1972. En aquellos años el club estaba naciendo y se conocía poco el rugby. En Madrid habría cuatro o cinco clubes y en el resto de España algunos más, pero muy pocos. Aquellos primeros años fueron duros porque éramos chicos muy jóvenes y con escaso conocimiento del juego, pero poco a poco fuimos consolidándonos en nuestra categoría. Luego pasé a juvenil y en el segundo año en este grupo logramos ser campeones de España de la temporada 75-76; en la final de aquel campeonato yo ya jugaba de apertura y tuve la suerte de recibir la Copa de Campeones como capitán. Fue mi primer título nacional.
Desde mi etapa en juveniles hasta ahora en veteranos siempre ha estado a mi lado mi compañero de profesión: el doctor Carlos Sanz Alonso, hermano del doctor Mariano Sanz, exdecano de Odontología en la UCM.

¿Pensaba entonces en ser un deportista de élite?
Formamos un buen equipo y todos estábamos muy enganchados al rugby pero, al menos en mi caso, no pensaba en ser deportista de élite. En los primeros años también jugaba al fútbol o al baloncesto, pero llegó un momento en el que el rugby ocupaba casi todo el tiempo libre: entrenábamos tres días a la semana y jugábamos todos los fines de semana, por lo que no había espacio para más deportes.
En mi época, el rugby era completamente amateur en todo el mundo. En países como Francia, donde la tradición y la afición por este deporte es mucho mayor que aquí, sí había ciertas consideraciones laborales para los jugadores de primer nivel, en el sentido de darles facilidades o puestos de trabajo en la Administración, pero en España no. Por lo tanto, no nos planteábamos vivir del rugby.
Hoy en día este deporte ya es profesional en algunos países y, aunque los jugadores ya pueden vivir de él, el problema que vemos es que donde no hay suficiente movimiento económico se producen casos de jugadores que cuando dejan la competición de primer nivel se encuentran que no tienen ningún tipo de ocupación, porque no se han labrado su futuro más allá del deporte.

España nunca ha sido una potencia en rugby. ¿Por qué?
No teníamos ni tradición ni medios. Hace falta una cadena de factores para que se genere afición. No había interés de las cadenas de televisión para seguir el campeonato nacional, por lo tanto no se generaba el movimiento económico de la publicidad y sin esos ingresos no puedes costear buenos jugadores. Hay países que sin tener una gran tradición sí han apostado por el rugby, como es el caso de Italia que compite en el torneo más importante: el Seis Naciones. En Italia se favorece que las empresas inviertan en deporte mediante desgravaciones fiscales.
En la actualidad, en España el rugby está profesionalizado pero sin recursos, por lo tanto los jugadores tienen mucha dedicación pero, en general, no logran suficientes ingresos para vivir sólo del deporte.

Después de su etapa como juvenil dio el salto al primer equipo. ¿Cómo se produjo ese paso?
En mi segundo año como juvenil me concentraron para un partido de la final de la Copa con el primer equipo del CAU, pero aquello fue algo puntual. Llegué a la categoría senior después de dos años como juvenil, y los inicios en el primer equipo fueron muy positivos. En la temporada 77-78 pasé a categoria senior y jugué de centro y en alguna ocasión de apertura. Aquel año quedamos, por segunda vez consecutiva, campeones de la Copa del Rey. En la temporada 79-80 logramos ser campeones de Liga, y en 1982 me convocaron por primera vez con la selección española.

¿Llegar a la selección española fue el culmen de su carrera?
Aunque hay una selección europea, para un deportista español que se dedique al rugby, jugar en la selección nacional es lo máximo. Me estuvieron convocando durante cuatro años. En Europa hay dos grupos de selecciones y España está en el segundo nivel, pero para mí fue muy especial jugar contra Portugal, Alemania o Suecia.
El partido más importante que jugué, por la calidad del rival, fue un España-Nueva Zelanda (Maorís). Como anécdota, hay que destacar que estuvimos tres minutos ganando 3-0, aunque luego perdimos 65-3. Recuerdo que aquel partido lo jugamos en la Ciudad Universitaria de Madrid y en el minuto tres ya había gente en el público pidiendo la hora al árbitro.
También otro partido muy importante fue un España-Gales que jugué con la selección sub-23.

