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Familia Bermejo

  • Innovación y empatía con el paciente
  • 01 de Dic, 2015

Innovación y empatía con el paciente

El doctor Carlos Más Gómez es un joven profesional que apenas lleva un año ejerciendo de dentista en Murcia. De niño, él no tuvo una especial afinidad con la odontología; de hecho, le daba miedo visitar una clínica. No obstante, de alguna manera el destino quiso que esos temores de infancia se superaran y así descubriera una profesión a la que antes ya se habían dedicado su padre, sus tíos abuelos, su bi­sabuelo y hasta su tatarabuelo, así como varios primos y otros familiares.

El doctor Más Gómez representa hoy la quinta generación de la saga de los doctores Bermejo. Él es el primero que no tiene este apellido, por aquello de ser nieto de una Bermejo; pero esta carencia la suple su padre, el doctor Carlos Más Bermejo, al afirmar con una gran sonrisa que él es el “más Bermejo de todos” –haciendo un juego de palabras con su dos apellidos–.
De las dos primeras generaciones ya fallecieron todos sus miembros, pero aún se mantienen en activo dos doctores de la tercera, los cuatro de la cuarta y, como decíamos, prácticamente acaba de estrenarse el único represente de la quinta.

Durante la entrevista a esta gran familia odontológica estuvieron presentes tres generaciones y seis de los ocho dentistas que aún viven hoy. Los doctores de la tercera generación fueron Ambrosio Bermejo Tudela, que ejerce en Cartagena (Murcia), y Ambrosio Bermejo Fenoll, de Elche (Alicante). Los dos hijos de éste último, los doctores Ambrosio Bermejo Benito y David Bermejo Jover, también con práctica en Elche, forman parte de la cuarta generación junto al doctor Carlos Más Bermejo. Y, como señalábamos, el doctor Carlos Más Gómez, único miembro de la quinta generación. En la entrevista no pudieron estar el doctor Iván Bermejo Montull (de la cuarta generación), que desarrolla su práctica en Lleida, y el doctor Juan Ángel Bermejo Tudela (tercera generación), que ejerció en Cartagena hasta 2012, momento de su jubilación.

Para entender la saga de los doctores Bermejo es necesario remontarse a su historia, pero más aún es preciso comprender su punto de vista profesional. Hoy los miembros de la cuarta y quinta generaciones, e incluso de la tercera, se esfuerzan por desarrollar una odontología vanguardista; sin embargo, el foco principal de su quehacer diario está en el paciente. Como asegura el joven Carlos Más Gómez, “cuando se descubre la verdadera motivación y cuando crees que vales para esto es cuando te sientas ante un paciente y te vuelcas en ayudarle”. El doctor Bermejo Fenoll lo expresa con rotundidad: “nuestro sentir es de profesionales sanitarios; por lo tanto, en las clínicas de esta familia vemos personas, no bocas”.

La singularidad de esta saga se concreta en su volumen y notoriedad, pero también en su adaptación a los momentos que le ha tocado vivir. En la actualidad, ya acumula 114 años de historia odontológica.
El primero de sus miembros dentistas fue el doctor Ambrosio Bermejo Martínez, que en 1901 obtuvo el título de cirujano dentista. Nacido en Molina de Segura (Murcia) en 1865, este profesional se adentró en el campo de los dientes de manera progresiva. El doctor Ambrosio Bermejo Tudela, el mayor de los que aún están en activo, recuerda la evolución de su abuelo: “En su registro como soldado en 1885 aparece como barbero y unos años más tarde, en 1898 obtuvo el título de Practicante de la Universidad de Valencia. Fue practicante municipal del Ayuntamiento de Mazarrón (Murcia), entre cuyas competencias estaba la extracción de dientes. Sabemos que en aquellos años los practicantes que querían convertirse en cirujanos dentistas tenían que hacer unas pruebas en Madrid, y nuestro abuelo las superó, de manera que en 1901 obtuvo el título de cirujano dentista”. El doctor Ambrosio Bermejo Fenoll amplía los datos referentes a su abuelo: “Él podía haberse quedado como practicante en Mazarrón, pero le gustaba todo lo relacionado con los dientes y por este terreno encaminó su trayectoria profesional. Ejerció primero en Mazarrón compaginando las labores de practicante y dentista, pero luego se trasladó a La Unión en 1909 ya trabajando únicamente en la Odontología. Posteriormente, en 1912, se marchó a Cartagena”. El doctor Ambrosio Bermejo Martínez, según relatan sus nietos, fue cambiando su lugar de residencia y trabajo en función de la economía de la zona. “Mazarrón centraba su desarrollo a principios del siglo XX en las minas de plata, pero una vez se hundió este negocio nuestro abuelo emigró a La Unión, donde también había una importante actividad minera. Cuando la economía de este municipio cayó, nuestro abuelo se marchó a Cartagena, que por aquellos años empezaba a despuntar por su puerto marítimo”, explica el doctor Bermejo Tudela, quien recuerda que su abuelo incluso hacía viajes a Orán (Argelia) para pasar consulta durante algunas semanas en sus primeros años de ejercicio.

