• "En el duatlón cuenta mucho la serenidad y el conocimiento de tu cuerpo"

Doctor Tomás Hernán Pérez de la Ossa

  • Odontólogo y atleta
  • 30 de Sep, 2016

Odontólogo y atleta

Usted destaca ahora por su participación en pruebas nacionales e internacionales de duatlón, pero sus inicios hay que buscarlos en el ciclismo. ¿Cómo fue su llegada al deporte?
Mis padres siempre vincularon ocio con deporte y desde muy joven tengo recuerdos practicando alguno. Efectivamente, donde empecé a despuntar fue en la bicicleta. De niño, todos los veranos los pasaba en Montejo de la Sierra –un pueblo madrileño limítrofe con Segovia– y allí siempre montaba en bicicleta. Se me daba bien y cuando se organizaban carreras los veranos ganaba algunas. Ya de adolescente se produjo en España el auge de la bicicleta de montaña y empecé también a correr en aquella disciplina. Me integré en un equipo y empecé a disputar carreras por todo el territorio nacional. Pero lo cierto es que, como eran los inicios del mountain bike, los entrenadores no sabían muy bien cómo afrontar las preparaciones y uno de ellos me recomendó que hiciera también ciclismo de carretera, así que estuve un tiempo corriendo en las dos modalidades.
Me defendía bien en la carretera y tuve la suerte de que con 17 años me fichara el mejor equipo de juveniles que había en aquel momento: Colchones Dormilón. Éramos juveniles, pero la estructura del equipo y de la competición era casi profesional: había un pequeño sueldo para los corredores, los premios tenían dotación económica y casi todos los fines de semana había competición. Yo destacaba por mi fuerza, porque había hecho también piragüismo y muchos otros deportes. En aquel equipo juvenil había compañeros que llegaron a profesionales e incluso hubo campeones de España.
Corrí en bicicleta de carretera hasta la categoría de amateur de primer año y ahí tuve un parón por la Universidad. Vi que no era capaz de compaginar el ciclismo de carretera a un nivel alto con los estudios de Odontología. Estuve parado dos o tres años con respecto a la bicicleta pero no con el deporte en general, porque me pasé al mundo del fitness y acabé trabajando en la Federación Española de Fitness en calidad de instructor, dando clases a monitores.

¿No le tentó dedicarse al ciclismo profesionalmente?
El ciclismo me encanta, pero en mi casa había un entorno más centrado en el ámbito sanitario, ya que mi padre es médico estomatólogo y anestesista y mi madre farmacéutica. Los tenía como referentes y quería dedicarme también al mundo de la salud. En aquellos años vivía entre dos mundos.
El ciclismo es el deporte más duro que he conocido, porque el esfuerzo físico es brutal: se pasan muchas horas encima de la bicicleta, estás expuesto al frío y al calor, tienes el riesgo de las caídas, etcétera. Quienes se dedican a la bicicleta de manera profesional tienen un gran espíritu de sacrificio e invierten muchas horas en entrenar.
En mi caso, de la bicicleta estuve alejado dos o tres años por los estudios, pero un año antes de terminar la carrera de Odontología volví a sentir las ganas de competir y regresé al ciclismo de pista y al de carretera con un equipo de Eduardo Chozas. Me apetecía entrenar y competir, pero pronto me di cuenta de que en la categoría de Élite sub-23 ya con 24 o 25 años no iba a poder tener mucha proyección, porque ya con esas edades se corren vueltas y yo, que ya había empezado a trabajar, no podía plantearme dejar la consulta durante una o dos semanas. Escogí la Odontología como profesión, de lo cual no me arrepiento en absoluto.

¿Y en ese momento apareció el triatlón y el duatlón?
Primero fue el triatlón. Hacia 2007, en España se empezó a dar difusión a este deporte que combina natación, carrera a pie y ciclismo. Algunos amigos lo probaron y me lo aconsejaron, porque vieron que mis condiciones físicas encajaban bien. Además de la bicicleta, también contaba con experiencia en el atletismo, porque lo había practicado en mi juventud. De este modo me introduje en el triatlón y al cabo de tres años acabé ganando un Campeonato de España.