Después de su etapa en la selección española, ¿cuándo se planteó ir bajando el ritmo de competición?
Mi etapa descendente se inició a partir de los 30 años, aunque aún estuve cuatro o cinco años jugando en el primer equipo de mi club con los compañeros que se iban incorporando. No había una gran cantera y los veteranos éramos los encargados de mantener el nivel.

¿Era fácil en su caso compaginar sus estudios de Medicina y Estomatología con el deporte?
La competición nacional por equipos y las convocatorias con la selección me quitaban mucho tiempo, pero era algo que compaginaba bien porque los horarios de los entrenamientos en mi club eran por las tardes y las competiciones los fines de semana, así que yo podía ir a clase sin dificultad.
No obstante, no había una gran sensibilidad con el deporte en los estamentos académicos. En una ocasión, estando en Estomatología me concentraron con la selección española para hacer una gira por Inglaterra y Gales y justo coincidía con un periodo de prácticas en la facultad, así que no me dieron permiso para ir, porque las prácticas eran lo primero. Evidentemente, yo decidí marcharme, aunque me suspendieron para septiembre. La asignatura la recuperé. Los partidos que jugué eran irrecuperables. En estos momentos soy tutor de los deportistas de élite en la Facultad de Odontología de la Universidad Complutense, y mi función es ayudar a estos alumnos a que puedan compaginar estudios y deporte.

El mundo del rugby ha estado tradicionalmente ligado al ámbito universitario. ¿Por qué?
En el pasado era así porque las universidades eran las que tenían las instalaciones para practicarlo y el ambiente de camaradería que tiene el rugby encaja perfectamente entre los estudiantes. Mi equipo es el Club Atlético Universitario porque nuestros orígenes están en la Universidad. Otro club muy importante era Arquitectura, donde estuvo jugando mucho tiempo el doctor José Carlos de la Macorra, decano de la Facultad de Odontología de la UCM.
Con el paso del tiempo, en el ámbito del rugby han ido surgiendo nuevos clubes ligados a los ayuntamientos, que son las entidades que han facilitado las instalaciones y parte de la financiación.

¿Qué aporta a un joven practicar este deporte?
En el rugby el físico es importante, pero hay aspectos aún más reseñables, como son la valentía, la nobleza o la sensación de equipo, porque en este deporte los logros son siempre de todo el colectivo.
El rugby es duro porque hay que dar la cara, pero también es muy noble. Es un deporte que se suele asociar a personas fuertes, pero realmente cabemos todos. El jugador grandón tiene más puntos débiles que otros, porque es más fácil de placar; sin embargo, el jugador bajo y escurridizo es más difícil de parar.

Siempre se destaca del rugby su nobleza y su caballerosidad. ¿Cómo se concibe el contrario?
El partido hay que pelearlo y se juega para ganar, pero una vez que acaba no queda ningún rencor. En mi época era muy habitual que tras un partido los dos equipos quedáramos y saliéramos juntos por la noche. Yo conocí al doctor De la Macorra en un campo de rugby y la relación no empezó muy bien. Éramos adversarios. En los partidos CAU-Arquitectura saltaban chispas en el campo. Como era de esperar, se organizó un rifirrafe, precisamente entre el doctor Carlos Sanz (CAU) y el doctor De la Macorra (Arquitectura). Según llegabas, te sumabas al grupo y, por defender a un compañero de equipo y amigo, le propiné un puñetazo al doctor De la Macorra que lo dejó tumbado en el césped inconsciente. Ya por la noche, él me preguntaba: "¿Por qué?". Como no sabía qué respuesta darle, se me ocurrió una frase cursi: "Son lances del juego". 
Al cabo del tiempo, cuando yo estaba terminando Odontología, él me abrió las puertas de su consulta para seguir aprendiendo a su lado. Durante más de 30 años hemos sido compañeros de Departamento. Actualmente, él es decano y la relación es buena, pero si tengo alguna duda o desacuerdo con él, pienso que ya le di... Todo siempre sin rencor.