No se puede negar que el primero de los dentistas Bermejo tuviera afán de progresar en su profesión y se supiera relacionar con los precursores de la misma. Según los documentos que guarda la familia, se sabe que durante su época formativa en Madrid tuvo una relación de amistad con el doctor Florestán Aguilar.

En Cartagena, se estableció primero en la Plaza del Prefumo y después en la Puerta de Murcia, donde creó además su propio laboratorio de prótesis dental. En aquel ambiente de gran intensidad de trabajo, el doctor desarrolló una actividad clínica que cobró un gran prestigio y reconocimiento en la zona. “Mi abuelo era una persona afable, cariñosa y caritativa, así que todos sus pacientes y vecinos le estimaban mucho. Se esforzaba en no hacer daño a los pacientes y fue de los primeros en usar anestesias locales en una época en la que las extracciones se ofertaban con o sin dolor; además, su dedicación a la prótesis con su propio laboratorio le propició un sello especial muy valorado por sus colegas”, indica el doctor Ambrosio Bermejo Tudela.
En cuanto a la familia, el doctor Bermejo Martínez se casó en Mazarrón con Dolores Sandoval Hernández, de cuyo matrimonio nacieron ocho hijos. Los tres primeros fallecieron y quedaron cinco varones que, voluntariamente o no, también se vieron abocados a la Odontología. Sus nombres eran, por orden cronológico, Ambrosio, José, Doroteo, Antonio y Ángel. El doctor Bermejo Fenoll explica algunos pormenores de la segunda generación de dentistas: “Mi padre y mis tíos nacieron entre 1898 y 1909 y todos encontraron en la atención odontológica su forma de vida. En esos tiempos, se estudiaban tres años de Medicina, que ellos cursaron en Zaragoza, y dos de Odontología en Madrid. Personalmente, creo que era un sistema formativo muy bueno porque permitía aprender Medicina y desenvolverte bien en un entorno clínico y con los pacientes”. Los hermanos Bermejo Sandoval se llevaban pocos años entre ellos y bien podrían haber coincidido varios en la carrera, pero entre ellos se estableció un sistema por el cual no podían estar más de dos formándose a la vez como odontólogos. El doctor Bermejo Tudela lo detalla: “Mientras los hijos mayores del doctor Bermejo Martínez se marchaban a estudiar a Zaragoza y Madrid, los más jóvenes estaban trabajando en el laboratorio familiar para poder ganar un dinero y así costear la formación de sus hermanos. Eran un sistema solidario, pero a la vez había mucha presión, porque suspender implicaba retrasar el acceso universitario de un hermano que además te estaba pagando la carrera”.

La dispersión de los hermanos

A pesar de la buena fama de la clínica del doctor Bermejo Martínez y de contar con su propio laboratorio, los cinco hermanos no se pudieron quedar a trabajar en Cartagena en su totalidad. El doctor Ambrosio Bermejo Tudela describe cómo se produjo la dispersión de la familia: “Todos empezaron a ejercer con su padre y gracias a ello aprendieron mucho sobre prótesis y sobre el trato especial a los pacientes. De hecho, cuando llegaban a formarse a Madrid ya acumulaban una gran experiencia. Pero pronto se dieron cuenta de que en Cartagena no había sitio para todos. Descubrieron la plétora odontológica”.