¿Cómo se adapta el cuerpo para pasar del ciclismo al triatlón?
Durante las pretemporadas de mi época de ciclismo hacía algo de atletismo y de pequeño también había hecho natación, así que la base la tenía. Pero obviamente los inicios en el triatlón me resultaron muy duros, porque con la bicicleta me defendía muy bien, pero en la carrera a pie y en la prueba de natación sufría. Sin embargo, fui constante en mis entrenamientos y al cabo de dos o tres años mi musculatura y mi peso se adaptaron.
En 2010 participé en el Campeonato de España de Triatlón de Larga Distancia, en Ibiza, y quedé campeón en Grupos de Edad y decimotercero en la categoría Élite, lo cual es muy destacable para una persona que compagina el deporte con su trabajo. Esta prueba consistía en cuatro kilómetros de natación, 120 de bicicleta y 30 kilómetros de carrera a pie. Obviamente, antes había hecho otras carreras de larga distancia, como el Ironman de Zurich y algunos otros triatlones en España.
Después de aquel buen resultado en el Campeonato de España de Triatlón, al año siguiente fui a Lanzarote para intentar clasificarme para el Ironman de Hawai, pero no me salió bien la prueba. En 2012 corrí el Campeonato del Mundo de Triatlón de Larga Distancia, en Vitoria, y quedé séptimo en Grupos de Edad, y al año siguiente, preparando otro campeonato del mundo, tuve una caída en bicicleta y me quemé los dos brazos. Para no echar por tierra toda la preparación, reorganicé mi calendario de pruebas y decidí preparar el Campeonato del Mundo de Duatlón, porque la carrera a pie y la prueba de bicicleta sí podía hacerlas.

¿Y en duatlón se produjeron su mejores resultados?
Llegué al Campeonato del Mundo de Duatlón de 2013 con toda mi preparación de triatlón y quedé tercero. El resultado fue tan bueno que a partir de ese momento decidí centrarme en las dos especialidades: carrera a pie y ciclismo. De hecho, desde 2013 mi vida deportiva es el duatlón y algunas pruebas de atletismo, sobre todo medios maratones o maratones.
No me costó mucho dejar la natación de alta competición porque para nuestra profesión de dentista no es muy aconsejable, ya que el manguito rotador del hombro sufre mucho. Si nadas 15 kilómetros a la semana acabas con los hombros muy dañados y eso no es compatible con 12 horas de trabajo en el sillón de la consulta.
Durante 2014, 2015 y 2016 he seguido haciendo carreras de atletismo, pero mi objetivo principal de la temporada es el Campeonato del Mundo de Duatlón de Larga Distancia, que siempre se celebra en Suiza a primeros de septiembre. En 2014 no pude terminarlo y en 2015 me clasifiqué cuarto en mi grupo de edad (de 35 a 39 años), un resultado que he repetido este año. Lo más importante para mí es que sigo estando entre los 25 mejores del mundo. Además, he sido el mejor español clasificado en ediciones previas.
La prueba del Campeonato del Mundo de Duatlón de Larga Distancia consiste en diez kilómetros de carrera a pie, 150 kilómetros de bicicleta y otros 30 kilómetros de carrera. Son unas siete horas de competición y, además, con mucho desnivel. La clave del tercer puesto en mi primera participación fue sin duda la cautela. Me habían avisado tanto de la dureza de la prueba que me fui reservando desde el principio, por eso los últimos 30 kilómetros de carrera los pude hacer muy bien. Sin embargo, en 2014 decidí jugármela a ganar el campeonato y en la segunda parte de la carrera a pie me tuve que retirar agotado.