¿Está satisfecho con su trayectoria o hubiera deseado algún triunfo más?
Lo más satisfactorio que me queda del rugby es la gran cantidad de amigos que he tenido a mi lado y lo bien que me lo he pasado haciendo este deporte. Es verdad que mi equipo consiguió triunfos en unos años en los que hubo muy buenos jugadores, pero más que con las victorias me quedo con lo que me aportó en el plano personal.
El CAU tuvo muy buen equipo en un momento determinado, que duró casi 15 años, pero a medida que nos fuimos retirando los de mi generación nos quedamos sin una cantera preparada. Esto ocasionó un bajón importante y llegamos a descender de categoría. Ahora estamos en segunda división.

Más allá de la práctica deportiva, también ha estado vinculado al mundo del rugby desde la parte de la gestión.
Así es. Fui presidente del CAU durante diez años. En la época de las dificultades, el club necesitaba que alguien echara una mano y tomara las riendas, y eso hice. Fue una etapa difícil, pero conseguimos quedarnos con las instalaciones que hay en Orcasitas, en Madrid. Eran unos campos que tenía la Federación Española de Rugby y conseguimos que nos diera la concesión.
Asimismo, fui vocal en la Junta Directiva de la Federación Española de Rugby durante unos seis años y también de la Federación de Madrid.

¿Qué hace falta para crear cantera en el rugby?
Lo fundamental es el trabajo en los colegios, pero en ellos no suele haber instalaciones preparadas para este deporte. También hace falta que la gente joven tenga la ilusión por practicar este deporte y para eso son necesarios los referentes, y en España eso tampoco lo tenemos.
Las reglas del rugby tienen su complejidad, pero en cuanto se conocen las más básicas ya empiezas a disfrutarlo. Es un deporte espectacular y aunque no se entienda completamente, al público le gusta. Durante mucho tiempo en Televisión Española estuvieron retransmitiendo rugby en La 2. Era el campeo­nato Cinco Naciones y tenía una audiencia considerable. Pero las televisiones públicas dejaron de apostar por este deporte y hoy el Seis Naciones se emite por una televisión de pago.


Su trayectoria en el ámbito del deporte ha discurrido en paralelo a sus ocupaciones odontológicas. ¿Cómo apareció la Odontología en su vida?
Cuando estaba jugando y estudiaba Medicina lo que me resultaba más atractivo era la Traumatología, pero no llegó a convencerme del todo porque ni los propios jugadores hacíamos caso a todas las indicaciones del traumatólogo. Luego me planteé Medicina Deportiva, porque era un área que no tenía aún un gran desarrollo en España pero sí prometía mucho. Sin embargo, cuando terminé Medicina en el año 1981 mi hermano mayor, el doctor Agustín Oteo, ya había terminado Estomatología y él me recomendó ser dentista. No estaba muy convencido, pero en aquella época salíamos 18.000 médicos al año para 3.000 plazas de MIR, así que pensé que laboralmente la Estomatología era una buena salida.
La Odontología era un mundo que más o menos conocía bien porque mis hermanos y yo siempre hemos tenido una relación estrecha con los hermanos Sanz Alonso. El doctor Mariano Sanz fue mi compañero de colegio desde los cuatro años y, a su vez, mi hermano Jesús Oteo era compañero de colegio del doctor Carlos Sanz. Además, Carlos y yo jugábamos en el mismo club de rugby. La relación entre nuestras familias era muy cercana y recuerdo pasar muchas tardes en la casa-consulta que tenían los doctores Sanz en la calle Hilarión Eslava, en Madrid, y el olor a eugenol que había al entrar.
La especialidad la hice con mi hermano Jesús, ya que él tuvo que esperar un año para ingresar en la Escuela de Estomatología. Luego, tres años más tarde se sumó también a esta profesión mi hermana Dolores.

Entró en la Universidad Complutense como alumno, pero ya no se desvinculó nunca de esta entidad. ¿Por qué dio el paso de compaginar clínica con profesorado?
Cuando hice el examen de ingreso quedé entre los cinco primeros y los que teníamos mejores notas pudimos elegir un Departamento para ser alumnos internos. Yo elegí ser alumno interno en el Departamento de Conservadora, y a partir de ese momento me empecé a vincular con la labor docente.
Cuando acabé la especialidad, en el año 83, me quedé como colaborador. Hice un posgrado de odontología conservadora de un año de duración –con los doctores Javier García-Barbero, mi maestro, y Pedro Ruiz de Temiño– y en él permanecí como profesor, y a la vez también era ayudante de prácticas.