El mayor de los cinco hijos dentistas, el doctor Ambrosio Bermejo Sandoval, se estableció en Murcia en una zona muy céntrica y concurrida y pronto su clínica alcanzó fama. “Mi abuelo tenía don de gentes, mano izquierda y mucha simpatía”, explica el doctor Más Bermejo. Este profesional tuvo dos hijos: Lola y Ambrosio Bermejo Caballero, la primera es la madre del doctor Carlos Más y el segundo fue el primer médico estomatólogo de la familia.

El segundo miembro de la segunda generación fue el doctor José Bermejo Sandoval, que se marchó a Orihuela (Alicante). Este doctor amplió sus estudios en el terreno de la infancia y se hizo odontólogo-puericultor, además también ejerció en la Seguridad Social. Tuvo dos hijos, pero ninguno dentista.

El tercero en acceder a la profesión fue el doctor Doroteo Bermejo Sandoval, quien eligió establecerse en Elche (Alicante) y, como su hermano José, también ganó una plaza en la Seguridad Social. Doroteo se casó con María Fenoll Fluxá, hermana y tía de médicos estomatólogos –su sobrino es el doctor Rogelio Fenoll Ferrández–. El matrimonio tuvo dos hijos: Ambrosio Bermejo Fenoll, médico estomatólogo que aún ejerce en el municipio ilicitano, y María Dolores, médica ginecóloga.

El cuarto hermano de la segunda generación fue el doctor Antonio Bermejo Sandoval, quizá el más distinto de los cuatro por su marcado interés cultural y su significancia política. “Con 20 años ya era odontólogo y con 24 terminó la carrera de Medicina sólo por el gusto de estudiarla”, expone el doctor Ambrosio Bermejo Tudela. El doctor Antonio Bermejo se quedó en Cartagena y allí cultivó un marcado carácter humanista, ya que le atraía la pintura, la literatura y la música clásica. En política, tenía ideas liberales, lo que provocó que tuviera un cierto protagonismo durante la Guerra Civil, además de algunos enfrentamientos posteriores con los defensores del franquismo. “Era soltero y no se callaba nunca cuando consideraba que estaba siendo objeto de un abuso”, expone el doctor Bermejo Fenoll, quien añade: “Era de armas tomar. Ganó por oposición la plaza de odontólogo de la Beneficencia Municipal del Ayuntamiento de Cartagena y la de odontólogo de la Seguridad Social, pero de esta última le acabaron echando porque tuvo un enfrentamiento con un inspector de este organismo por negarse a atender a pacientes a destajo”.

El benjamín de los hermanos de esta segunda generación fue el doctor Ángel Bermejo Sandoval. En su caso, como en el de Antonio, también se quedó en Cartagena, pero él en concreto lo hizo al lado de su padre durante muchos años e incluso dirigió el laboratorio de prótesis que tenía la familia. Tuvo tres hijos: los médicos estomatólogos Ambrosio y Juan Ángel Bermejo Tudela, y el también médico Antonio Bermejo Tudela, aunque este último se decantó por la neurocirugía.

Pese a que los cinco hermanos emprendieron su particular recorrido profesional, los vínculos familiares se mantuvieron. El doctor Ambrosio Bermejo Tudela asegura que “los cinco tenían clínicas similares y su trabajo era más o menos parecido. En su época se hacían muchas extracciones, pero también mucha prótesis removible o coronas de oro troqueladas. Para todo el trabajo de prótesis confiaban en el laboratorio de prótesis que fundó su padre y luego dirigió el mío. Todos habían trabajado en él y sabían que allí se hacían las cosas como ellos querían. Era un laboratorio grande, con varios técnicos contratados y suministraba todas las prótesis que reclamaban los miembros de la familia, así como para otros profesionales”.

Los cinco hermanos tuvieron una vida intensa pero corta, sólo José llegó a los 70 años. “No sabemos si sería por el estrés de atender a muchos pacientes o porque, como me ha dicho algún compañero, las horas de sillón bajo la lámpara acaban pasando factura, pero lo cierto es que todos murieron a una edad temprana”, expone el doctor Ambrosio Bermejo Fenoll. En este sentido, su hijo mayor, el doctor Ambrosio Bermejo Benito, añade que no es de extrañar que la profesión de dentista esté considerada como la tercera más estresante, “quizá antes era estresante por la gran cantidad de pacientes que había que atender, pero ahora probablemente lo sea por la incertidumbre que tiene nuestro futuro”.