¿Es menos conocido el duatlón que el triatlón?
En España sí, pero en el resto de Europa no. De hecho, en otros países el duatlón es una disciplina específica y quien hace duatlón no disputa también triatlones. Es un deporte dominado, sobre todo, por franceses, belgas y suizos. Además de la exigencia física, en el duatlón cuenta mucho la serenidad y el conocimiento de tu cuerpo. Aunque cada vez hay más gente joven que despunta, habitualmente los mejores deportistas están entre los 35 y los 38 años, porque ya no tienes la impulsividad de los 20 años y aprendes a reservar fuerzas.

¿Y este año ha vuelto a intentarlo?
Sí, por supuesto. Como siempre, he tenido una preparación específica para llegar muy bien a esta prueba y haber hecho un cuarto puesto así lo demuestra. Por ejemplo, hice el medio maratón de Madrid, o el de Ibiza, donde quedé décimo. Todo va enfocado al Campeonato del Mundo. Entre los duatlones y las competiciones de atletismo hago unas diez o doce pruebas al año. No puedo compararme con un atleta de élite, aunque hay ocasiones en las que el resultado es muy bueno. Mi objetivo es alcanzar el estado de forma óptimo en las fechas del mundial.
Mi gran cita es la de Suiza y hasta ahora la participación la tengo asegurada en el mundial, porque las plazas se conceden por selecciones y he sido el mejor español clasificado en ediciones previas.

¿Cuenta con un equipo de preparadores o con entrenador?
En mi época de ciclismo tuve un entrenador muy bueno que más que entrenarme me enseñó a entrenar. Me dio las pautas para que, hiciera el deporte que hiciera, supiera entrenar por mí mismo. Tanto el atletismo como la natación son deportes muy similares en cuanto a entrenamientos: hay que hacer muchas fases de rodaje y luego series para obtener calidad. También he tenido ayudas de gente que en un momento concreto me ha dado unas indicaciones, pero lo cierto es que desde que dejé el ciclismo mis entrenamientos me los planifico yo. Asimismo, mis conocimientos médicos me ayudan mucho para saber cómo recuperar el cuerpo, cuándo descansar y cómo regular la alimentación. Actualmente, me he desvinculado de todo tipo de clubes y ahora tengo la licencia independiente.

¿Cómo son sus entrenamientos?
Si quieres competir a un buen nivel, el entrenamiento debe formar parte de tu rutina diaria. Yo lo hago seis días a la semana y dejo un día de descanso, aunque eso también forma parte del entrenamiento. En el periodo de más intensidad, sobre todo a finales de primavera y en verano, puedo hacer entre diez y doce sesiones de entrenamientos semanales, es decir, tanto por la mañana como por la tarde. Sin embargo, cuando baja la exigencia realizo cinco o seis sesiones a la semana.
Durante mis veranos el entrenamiento es constante y voy variando de una disciplina a otra. Por ejemplo, puedo empezar el lunes con una hora de carrera a pie, el martes descanso, el miércoles realizo tres horas de bicicleta y una hora y media de carrera a pie, el jueves subo a dos horas de carrera, el viernes voy a la pista de atletismo para hacer series y luego entreno en bicicleta, el sábado practico dos horas de bicicleta y corro 40 minutos y termino la semana el domingo con cinco horas de bicicleta y luego una hora de carrera a pie.
En este deporte es inviable pretender preparar una prueba como el Campeonato del Mundo en uno o dos meses, aunque ciertamente la exigencia se hace mucho mayor justo en los meses previos. De hecho, en estas fechas suelo irme a un centro de concentración. El año pasado estuve concentrado con ciclistas como Joaquín Rodríguez y Carlos Verona, en Andorra, y este año el verano lo he pasado en el centro de alto rendimiento de Navacerrada. Durante los veranos mi vida se asemeja mucho a la de un deportista profesional.