Ya acumula 30 años como profesor. ¿Cómo ha evolucionado la docencia en este tiempo?
Ha habido diferentes épocas. Mis primeros años de profesor coincidieron con las últimas promociones de estomatólogos. Recuerdo que la especialidad de dos años pasaba muy deprisa y había cierta desconexión entre los alumnos y la enseñanza. Luego, con la incorporación de la Odontología, ya teníamos un perfil de estudiantes mucho más jóvenes, sin conocimientos previos de Medicina, pero que por estar cinco años en la facultad se integraban más en ella. A pesar de que siempre se asocia la juventud con la falta de madurez y pueda generarse la impresión de que ahora están menos preparados, cada día estoy más convencido de que los estudiantes de hoy están haciendo las cosas muy bien. Salen bien preparados, pero les pasa lo mismo que a los médicos y necesitan varios años de formación mediante cursos de posgrado.
El problema que tenemos es que, lamentablemente, no hay plazas suficientes para todos los que las solicitan. En mi época había un número razonable de dentistas en España y hoy sin embargo el mercado está saturado. La gente joven hace un gran esfuerzo para sacar sus estudios, el Estado también hace un esfuerzo asumiendo los costes de su formación y al final estos dentistas se tienen que marchar a otros países para poder trabajar.

El Máster de Odontología Estética de la UCM, que usted dirige, acaba de cumplir 20 años. ¿Cómo surgió este posgrado?
Dentro del área de conservadora siempre hemos estado muy vinculados con las resinas compuestas directas; teníamos la inquietud de lograr muy buenos acabados. Desde 1984 hasta la actualidad, en España hemos tenido la suerte de que se organizaran cursos y congresos sobre esta materia con distintos conferenciantes americanos muy afamados. Los organizaba el doctor Jaime Gil, a quien siempre hay que estar agradecido. Yo asistía a esos cursos de la Universidad del Sur de California y me generó bastante inquietud darme cuenta de lo bien que trabajaban en Estados Unidos. Era una Odontología con resultados estéticos de gran nivel. A partir de ese momento, tuve ocasión de ponerme en contacto con un decano de la Universidad de Los Ángeles (UCLA) que vino a Madrid de año sabático, era el profesor Robert Thye, y él me invitó a ir a Los Ángeles durante tres meses como visiting schoolar, para así conocer cómo organizaban ellos la docencia. Allí conocí al doctor Bruce Crispin que estaba fundando el Centro de Odontología Estética en UCLA.
De esta manera pude conocer la odontología estética. En España se empezaba a utilizar el concepto de “estética”, pero siempre como complemento de un área: conservadora estética, implantología estética o periodoncia estética.
Pero llegó un momento en el que la odontología estética tomó cuerpo como disciplina, unificando una formación específica dedicada a un tipo de paciente que demanda tratamientos con fines estéticos. Esos pacientes cada vez se dan en mayor número y hay que darles una solución concreta y muchas veces integral. En odontología estética participan especialistas de muchos campos, pero siempre coordinados por el profesional especialista en odontología estética. Hace mucho tiempo, cenando con el doctor Juan Canut, al que he tenido siempre una gran admiración, tanto en el terreno profesional como en el humano, éste acuñó el término “cosmetólogo”, y a mí me parece muy acertado. Somos especialistas que dirigimos equipos de profesionales para que el paciente obtenga el resultado estético que busca.

¿Quién marca las expectativas, el paciente o el especialista?
El paciente tiene sus expectativas y hay que escucharlas pero, una vez hecho esto, hay que valorar si son expectativas reales o no. Siempre se debe hablar con el paciente y decirle lo que se puede conseguir y lo que no.
El mundo de la publicidad, de la moda o del cine ponen el listón muy alto en las expectativas de los pacientes, pero también hay que decir que esas dentaduras perfectas no siempre son reales. Hay algunos pacientes que pueden conseguir una imagen idílica porque reúnen condiciones para ello, pero esto no es lo general. El problema lo tenemos cuando una persona no tiene esas condiciones idóneas y se fija una expectativa inalcanzable. En estética, la motivación interna del paciente lo es todo. Un paciente que valora su estética hace el esfuerzo máximo para conseguir lo que desea.