Llegan los médicos a la familia

El hecho de que todos los hermanos de la segunda generación fallecieran pronto hizo que los dentistas de la tercera generación casi no pudieran trabajar con ellos. “En mi caso”, explica Ambrosio Bermejo Tudela, “sólo trabajé con mi padre durante unos meses, porque cuando yo estaba acabando la especialidad mi padre cayó enfermo y al poco tiempo tuvo que dejar el ejercicio. Recuerdo que durante mis primeros días en la clínica de mi padre yo me encontraba muy solo. Miraba la sala de espera llena de pacientes y me entraban sudores por la responsabilidad que asumía. Pero a la vez ver la cara de los pacientes era un poema; ellos venían esperando encontrar al doctor Ángel Bermejo y se encontraban con un chico de 25 años que no les daba ninguna confianza”. Su primo, el doctor Ambrosio Bermejo Fenoll, confirma que su llegada a las clínicas familiares no fue fácil porque no pudieron estar mucho tiempo con sus padres, pero a la vez su faceta de médicos les daba un extra de conocimiento: “Aunque al principio hacíamos casi los mismos trabajos que nuestros padres, bien es cierto que nuestra formación como médicos nos daba un respaldo científico importante. Gracias a ello pudimos aplicar técnicas cada vez más innovadoras, teníamos un mejor conocimiento de la anatomía humana e incluso podíamos relacionar enfermedades”.

Por orden cronológico, la tercera generación comenzó con el doctor Ambrosio Bermejo Caballero, hijo del doctor Ambrosio Bermejo Sandoval. Como apuntábamos, él fue el primer médico estomatólogo de la familia y se estableció con su padre en Murcia, aunque también ejerció en Molina de Segura. De sus seis hijos, ninguno se hizo odontólogo. Falleció muy joven, con 47 años, y entre los pacientes dejó una huella imborrable de simpatía y buen hacer profesional.

Por su parte, el doctor Ambrosio Bermejo Fenoll es el miembro de la tercera generación que más fama y reconocimiento ha cosechado. Hijo del doctor Doroteo Bermejo Sandoval, nació en Elche en 1945. Se formó como médico estomatólogo en Zaragoza y Madrid y después obtuvo el doctorado en Medicina y Cirugía en la Universidad de Valencia. Ganó varias oposiciones y en 1992 obtuvo el título de catedrático de Estomatología en la Universidad de Murcia. En total, estuvo trabajando como docente 30 años, diez como profesor de Anatomía en la Facultad de Medicina de la Universidad de Alicante (1975-1985) y 20 como profesor titular y luego catedrático en la Universidad de Murcia. En el extenso currículum de este doctor también destaca que fue vicedecano de Odontología en Murcia, firmante de más de 150 artículos científicos y autor o coautor de 21 libros de la especialidad. Tiene infinidad de premios y reconocimientos a su labor clínica e investigadora, entre ellos el premio Dentista del Año de España de 2008. “Toda mi vida he estado ligado al ámbito universitario porque me gustaba mucho la docencia, pero sobre todo porque mi gran afición ha sido investigar. Incluso ahora, cuando ya se cumplen diez años desde que dejé la docencia, sigo ligado a la Universidad de Alicante haciendo mis trabajos de investigación”, explica el doctor Bermejo Fenoll.

Este profesional realmente podría haber sido un gran médico internista, “porque era lo que me gustaba; de hecho, estuve varios años trabajando como tal. Pero al finalizar Estomatología decidí centrarme especialmente en la medicina bucal, porque era la medicina interna de la boca. Siempre he compaginado la docencia y la clínica privada como odontólogo general, ya que como docente a media jornada no se podía vivir y dedicándome sólo a la medicina bucal tampoco. Con esta mezcla de quehaceres he llegado a los 70 años”. Pese a todo su bagaje clínico e investigador, el doctor Bermejo Fenoll sigue al pie del cañón y se muestra animado: “Mi pasión por la investigación es ilimitada, es mi gran afición. Me interesa mucho el bruxismo, el virus del papiloma humano y ahora estoy haciendo un estudio que vincula la articulación temporomandibular con la capacidad de hablar de los humanos”.