¿Cómo llevan los profesionales que un dentista entrene con ellos?
Perfectamente, aunque en mi caso la relación de amistad y compañerismo viene de muchos años atrás. Soy un deportista más que se suma al grupo de entrenamiento en verano. Curiosamente, lo que sorprende a mis compañeros de la bicicleta es que una persona como yo, con un trabajo estable, lleve la práctica del deporte a tal extremo que sacrifique mi tiempo libre para alcanzar un estado óptimo y poder competir con los mejores.

¿Cuál sería el objetivo a corto-medio plazo?
La meta es mantenerme en el top 20 mundial de los duatletas. La guinda es el pódium o la medalla, pero cuando más disfruto es durante la preparación: la forma de vida para llegar a un objetivo. Ganar un campeonato del mundo desde luego sería estupendo, pero no me obsesiona. En 2015 fui toda la carrera segundo y pensé que podía ser primero, pero en una carrera de siete horas hay tantos factores que pueden influir en el resultado que nunca puedes decir que tienes una posición asegurada.
Además, soy un deportista cauteloso y cuando veo una situación de peligro automáticamente pienso en la consulta, porque sé que asumir un riesgo puede significar una caída y estar un tiempo sin poder trabajar.

¿Hay preparación mental para ganar o para perder?
Por supuesto. Cuando arriesgas, te expones a éxitos y fracasos, pero el fracaso sólo es una manera de enseñarte que el éxito cuesta trabajo. La mentalidad es clave. Mi trabajo de dentista me ha dado muchas tablas de cara a la competición, porque cuando estás con un paciente tu mente debe trabajar de forma pausada pero, a la vez, debes estar preparado para los imprevistos que puedan surgir.

¿Cómo cubre la parte económica que conllevan estas pruebas?
Prácticamente el 95 por ciento de los gastos corre de mi cuenta. Tengo que decir que desde 2013 cuento con el patrocinio de Dentsply Sirona, que se interesó por mi práctica deportiva a raíz de la medalla de bronce que conseguí ese año en el Campeonato del Mundo de Duatlón. Para mí es una gran satisfacción que una empresa del sector dental se haya mostrado dispuesta a ayudarme. Tengo muy buena relación con esta firma y creo que para ella es un buen escaparate; de hecho, en mi círculo deportivo muchas personas me preguntan por qué me patrocina esta empresa y a qué se dedica. Puntualmente, también tengo algunos apoyos de marcas de bicicletas o fabricantes de ropa deportiva.
Toda ayuda es bienvenida y lo agradezco profundamente, porque los gastos de preparación de un Campeonato del Mundo son considerables. Además, la Federación Española de Triatlón, donde se integra el duatlón, hoy por hoy no me cubre nada.
En cualquier caso, me considero un afortunado ya que tengo un trabajo que me permite hacer este esfuerzo económico. Hay muchos atletas, algunos de ellos olímpicos, que recurren incluso al crownfunding para poder costearse las competiciones. Conozco bien el mundo del ciclismo y ahí veo a muchos ciclistas profesionales que se pagan ellos mismos las carreras buscando patrocinadores o pidiendo ayudas a sus familiares y amigos.

¿Cuál es su expectativa a largo plazo?
Quiero seguir compitiendo a un nivel alto hasta los 40 años más o menos, es decir, me quedan unos cinco años buenos. El propio deporte te avisa de que ya tienes una edad y no puedes estar en el primer escalón. Sin embargo, hay muchas maneras de seguir ligado al deporte. Ahora mismo desarrollo una tarea de mentor con chicos jóvenes que compiten en ciclismo o atletismo. Ellos se fijan en mí por mi forma de entender el deporte y por haber podido compaginarlo con los estudios. Estos jóvenes entrenan conmigo y yo les apoyo en lo que puedo. Hago mucho hincapié en que se formen y estudien, porque después del deporte llega otra etapa en la vida.
Debido a mis años en el ciclismo, he podido comprobar cómo muchos compañeros se han visto sin futuro cuando han dejado la bicicleta. El ciclismo, como otros deportes, es un círculo muy endogámico, pero a la vez vives con mucha incertidumbre. He visto casos de corredores que han pasado de hacer un octavo puesto en una Vuelta a España y al año siguiente no tener equipo.
Mi idea actual con respecto a mi futuro pasa por seguir ayudando a los deportistas como mentor o incluso crear algún equipo de atletismo o ciclismo. Quiero devolver al deporte todo lo que me ha dado en cuanto a valores, estilo de vida, contacto con personas de diversas procedencias, viajes, etcétera.