¿Hay diferentes visiones entre los que anteponen la salud o la función y los que dan prioridad a la estética?
La odontología estética es el conjunto de tratamientos que ofrecemos a los pacientes que nos demandan resultados estéticos. Pero en este terreno no hay que saltarse la función, porque entonces no tendría valor nuestro trabajo. No obstante, sí es cierto que en algunas ocasiones se sacrifica algo la función por la estética, siempre con la información y el consentimiento del paciente. Noso­tros hacemos estética cumpliendo con la función, pero es el paciente quien marca sus prioridades. Un especialista bien formado siempre dará un buen tratamiento. Por eso defendemos que los que se dediquen a la odontología estética tengan una formación multidisciplinar adecuada para ofrecer los mejores resultados a los pacientes.

¿También desean un reconocimiento como especialistas?
Al no haber especialidades reconocidas en España, éste es un tema difícil. Si atendemos a las sociedades científicas acabaríamos aprobando infinidad de especialidades, porque todo el mundo ve su parcela como la más importante. Nosotros no queremos entrar en esa lucha en este momento, sino garantizar a los pacientes buenos resultados, para lo cual habría que ordenar la formación de los profesionales que tratan a esos pacientes.

Técnicamente, ¿hacia dónde va el desarrollo de la odontología estética?
Dando por hecho el capítulo de la anestesia, en lo relativo a la adhesión se va hacia una odontología más conservadora, más aditiva que sustractiva. Otro paso importante ha sido la implantología, puesto que ya no tenemos que suplir un diente ausente a expensas de estropear los adyacentes.
Ahora estamos ya en el siguiente paso: los sistemas digitales. El Cad-Cam, las impresiones digitales, el diseño digital o el trabajo en 3D son avances muy importantes. Vamos hacia el diagnóstico digital, con predicciones de tratamiento y elaboración de restauraciones digitales.Todo este tipo de avances digitales también ayuda a que el paciente acepte el tratamiento.
En nuestros cursos se habla de cómo comunicar con el paciente. En todas las empresas hay estrategias para comunicar emocionalmente un servicio. En nuestro caso, según cómo lo hagas, habrá más o menos éxito en cuanto a la aceptación de los tratamientos.
En odontología estética se comunica emocionalmente y el paciente deja de contemplar un precio y ve un valor. Lo importante en estética es no vender lo irreal, sino comunicar lo que se puede hacer en un caso concreto de forma predecible y real. Con los sistemas digitales se puede apreciar un antes y un después y el paciente constata cómo puede quedar tras el tratamiento. Sus emociones le dicen: “yo quiero ser así”.

En su máster ya se han formado 92 profesionales, y ahora usted y otros compañeros de este posgrado han creado el Grupo de Estudio de Odontología Estética (OE Grupo). ¿Con qué fin?
En estos momentos hay que trabajar en equipo y aunar los esfuerzos de todos. Es algo similar a lo que sucede con el rugby. En los últimos tiempos, los profesores que participamos en el Máster de Odontología Estética de la Universidad Complutense hemos visto que la odontología estética debe tener un reconocimiento y para ello es necesario hacer un trabajo en equipo. En el OE Grupo hay 17 miembros fundadores, pero tenemos 92 posibles integrantes, que son todos los alumnos que han pasado por el máster; además, también invitamos a que se sumen todos aquellos profesionales interesados en desarrollar y trabajar por y para la odontología estética.
El grupo tiene su germen en Madrid, pero contamos con personas de varios puntos de España e incluso de Portugal. Todos los que quieran trabajar son bienvenidos.