No obstante, su actividad no se limita sólo a buscar y profundizar en diversas líneas de investigación, al doctor Bermejo Fenoll también le atrae mucho la divulgación de la salud bucodental. “Tengo más de 50 vídeos clínicos colgados en YouTube y colaboro con televisión y prensa. Soy ante todo un médico que cree en la integridad del organismo. Muchos problemas psicológicos y mentales se reflejan en la cavidad oral, por lo que aconsejo a mis pacientes que tengan cuidado con el estrés y que se conozcan a sí mismos; en este sentido, a muchos de ellos les recomiendo meditación e incluso ha empezado a colaborar en mi clínica una sobrina mía que es fisioterapeuta y hace terapia manual y drenajes linfáticos posquirúrgicos”.

La tercera generación se completa con los hermanos Bermejo Tudela, los hijos del doctor Ángel Bermejo Sandoval. Ambos son médicos estomatólogos con ejercicio en Cartagena. El doctor Ambrosio Bermejo Tudela sigue trabajando hoy en la clínica que posee en el centro de este municipio y de su trayectoria profesional también habría que destacar los 15 años que pasó como profesor colaborador de la Cátedra de Medicina Bucal de la Universidad de Murcia, al lado de su primo el doctor Bermejo Fenoll. Como él dice, “soy un médico humanista por encima de todo. Tengo la insignia de oro del Colegio de Dentistas de Murcia, he sido el responsable de varios congresos y reuniones profesionales, pero ante todo me gusta atender a mis pacientes”.

Su hermano, el doctor Juan Ángel Bermejo Tudela, compaginó en Cartagena su labor de ortodoncista con la de odontólogo general en su clínica privada, pero también ejerció en la Seguridad Social. Se retiró en 2012.

Entre la madurez y la juventud

Centrándonos en la cuarta generación, en primer lugar vamos a hablar del doctor Carlos Más Bermejo, que es una figura singular por varias razones. Quienes le conocen destacan de él su simpatía y su carácter afable, pero también suelen decir que es un profesional muy formado y actualizado al que le gusta compartir su odontología de vanguardia. Aunque pertenece a la cuarta generación, por edad está a medio camino entre los que ya están en la etapa final de su ejercicio y los que aún se pueden considerar jóvenes.

Este profesional tiene además la característica de no contar con padres dentistas, por lo que su vinculación con la profesión le viene directamente de su abuelo y su tío materno, el doctor Ambrosio Bermejo Caballero. Él explica su acceso a la profesión: “Cuando finalicé Medicina en Murcia quise dedicarme a la ginecología, e incluso estuve haciendo prácticas en este ámbito en el Sanatorio de Belén, en Murcia. Reconozco que no tenía un especial interés por la Estomatología, pero en mi época de estudiante había plétora de médicos, por lo que los de mi generación nos presentábamos a todos los exámenes de especialistas que había. Mi primer examen fue el de Estomatología y como lo aprobé no hice más. La mía fue la primera promoción de médicos estomatólogos de Murcia, de 1986”.

Los primeros pasos del doctor Más Bermejo como dentista se dieron en el municipio de Alguazas, cerca de Molina de Segura, “pero yo quería hacer una odontología de vanguardia y en un pueblo pequeño como aquel no había muchas posibilidades de mejora, así que en 1990 decidí trasladarme a Murcia”. También en su caso se mezcla la docencia con el ejercicio privado. “Estuve seis años con mi tío, el doctor Bermejo Fenoll, como profesor de periodoncia y medicina bucal en la Escuela de Estomatología de Murcia y diez como profesor de Integrada del Adulto en la Facultad de Odontología de Murcia. Luego me llamaron de la Universidad de Sevilla para formar parte del profesorado del Máster de Periodoncia e Implantes, donde ya llevo nueve años, y desde hace dos también colaboro con el Máster de Rehabilitación Oral de la Universidad de Almería y con uno de esta misma materia que desarrolla la Universidad Politécnica de Cataluña. Además de estos tres másteres, también participo en muchos congresos, seminarios o talleres, e incluso imparto varios tipos de formaciones sobre rehabilitación e implantología en mi clínica. Mi forma de llevar a cabo la docencia es muy variada, con diferentes perfiles de alumnos, pero eso para mi representa un aliciente. Dar clases me permite transmitir mis conocimientos y mantenerme completamente actualizado, porque yo soy profesor pero también alumno; de hecho, asisto a muchos ciclos formativos para estar siempre al día”. Entre las múltiples facetas del doctor Carlos Más Bermejo también está la investigación, “por ejemplo, en los últimos tiempos he llevado a cabo proyectos que se sirven de la tecnología 3D para relacionar la respiración bucal con diferentes problemas sistémicos”.

