• Presidente del Colegio de Odontólogos y Estomatólogos de la Primera Región (COEM)

Doctor Antonio Montero

  • 02 de Feb, 2017

¿Qué balance hace de su primer año al frente del COEM?
Ha sido un primer año un poco especial porque a los dos o tres días de asumir el cargo estalló el escándalo de las clínicas Funnydent y poco después el de Vitaldent. Fue un aterrizaje imprevisto porque inmediatamente me tuve que dedicar a estos asuntos que generaban una importante alarma social.
En cualquier caso, el balance que hago del primer año es muy positivo, porque gracias en parte a aquellos escándalos hemos conseguido que la Administración tome en consideración varias de las peticiones que llevábamos años haciendo desde el COEM y desde otros estamentos profesionales de dentistas. La Administración ha entendido que nuestras reivindicaciones de una mejor regulación de la publicidad o la relacionada con la propiedad de las clínicas no son una defensa del corporativismo para favorecer al dentista de consulta privada.
Por otra parte, en este año también he podido constatar un hecho del que me avisaron pero que aun así es muy duro para quienes estamos implicados en esta Junta de Gobierno: la desidia de los colegiados. Ofrecemos multitud de servicios, sesiones formativas de todo tipo, se convocan reuniones para colectivos concretos, pero todo ese esfuerzo tiene una repercusión muy baja en la colegiación. Es difícil asumir esta desidia; de hecho, en un principio piensas que el colegiado no llega a enterarse de lo que le ofrece su colegio y pones en marcha todo tipo de canales –revista, redes sociales, página web, etcétera–, pero lo que realmente constatas es que hay una gran falta de interés.


En este año hemos visto iniciativas de todo tipo, pero las destinadas a los jóvenes han sido especialmente numerosas. ¿Cuál ha sido el resultado?

El colegio es para todos, pero si hay un colectivo especialmente notorio es el de los jóvenes. La media de edad de la colegiación está bajando cada vez más y contamos con un porcentaje importante con menos de 35 años. Es muy interesante que esos profesionales se acerquen al colegio y planteen sus preguntas, pero también sus sugerencias. Siempre hemos dicho que cualquier persona que quiera implicarse en una comisión será bienvenida.
No obstante, también en este colectivo de los jóvenes nos encontramos con la desidia. Entiendo que muchos de ellos estén defraudados con la profesión porque no encuentran el trabajo que desean y esto les lleva a no identificarse con el colegio, pero deben entender que nosotros no legislamos. El entorno es difícil para ellos, pero el colegio quiere estar a su lado para facilitarles el ejercicio o para formarles lo mejor posible.

Comentaba que la Administración ya empieza a escuchar a los dentistas para analizar sus propuestas. ¿Podemos ser optimistas en cuanto a la introducción de cambios normativos?
Nunca suelo ser optimista cuando se habla de la Administración, pero en este caso sí lo soy, y cada vez más. Llevamos años reivindicando cambios, pero lo cierto es que la Administración se muestra ahora más sensible porque los pacientes están denunciando en la prensa los abusos de algunos centros marquistas y exponiendo sus quejas por un tratamiento dental inadecuado.
Es verdad que todo va más lento de lo deseable, pero ya hemos conseguido que la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid cree una mesa de trabajo con miembros de nuestra Junta de Gobierno y directores generales de la Consejería. Se están planteando los temas de la publicidad engañosa, la situación del CAD-CAM para clínicas, la normativa para la sedación consciente, los bancos de órganos, etcétera.

¿Qué medida requiere una aprobación urgente?
Por un lado, la regulación de la publicidad sanitaria. Nosotros pensamos que la mejor manera de evitar abusos es que se prohíba la publicidad de tratamientos y que se haga como en Francia, donde sí te puedes anunciar como un profesional que haces una determinada actividad, pero no puedes lanzar promociones u ofertas. Sólo en los medios profesionales sería lícito una publicidad que vaya más allá de la mera descripción del profesional.
La segunda medida urgente es hacer cumplir la Ley de Sociedades Profesionales Limitadas. Cuando se trabaja en un ámbito en el que se requiere colegiación, la Ley indica que como mínimo el 51 por ciento de la propiedad de la clínica ha de pertenecer a un colegiado, pero se han introducido sociedades de intermediación y eso hace que muchos empresarios ajenos a la Odontología hayan conseguido ser los propietarios de las clínicas. La Administración tiene que comprobar que el propietario es un profesional colegiado cuando otorga las autorizaciones de apertura de una clínica.
Desde el COEM se ha dejado claro que no sólo los afectados de los abusos son los pacientes sino también los profesionales.
El odontólogo es en muchas ocasiones un afectado más. La plétora profesional ha hecho que sobren dentistas en España y éstos tienen que buscar trabajo en sitios donde no cuentan con un contrato adecuado o ejercen con unas condiciones laborales abusivas. Contra esa situación hay que luchar y hacérselo ver a la Administración.
Ahora bien, también sucede que a veces los profesionales se ven forzados a realizar tratamientos para los que ellos saben que no tienen la suficiente formación y destreza. En esos casos no podemos defender al profesional. El colegio cuenta con un código deontológico y si un profesional hace algo que vaya en contra de él por supuesto que lo perseguimos y abrimos un expediente. Aquí no valen excusas: no aceptamos que nos digan que si no hago un tratamiento me echan del trabajo, porque la defensa de la profesión también es la defensa del paciente.
No obstante, la raíz del problema es la plétora y haber permitido que la Odontología se entienda como un negocio. El Consejo General está haciendo un estudio sobre el incremento de las quejas que los pacientes están poniendo en sus respectivos colegios desde el año 2013. Lo que vemos es que, efectivamente, se está registrando un aumento del 14 por ciento. Si se analiza la diferencia entre clínicas tradicionales y los centros marquistas, lo que obtenemos es que por cada queja que se interpone por una clínica tradicional hay 27 quejas a una clínica marquista. La mayor parte de estas reclamaciones se relacionan con temas económicos derivados de tratamientos de implantes.