¿Saben sus pacientes su dedicación al deporte?
Hay de todo. Un gran porcentaje de mis pacientes son deportistas y por supuesto ellos lo saben, pero también otros lo acaban descubriendo porque cuando buscan mi nombre en Internet aparecen fotografías mías corriendo o sobre una bicicleta. También tengo pacientes con los que he coincidido entrenando algunos días. Pero si el paciente no sabe nada o no me saca el tema, yo no se lo digo si no hay un motivo concreto.
Lo que sí me pasa mucho es la situación contraria. Cuando comento a mis compañeros del deporte que soy dentista, lo normal es que se sorprendan. Muchos de ellos me conocieron cuando corría en bicicleta y ahora comprueban que trabajo en un hospital y una clínica. Tengo bastantes compañeros deportistas que vienen a mi consulta, porque saben cómo soy y que siempre voy a plantearles el tratamiento más beneficioso para ellos.

¿Se cultiva la camaradería y las buenas relaciones en el deporte?
Quizá ahora menos que antes. En mi juventud la camaradería era fundamental. En mi caso, me eduqué en unos valores deportivos que intento conservar. Por ejemplo, si estoy entrenando y veo que alguien ha pinchado le ofrezco ayuda o si encuentro a un corredor que anda desfallecido le facilito algo de comida. Son actitudes que considero normales pero que cada vez se ven menos. En el deporte ha ocurrido un proceso similar al de la Odontología: antes éramos pocos los que salíamos a entrenar y muchos nos conocíamos, pero ahora hay mucha más gente a la que le gusta el deporte, lo que está muy bien, pero a la vez se piensa más en lo individual y no tanto en lo colectivo.

¿Qué le ha enseñado el deporte que le haya valido para la consulta?
Sobre todo mucha calma. Aprendes a priorizar y a diferenciar lo importante de lo superfluo. Una avería mecánica no es algo relevante si lo comparas con un accidente o una enfermedad. Además, este deporte te enseña a contemplar la jornada laboral en su integridad, no sólo las primeras horas. También me da un estado de forma muy bueno para aguantar bien las 12 horas de trabajo más el entrenamiento.

¿Por qué se hizo dentista?
Por mi padre. Durante muchos años él fue jefe del Servicio de Estomatología del Hospital Universitario Gregorio Marañón y tanto él como mi actual jefa, la doctora María Teresa Vázquez Piñeiro, me inculcaron el amor por la Odontología. Tengo una profesión maravillosa de la que nunca me canso, porque no es monótona y siempre hay cosas que aprender. Estudié la carrera y luego hice el Máster de Cirugía Bucal en la Universidad Complutense de Madrid, con el doctor Manuel Donado, y el de Medicina Oral, con el doctor Gonzalo Hernández Vallejo. Siempre he estado estudiando; de hecho, en 2015 obtuve mi doctorado.
En el hospital, donde ya llevo diez años, sobre todo atiendo a pacientes discapacitados, médicamente comprometidos o con pluripatología. Por otra parte, en mi consulta los tratamientos son de odontología general y cirugía e implantes.
Tener estos dos registros tan diferentes hace que los vea como dos trabajos totalmente separados. Mi padre siempre me aconsejó que tuviera una ocupación extra más allá de la clínica, porque ésta resulta muy estresante. Accedí al hospital cuando mi padre ya no estaba en él, pero estoy muy feliz de haber seguido su camino y poder trabajar allí donde él estuvo tanto tiempo.

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