Adaptados a las circunstancias

La singularidad del doctor Carlos Más Bermejo sorprende, pero en esta cuarta generación encontramos otros ejemplos de ejercicio verdaderamente llamativos. El hijo mayor del doctor Ambrosio Bermejo Fenoll es el doctor Ambrosio Bermejo Benito, cuya madre, primera esposa del doctor Bermejo Fenoll, es la doctora Elena Benito, ortodoncista. “Teniendo a mis padres dentistas parecía claro que yo también me tendría que inclinar por este campo, pero en cambio me gustaba más la psicología y en ella me formé en Estados Unidos. Sin embargo, pronto me di cuenta de que era una profesión sin muchas posibilidades de futuro, así que me hice odontólogo”. Dentro del ámbito dental, el doctor Bermejo Benito encontró que la ortodoncia era su disciplina predilecta, “quizá fuera por ver a mi madre, que fue la primera mujer ortodoncista en Alicante”. Él ejerce en estos momentos junto a su progenitora, pero lo hace a media jornada porque el resto del tiempo lo dedica a su empresa de inversiones y finanzas. Él mismo explica esta particular combinación: “Mi padre y mis tíos vivieron una época de esplendor, pero llevamos diez años muy complicados económicamente hablando. Yo me di cuenta pronto de que a mis padres, como a otros muchos profesionales, la presión de los bancos y los seguros les estaba haciendo mucho daño, así que decidí estudiar finanzas para poder ganarme la vida de una manera distinta”. El doctor Bermejo Fenoll elogia la capacidad analítica de su hijo mayor: “Él hubiera podido centrarse sólo en la ortodoncia trabajando en su clínica y colaborando con otras, pero supo apreciar a tiempo las carencias de los odontólogos en el ámbito empresarial y se formó tanto en este terreno que al final ha montado su propia empresa de asesoría financiera; de hecho, en ella también trabaja otro hijo mío que se formó como arquitecto. La vida está llena de cambios y siempre hay que saber adaptarse a los nuevos tiempos”. También en este sentido se expresa el menor de los hijos del doctor Bermejo Fenoll, el doctor David Bermejo Jover: “En el pasado los dentistas no se formaban en técnicas empresariales, porque gracias a su gran volumen de pacientes no tenían esas necesidades, pero hoy tenemos que competir con grandes clínicas o empresas de seguros que utilizan todo tipo de estrategias para copar el mercado. Está claro que en una familia como la nuestra la gran motivación es el paciente, pero eso no quita que tengamos que analizar muy bien la balanza de costes y beneficios”.

El doctor Carlos Más Bermejo coincide plenamente con sus compañeros de generación. “Para todos los jóvenes es muy difícil ejercer hoy porque la amenaza del paro es real. No se entiende que en nuestro país tengamos en breve 40.000 dentistas. Es una situación absurda e incompresible bajo el punto de vista sanitario. Muchos jóvenes tendrán que emigrar o estarán abocados a trabajar para terceros en unas condiciones míseras. Pero que nadie se engañe, también para los que ahora tenemos nuestra propia clínica el futuro es incierto. Muchas familias están hipotecadas y los gastos corrientes mensuales hacen que la visita al dentista quede en un segundo plano. En mi caso, poseo una clínica con todos los avances técnicos, está en un lugar envidiable de Murcia y los profesionales que trabajamos en ella estamos perfectamente capacitados, pero aún así hay meses complicados. Cuando llega el día 30 de cada mes yo tiemblo porque, aunque haya sido un mes malo, en mi empresa todo el mundo cobra su salario”.