¿Qué iniciativas serán las protagonistas en los siguientes tres años de su mandato?
Tenemos muchos servicios a punto de lanzar, tales como una app para móviles que va a facilitar mucho los trámites burocráticos; con ella se podrán hacer gestiones como solicitar un certificado, pero también podremos estar al día de los cursos que se organizan e inscribirnos en ellos.
Por otra parte, estamos en negociaciones con DentalZon para la creación de un plataforma digital que permita buscar en Internet el precio más ventajoso de los productos odontológicos. Funcionará con todos los depósitos que se quiera adherir, primero serán europeos y más adelante también de Estados Unidos.
En todo caso, los planes estrella se centrarán en los logros relacionados con la Administración en cuanto a publicidad sanitaria, la propiedad de las clínicas y las competencias profesionales –hoy estamos viendo un gran problema con los equipos CAD-CAM para clínica, porque la Administración está precintándolos dado que entiende que son de uso en laboratorio–. Por otra parte, también seguimos negociando el PADI de Madrid. Las conversaciones con la Comunidad de Madrid estaban muy avanzadas a finales del pasado año, pero justo en la última fase de las mismas el Partido Socialista consiguió que se aprobara una Proposición de Ley en relación con la Atención Bucodental Infantil, así que estamos a la espera de ver qué pasa.
No podemos desvelar aún en qué términos se aprobará el PADI, pero sí tenemos claro que este convenio se firmará entre la Comunidad de Madrid y el COEM y que cualquier colegiado que lo desee podrá sumarse a él.

Llevamos mucho tiempo escuchando hablar de la elaboración de un convenio laboral específico para las clínicas dentales de la Comunidad de Madrid. ¿Cómo está este tema?
Es un tema complicado y en principio es un asunto ajeno al colegio porque es de ámbito laboral. No obstante, hemos apoyado a la Apdent (Asociación Profesional de Dentistas) en su objetivo de conseguir que se apruebe un convenio laboral específico para clínicas dentales. La Administración nos quiere englobar en un nuevo convenio laboral para los centros sanitarios privados, pero, obviamente, nosotros no tenemos las mismas condiciones que un hospital privado.


¿El aspecto laboral es la gran preocupación de los dentistas?
Más concretamente, la preocupación es encontrar trabajo. España es la fábrica de dentistas de Europa y esto nos afecta a nosotros, pero también a países como Italia, Francia o Inglaterra. La Unión Europea ya nos ha advertido en diferentes ocasiones de la necesidad de poner un límite. Si hoy visitamos una universidad privada podremos constatar que muchos de los estudiantes son extranjeros que en su país tienen numerus clausus. Es un disparate para el país formar profesionales que luego no van a poder ejercer o lo van a tener que hacer en otros países.
En el ámbito del numerus clausus la Administración está mirando para otro lado y no acepta regular nuestra capacidad formativa. Cerca del 20 o el 30 por ciento de los jóvenes españoles que terminan hoy Odontología en nuestro país acaba emigrando, lo que es una auténtica barbaridad.

Si algún joven pregunta en el colegio si ser dentista es una profesión interesante, ¿qué respuesta obtendría?
Hoy por hoy, me inclino más por aconsejar que ningún estudiante haga Odontología, salvo que tuviera una vocación muy grande. Si piensas que estudiando Odontología vas a tener una vida cómoda, con un trabajo estable y bien remunerado, lo mejor es que te dediques a otra cosa. Ahora bien, si tu vocación real es estudiar Odontología porque lo has conocido y te encanta o lo has visto en tu familia y crees que no puedes ser otra cosa, entonces sí lo recomendaría. Para profesionales muy bien formados sí hay trabajo, pero eso exige muchas horas de estudio y dedicación que sin esa gran vocación no lo vas a hacer.