¿Cómo es la manera de trabajar del OE Grupo?
Nos dedicamos a varios aspectos. Por un lado, debemos estructurar una reivindicación para que todo el mundo entienda lo que hacemos y qué reconocimiento debe tener la odontología estética. Estamos creando una imagen con la que darnos a conocer a administraciones, compañeros y pacientes.
Por otra parte, queremos que todos los dentistas que están en sus clínicas de una forma aislada se agrupen y todo lo que hacemos en nuestro día a día lo pongamos sobre la mesa y lo valoremos. Queremos explicar a los pacientes la odontología real que hacemos. No queremos líderes de opinión que nos den lecciones, cuando nosotros, en nuestro día a día, hacemos cosas diferentes. Para analizar lo que realizamos en nuestras consultas vamos a crear grupos de trabajo y así valoraremos casos clínicos específicos. Por ejemplo, con 50 dentistas proponiendo cinco casos cada uno obtendremos 250 casos que se evaluarán uno a uno. Así podemos decir lo que estamos haciendo, su durabilidad y los resultados. A partir de los resultados, ajustaremos protocolos discutidos y consensuados por todos para trabajar en la clínica y volver a evaluar lo que hacemos. En cinco años, esperamos poder plantear formas de trabajo en el día a día de la clínica, realizadas por todos los dentistas que con una correcta formación (especializada) ofrezcan una calidad predecible a los pacientes que deseen mejorar el aspecto de su sonrisa.
También tendremos el área de reconocimiento a los buenos dentistas. Consideramos que a todos aquellos profesionales que hacen las cosas muy bien hay que premiarles y decirlo públicamente. Sería como un Board o una acreditación para aquellos dentistas que demuestren con casos clínicos que tiene un nivel muy alto. No hay especialistas en España, pero sí queremos decir que hay miembros acreditados por nuestro Grupo, como hace la Academia Americana de Cosmética Dental.

¿Se compartirán conocimientos con otros grupos extranjeros de similares características?
Estamos intentando llegar a acuerdos con la Academia Americana de Cosmética Dental para potenciar su acreditación. Nosotros queremos que nuestros premios sean el trampolín para participar en los reconocimientos de la Academia Americana, y para eso tenemos que conseguir que la lengua no sea un obstáculo y acepten presentar los trabajos en español.

¿La industria participa en este grupo de estudios de alguna manera?
Sí, porque la industria es parte fundamental de nuestro sector. Una de las cosas que contemplamos en los grupos de trabajo es poner al alcance de las empresas todas las clínicas y sus medios humanos para que sus productos sean analizados y testados. Estamos aportándoles un área de investigación espectacular. Las grandes empresas están interesadas y nosotros también queremos analizar los buenos productos.

Y también está prevista una reunión anual con un carácter especial. ¿Qué es Festética?
Se trata de hacer anualmente una reunión, pero no en la línea del clásico congreso español. Queremos organizar un festival, que hemos denominado Festética, cuyo objetivo es servir de plataforma para el reconocimiento de los buenos dentistas en odontología estética. Es un mecanismo similar a lo que se hace en el cine o la publicidad. Se trata de recoger los trabajos más interesantes del año, valorarlos y premiarlos.
Invitamos a los profesionales a que presenten sus trabajos, un jurado los valorará de la manera más objetiva posible y, finalmente, se premiarán los que alcancen el nivel de la excelencia. Durante el festival se expondrán los mejor valorados.

¿Cuándo y dónde se desarrollará esta reunión?
Festética se desarrollará en el mes de junio de 2016 y la primera edición tendrá lugar en Madrid, seguramente en la Universidad Complutense. En un futuro, la intención es hacerlo durante un fin de semana en Marbella.
El perfil del asistente es todo aquel profesional que tenga curiosidad en saber el nivel que estamos marcando para la excelencia. Ver los trabajos que se presentan nos ayudará a darnos cuenta de qué referencia debemos tomar para llegar a ese nivel. Hay que participar, presentar los casos y perder la vergüenza. Para algunos profesionales puede ser frustrante escuchar que no se hacen bien determinadas cosas, pero las mejoras sólo llegan si nos planteamos cómo podemos hacerlo Se podrá encontrar toda la informacion sobre Festética en la página web de OE Grupo: http://grupoestudio-odontologiaestetica.com.

Si quieres compartir...   

Para escribir un comentario debes ser usuario registrado. Inicia Sesión con tu usuario y contraseña o Regístrate.