Con este panorama, las generaciones más jóvenes han adaptado su forma de ejercer a las posibilidades reales. El doctor David Bermejo Jover ejemplifica esta situación. Con apenas 33 años, él trabaja en la clínica de su padre, en Elche, dos días a la semana, pero también en otras clínicas alicantinas, e incluso en una gran cadena odontológica. “En mi caso, yo desde niño quería ser dentista, así que me licencié en Madrid y luego me he especializado en periodoncia e implantes a través del curso de experto y el máster de la Universidad de Sevilla. Mi práctica se centra en estas materias, pero para sobrevivir tengo que ir de una clínica a otra. Quizá mi futuro esté en la clínica de mi padre, pero lo cierto es que hoy por hoy es necesario que trabaje en varios centros. Mi ejercicio itinerante es duro porque hago 700 kilómetros a la semana, pero también me permite ver cómo trabajan otros profesionales. Incluso de la cadena de clínicas con la que colaboro puedo extraer algo positivo: por ejemplo, cómo tienen estructurados todos los departamentos. Por supuesto que no me gusta la mercantilización de la odontología, pero he de reconocer que también en estas grandes cadenas trabajan muchos compañeros y muchos de ellos, como es mi caso, hemos logrado ejercer anteponiendo nuestra ética a las presiones comerciales”.

El doctor Bermejo Fenoll, aún reconociendo las dificultades del presente, se mantiene optimista de cara al futuro. “Estamos viviendo un momento complejo, pero si analizamos lo que pasa en Estados Unidos, donde las cadenas de clínicas y franquicias se establecieron antes que aquí, lo que observamos es que se está regresando al modelo tradicional de clínica, porque el paciente quiere profesionales que le aporten confianza”.

La cuarta generación de dentistas de esta familia no se puede cerrar sin citar al doctor Iván Bermejo Montull, hijo del doctor Antonio Bermejo Tudela, neurocirujano, y sobrino de los doctores Ambrosio y Juan Ángel Bermejo Tudela. Él se licenció en Odontología en 2004 en la Universitat Internacional de Catalunya y posteriormente cursó varios posgrados de periodoncia y endodoncia. Actualmente ejerce como odontólogo general en su clínica de Albatarrec (Lleida), así como en otros centros de su zona. En su caso, la odontología también se vincula con la vida familiar, ya que está casado con la doctora Iveth Cruz Quispe, cirujana-dentista por la Universidad Cayetano Heredia, de Cuzco (Perú). Además, Iván tiene un hermano, Rubén, que si bien es abogado está casado con una odontóloga, también peruana, llamada Mónica Samanez.

Una mirada al futuro

Como avanzábamos al principio, la saga familiar la cierra, de momento, el doctor Carlos Más Gómez. Finalizó la licenciatura en 2014 y en la actualidad compagina el ejercicio en la clínica de su padre con el máster de Estética y Rehabilitación Oral que cursa en la Universidad Politécnica de Cataluña. “Después de mis miedos a los dentistas durante la infancia, a los 16 o 17 mi padre volvió a mostrarme la clínica y todo lo que se hacía en ella. No me presionaba para que yo me decantara por esta profesión, pero sí veía que yo podía tener futuro en ella. Decidí que podía probar un año y me matriculé en Madrid. Aunque el primer año se centra en las materias médicas, yo decidí continuar porque veía patologías que me interesaban. No obstante, el convencimiento de que estaba en el buen camino formativo llegó cuando empecé a hacer prácticas y descubrí que se me daba bien el trabajo manual y el trato al paciente”.