El COEM creó hace unos años la Guía del DIP para ayudar a muchos profesionales a emigrar. ¿Se sigue utilizando?
Fue una ayuda para muchos jóvenes y ahora se está ampliando de cara a publicar una tercera parte en la que se informe de las condiciones laborales de otros países que no estaban contemplados anteriormente.
El DIP supone una ayuda, pero también representa el reconocimiento de un fracaso. España ha fracasado en el sentido de que no ha podido satisfacer las demandas laborales de sus jóvenes.

Su Junta de Gobierno tomó posesión pocos días después de que se inaugurase la nueva sede. ¿Está siendo rentable la inversión realizada en ella?
He de reconocer que cuando asumí la presidencia el tema económico me preocupaba, porque habíamos asumido el reto de rentabilizar la nueva sede. La anterior Junta de Gobierno propuso el cambio a la nueva sede mediante un alquiler con derecho a compra, pero la Asamblea votó por la compra porque el precio era atractivo.
Hoy podemos decir que, gracias a que todo se hizo muy bien, la situación es francamente positiva. Contamos con un edificio grande pero proporcionado a los 8.600 colegiados de la Primera Región y está siendo muy bien aprovechado. Desde un principio se planteó como la casa de los odontólogos y estamos alquilando el auditorio o las salas a todas las empresas del sector y sociedades científicas. Tiene infinitas posibilidades para cursos de formación o reuniones, cuenta con cuatro sillones (que pueden llegar a ser hasta ocho) con todos los permisos para atender pacientes y los precios son muy competitivos. Ciertamente, todos aquellos que han alquilado un espacio en la nueva sede repiten. Sólo con el alquiler de las salas se está pagando una parte importante de la hipoteca.
Por otra parte, la antigua sede sigue siendo propiedad del COEM y está alquilada. Toda esta inversión y este cambio se ha hecho sin aumentar la cuota. Sigue exactamente igual: 29,05 euros mensuales, de los cuales siete son para el Consejo. La cuota se mantendrá así durante todo el mandato porque la actual Junta de Gobierno destaca por ser tremendamente austera. No hacemos ningún gasto que esté completamente justificado y sea en beneficio de la colegiación.

¿Hay novedades en cuanto a la segregación de alguna de las Juntas Provinciales que conforman la Primera Región?
Hoy por hoy, la segregación está parada por temas administrativos. La Junta Provincial de Toledo se quiere segregar, pero para ello se deben solucionar problemas administrativos relacionados con la Consejerías de Sanidad de Castilla-La Mancha y la Comunidad de Madrid. Además, cualquier segregación es imposible mientras no se aprueben los nuevos estatutos del COEM, que siguen a la espera en el Ministerio de Sanidad.
Nuestra posición es que si una junta provincial nos pide la segregación nosotros atenderemos su demanda, porque estamos de acuerdo en ir por ese camino. No es razonable que hoy un organismo como el nuestro integre dos comunidades autónomas, porque hasta las normativas sanitarias son diferentes.
En cualquier caso, ahora mismo la relación de la Junta de Gobierno con las Juntas Provinciales es muy buena; de hecho, nos hemos abierto a colaborar en lo que deseen.

¿Cómo tiene que evolucionar la formación continuada que imparte el colegio?
Es un tema importante porque Europa obliga a que determinadas profesiones, sobre todo las sanitarias, acrediten anualmente una formación continuada. La normativa europea nos obliga a ello, pero no lo estamos cumpliendo; de hecho, me consta que al Consejo se han dirigido organismos europeos para preguntar por qué no se cumple. En mi opinión, la formación continuada será obligatoria este año o en 2018. El COEM ya ha estado trabajando con este escenario y ahora todos los cursos que se imparten están acreditados, incluso las conferencias de los jueves y el congreso bienal –dos créditos–.
El objetivo principal del COEM no es la formación sino la defensa de la profesión y de los pacientes, pero en ese marco de dar la mejor atención posible incluimos la formación porque nos parece imprescindible. De los 3,5 millones de euros del presupuesto del COEM, cerca de un 15 por ciento se destina a formación.

Este mes se celebra la tercera edición del Congreso Bienal. ¿Qué respuesta espera?
Es muy probable que nos situemos en torno a los 2.000 asistentes; de hecho el curso precongreso que desarrollamos el día 9 de este mes en el COEM se ha organizado porque no queríamos dejar a nadie fuera.
Después de tres ediciones, creemos que el formato se ha consolidado. A los cines Kinépolis traemos a siete ponentes extranjeros que imparten dos conferencias cada uno: una especializada y otra multidisciplinar, dado que queremos que el congreso esté abierto a todos. El enfoque es claramente multidisciplinar porque es evidente que un endodoncista, por ejemplo, también tiene que conocer las novedades que hay en ortodoncia o en cirugía. Además, como novedad este año contaremos con una amplia oferta de talleres. Asimismo, el programa de eventos paralelos será espectacular, participando en él desde dentistas españoles de gran reconocimiento hasta personas que son referentes en gestión, marketing o coaching. Lo clausurará Elsa Punset.

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