El doctor Bermejo Jover ahonda en la explicación del más joven de la familia. “Esta profesión tiene un componente de habilidad manual que es fundamental, mucha gente lo tiene innato y otros lo pueden aprender, pero nunca lo puedes pasar por alto. Un dentista combina habilidad manual, deseo de perfección, conocimiento clínico y atención al paciente”. Sobre este último aspecto insiste su hermano mayor, “bajo mi punto de vista, el trato al paciente puede significar el 50 por ciento del éxito o el fracaso de una clínica. Por ejemplo, el doctor Carlos Más Bermejo tiene una simpatía innata y eso hace que el paciente que llega a su clínica se sienta cómodo y en confianza”. El aludido reconoce que con una sonrisa siempre es más fácil abrir el camino de una relación médico-paciente, pero no todo es eso: “Los dentistas hacemos constantemente una labor de psicólogos, porque hemos de analizar en pocos segundos a qué tipo de paciente nos enfrentamos. Recomiendo siempre dar tiempo al paciente para que pueda hablar y nosotros escuchar. No entiendo cómo se pueden hacer diagnósticos en pocos minutos sin apenas dejar hablar al paciente””.

El doctor David Bermejo Jover sabe que en algunas clínicas pertenecientes a grandes cadenas el control del tiempo lleva a trabajar con premura. “Estoy plenamente de acuerdo con mi primo, pero no todas las clínicas de las grandes empresas son iguales. Todo el mundo sabe que hay centros en los que el diagnóstico se hace en cinco minutos cronometrados y, además, se ofrece gratuitamente. Es un sinsentido”.

Los diferentes modos de ejercicio han hecho que el panorama actual sea especialmente diverso. El doctor Bermejo Fenoll no oculta que estos diversos tipos de prácticas pueden confundir a los profesionales, “yo abogo claramente por el dentista de cabecera y por la clínica tradicional, es el modelo que se volverá a imponer, pero veo muy bien que mi hijo David esté conociendo también cómo se trabaja en otros centros. Todo conocimiento es enriquecedor”.

La responsabilidad familiar

Con 114 años de historia, la familia Bermejo se adapta a las vicisitudes del momento imponiendo su sello de ética y buen hacer. Según el doctor Ambrosio Bermejo Tudela, todo lo que se debe ofrecer al paciente es aquello que a uno mismo le gustaría recibir. “El doctor Bermejo Martínez les decía a sus cinco hijos: ésta es una profesión liberal. Vuestros honorarios serán los que a vosotros os parezcan bien, pero nunca engañéis al paciente poniéndole materiales de mala calidad, ni haciéndole tratamientos que no necesite su boca, ni ofreciéndoles lo más costoso cuando con algo más económico también solucionareis su problema. Respetarlo mucho que es, en definitiva, una persona enferma de la boca”.

Este mensaje se ha ido transmitiendo de generación en generación para que se anteponga la ética a cualquier movimiento del mercado. “Cuando se introduce a un hijo en la consulta hay que mostrar las técnicas, pero sobre todo el respeto al paciente”, confirma el doctor Bermejo Fenoll.

Sobre cómo incorporar a la nueva generación a la consulta hay muchos factores a tener en cuenta. El doctor Carlos Más Bermejo lo resume así: “En mi caso, como creo que también ha hecho mi tío con sus hijos, he optado por un proceso lento, en el que tienes que ir paso a paso. Por ejemplo, nosotros diferenciamos mucho a los pacientes habituales de los que no lo son. Si hay una visita de un paciente habitual siempre le atenderé yo, ya que el paciente me conoce y espera verme en la consulta; en cambio, si es un paciente nuevo lo ve primero mi hijo, porque él es el futuro de la clínica, y luego entro yo en el gabinete y juntos vemos el caso y explicamos el tratamiento”.

Por su parte, el doctor Bermejo Fenoll asegura actuar de manera parecida, aunque en su caso todos los pacientes de periodoncia e implantes pasan por las manos de su hijo David, “ya que él es el experto en esta materia. Los pacientes están encantados de ver que somos una familia y trabajamos juntos. Tanto es así que desde hace unos años siempre les muestro a los pacientes nuestro árbol genealógico, para que vean que somos dentistas desde hace 114 años y sepan que no deben tener ningún temor con nosotros. La clave es la confianza”.

Pese a todos estos esfuerzos, los miembros más jóvenes de esta saga, es decir, los doctores Carlos Más Gómez y los hermanos Ambrosio Bermejo Benito y David Bermejo Jover saben que el futuro está plagado de incertidumbres. “Nuestra confianza y nuestro trato son nuestra tarje

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